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Abuso sexual infantil: corrupción y revictimización en la búsqueda de justicia

La silla rota   /   
 Martes, Noviembre 19, 2019

   

Tres años de desgaste emocional y 20 horas de entrevistas para dar su versión de hechos que no quiere recordar, eso es lo que ha vivido el hijo de Mariana Tovar, quien fue víctima de abuso sexual en la escuela donde asistía y después revictimizado por las autoridades.

El 19 de noviembre es el Día Nacional Contra el Abuso Sexual infantil y nuestro país ocupa el primer lugar de este delito de acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

La organización Guardianes alerta en su nuevo informe "Violencia en la Primera Infancia" que seis de cada 10 padres no saben cómo identificar si sus hijos son víctimas de abuso sexual y no creen que cualquier niño o niña sea susceptible de vivir una situación de este tipo.

Estos datos son preocupantes, al tomar en cuenta que en la mayoría de las ocasiones el agresor es alguien cercano al entorno donde se desarrollan los menores.

Ése fue el caso del hijo de Mariana. En 2016, el Colegio Montessori Matatena salió en muchos medios de comunicación debido a que padres de familia denunciaron que Rafael Duarte Pereda abusó sexualmente de alumnos de esta escuela que era propiedad de su esposa.

En ese entonces el hijo de Mariana tenía cuatro años y a su corta edad tuvo que vivir no sólo la violencia que le causó su agresor, sino también los tortuosos procesos de justicia.

 "Es un proceso de revictimización, el proceso legal creo que tiene mayor afectación como familia que el propio proceso que estás viviendo con tu hijo. Eres amenazado e intimidado por la instancia que tendría que protegerte", dice con coraje Mariana.

Los momentos más complejos del proceso fueron para el menor, que ahora tiene ocho años. Ella relata que su hijo vivió más de 20 horas que fueron crueles, porque lo hacían testificar una y otra vez.

 "Si a una persona adulta le cuesta trabajo hablar una cosa de estas, imagínate lo que es para un niño pasar por más de 20 horas de entrevista. Fue un doble abuso, fue sexual y psicológico. Además, cada vez que pasaba por eso había un retroceso en su recuperación", indica.

Mariana explica que han pasado tres años y apenas hace un mes sentenciaron al agresor, quien recibió una condena de 17 años, pero para que le aplicaran este castigo tuvieron que apelar, ya que inicialmente sólo pasaría tres años en prisión.

"Son tres años de juicio que fue un desgaste emocionalmente para todos, obviamente porque fue mediático hubo sentencia, normalmente, el 90% se va a archivo. Es algo todavía más frustrante para las familias porque tienen la amenaza afuera", destaca esta mamá que ha luchado por justicia. "En mi caso  fuimos afortunados porque sabemos que no nos lo vamos a encontrar en la calle", dice satisfecha, pero el caso no ha sido sencillo. Actualmente su hijo está bien emocionalmente, tras dos años de acudir a terapia y de haber sufrido daños colaterales en su salud.

Narra que el menor tuvo que ir cada seis meses a que le realizaran pruebas de detección de VIH para descartar que se hubiera contagiado de este virus, para esta familia enfrentar esas situaciones era doloroso y complejo.

Mariana dice que para ella y su esposo también fue complicado porque sufrieron desordenes emocionales, ahora que su hijo ya está mejor ellos también están saliendo adelante.

Sin embargo, la justicia no fue total, ya que las autoridades no procedieron contra la directora de la escuela ni contra las maestras que estuvieron presuntamente involucradas. "Es muy corrupto el sistema. Nuestra experiencia fue de muchísima corrupción, siguen ahí, ellas mismas se retiraron como testigos para no incriminarse y aún así no se siguió la investigación contra ellas".

Los papás de los niños afectados analizan la opción de volver a abrir un juicio contra ellas o de pedir la reparación económica, pero se detienen de hacerlo porque eso representaría exponer a sus hijos de nuevo a los largos procesos de justicia.

Abuso sexual causa secuelas más severas en la primera infancia

En su informe "Violencia en la Primera Infancia", la organización Guardianes muestra la importancia de esta etapa de la vida que va de los cero a los seis años de edad y detalla cómo la violencia afecta a los niños.

Como se mencionó anteriormente, una de las cifras más alarmantes es que seis de cada 10 padres y madres del país no saben cómo identificar y enfrentar una situación de abuso sexual y no creen que cualquier menor sea susceptible a vivirla, hecho que la organización califica de un riesgo para ellos.

Esto también se relaciona con una cuestión cultural, ya que tres de cada 10 de los padres encuestados que participaron en el estudio recuerdan momentos que los traumatizaron relacionados con abuso y violencia infantil.

Asimismo, el estudio muestra que sólo uno de cada 10 de los encuestados conoce alguna ley sobre protección infantil, lo que exhibe el alto desconocimiento de la población.

Sin embargo, 98% de los padres afirma que denunciaría situaciones de abuso y violencia sexual infantil con el objetivo de buscar justicia para los menores y protegerlos dado la gravedad del delito.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia también señala en su informe "Panorama estadístico de la violencia contra niñas, niños y adolescentes en México", que los menores que  son víctimas de agresiones en el hogar, también lo son en la escuela y en su comunidad.

Asimismo, están expuestos a combinaciones de violencia que incluyen abuso sexual, gritos y amenazas, y golpes. Otro riesgo que identifican es que los niños que son víctimas tienen altas probabilidades de sufrir otra agresión.

Unicef advierte que "la revictimización también puede ser institucional y esta ocurre cuando las víctimas o testigos de cualquier forma de violencia son sometidas a prácticas, protocolos o métodos nocivos para su bienestar".

Rosario Alfaro, directora de Guardianes, detalla que "la verdad es que reconocer el abuso sexual infantil es difícil para todos, no solamente para los papás, sino también para los profesionales de la salud, a todos nos cuesta mucho trabajo identificar los síntomas porque se pueden confundir con otras cosas".

Aunque pueden variar, los principales síntomas de abuso sexual infantil son: cambio repentino en la conducta, desórdenes alimenticios (comer más o menos), trastornos del sueño, padecer enuresis o encopresis, y cambios en el carácter, ya que se pueden volver agresivos o violentos porque sienten rabia.

Comenta que los papás tendrían que estar atentos también para notar si los niños se aíslan o si tienen comportamientos relacionados con la sexualidad, como querer jugar con adultos a cosas sexuales o que dibujen o hablen de cosas sobre este tema.

De acuerdo con datos de la organización, los abusos sexuales ocurren con más frecuencia entre los cuatro y los ocho años de edad, aunque cada vez se presentan más casos en bebés.

Alfaro señala que en los primeros años de vida el impacto causado por un abuso sexual es mayor; sin embargo, también es una etapa en la que sí se trabaja adecuadamente el menor puede tener una mejor recuperación.

"La mala noticia es que un abuso sexual en la primera infancia deja secuelas mucho más graves porque en esta etapa pasan tres cosas importantes: se estructura el cerebro y alcanza su máximo potencial alrededor de los seis años, aprendemos a establecer relaciones y vínculos afectivos, y aprendemos resiliencia. Entonces si hay un abuso sexual en esa primera etapa, la mala noticia es que genera daños en esas tres esferas".

Expresa que en la primera infancia a veces los signos de abuso sexual son menos evidentes debido a que los niños son vulnerables en varios aspectos, ya que no saben qué les está sucediendo, no tiene  el lenguaje adecuado para poderlo transmitir y generalmente el agresor es alguien cercano.

Ante una situación de este tipo, la directora de Guardianes recomienda que los papás siempre les crean a los niños, denuncien y busquen apoyo profesional para que puedan retomar su vida.

Con información de La Silla Rota

   


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