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"La reapertura ha sido muy difícil, fue peor que una nueva apertura"

La silla rota   /   
 Jueves, Junio 4, 2020

   

El aroma del café expresso y del pan recién salido del horno es la característica que destaca al entrar a esta cafetería de Hermosillo, Sonora, que desde hace 10 días reinició actividades tras haber cerrado durante dos semanas debido a la pandemia de covid-19. Sin embargo, "La reapertura ha sido muy difícil, porque fue peor que si fuera una nueva apertura. No hay clientes, nadie llama, nadie llega", expresa preocupada Sarahí Lara, propietaria del establecimiento.

La cafetería es el proyecto de vida de Sarahí, quien empezó con esta idea hace 10 años, primero se estableció en un pueblo cercano y posteriormente llegaron a esta local, ubicado en el centro de Hermosillo.

El covid-19 los obligó a parar actividades durante dos meses, ya que bajaron los clientes y el panorama no era muy claro. El lunes de la semana pasada Sarahí decidió que ya debían regresar, porque las deudas se están acumulando y los recursos con los que cuenta ya no son suficientes, puesto que la prioridad es mantener los salarios de sus 6 trabajadores.

Sarahí explica que el dinero que tenía se acabó en los salarios de sus empleados e incluso ha tenido que aportar de su propia bolsa para no afectarlos. "Uno deja de pagar muchas cosas, en este caso dejamos de pagar la hipoteca de nuestra casa y usamos ese dinero para sostener sueldos, entonces llegué a la decisión de decir, necesitamos que, entre algo, aunque sean 500 pesos, pero hay que seguir".

"Pero ya enfrentando la reanudación, no vamos a sobrevivir con 500 pesos a la semana, las facturas siguen llegando, las deudas siguen llegando, puntualitas. Tenemos el IMSS, los impuestos, los servicios públicos, todos eso llega cada mes y ya vamos a llevar tres meses de rentas acumuladas, entre ellas la renta del local", expresó la microempresaria.

El problema es que a pesar de que se ubican en el Centro Histórico de Hermosillo, la mayoría de los comercios que están alrededor permanecen cerrados y casi no hay personas caminando por la zona, por lo que empezar a tener clientes ha sido todo un reto.

En esta cafetería de 10 mesas, atendían en un día normal entre 120 y 150 clientes, pero en los 10 días que llevan trabajando de nuevo sólo han recibido cinco pedidos, a pesar de que la gente puede ordenar a través de WhatsApp y de otras aplicaciones.

Quebrar es un lujo, no tenemos opción más que estar aquí

La cafetería es la fuente de trabajo de seis personas, entre ellos el papá de Sarahí y cuatro empleadas mujeres, una de ellas embarazada, quienes se muestran angustiados por la falta de clientes, pero están en la mejor disposición de seguir trabajando para mantener a sus familias.

Además, esta microempresa es una fuente de empleo indirecto para una veintena de proveedores, entre contadores, diseñador gráfico, el personal del sistema de software para la caja y los repartidores de mercancía, como leche y queso.

En medio de esta crisis económica generada por el covid-19, Sarahí hace un llamado a las autoridades: "Nosotros queremos estrategias, necesitamos reactivarnos, queremos abrir, tenemos miedo de los virus, sí, tenemos miedo del covid, creemos que es una enfermedad tremenda, mortal para las personas vulnerables".

Esta microempresaria pide que se permita la reapertura de los comercios que están alrededor de la cafetería, ya que esto crearía una sinergia para que más gente haga pedidos. Explica que a lo mejor se podría reducir el horario y permitir que la gente ingrese a los locales de manera controlada y con las medidas de higiene necesarias.

Preocupada, Sarahí enfatiza que su empresa no puede aguantar otros 15 días así, ya que no tienen los recursos necesarios, pero destaca que "tampoco podemos darnos el lujo de cerrar, de irnos a la quiebra, hasta quebrar es un lujo. ¿Por qué? Porque yo no tengo dinero para liquidar a las muchachas y no tengo dinero para pagar una renta y sacar todas mis máquinas y el mobiliario para meterlos en otra bodega que tenga que pagar. Quebrar ya se volvió un lujo también para el pequeño comerciante, no tenemos opción, tenemos que estar aquí".

El menú que ofrecen en Green Cup es una barra de café y platillos típicos de la entidad, como machaca y frijoles refritos sonorenses. También cuentan con paninis y baguettes, las cuales hornean ahí mismo, igual que todos los productos de repostería.

Sarahí señala que la estrategia, por el momento, es seguir promocionando la cafetería en redes sociales como Instagram, Twitter y Facebook para que más personas sepan que están abiertos y dando servicio a domicilio.

"Hay gente que se puede quedar en casa, bien, quédate. Nosotros quisiéramos quedarnos en casa, pero no podemos sin comida. Hay gente que tiene que salir a trabajar y tenemos que seguir. El virus no se va a ir en años, pero nosotros no podemos esperar 15 días, mucho menos un año o dos para seguir resguardados en nuestra casa. Si no nos morimos de la pandemia nos vamos a morir de hambre", enfatiza Sarahí.

Con información de La Silla Rota 

   


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