Daniel Torres

El lúgubre camino que lleva al Rancho el Diamante, enchina la piel y provoca cierta sensación de pánico, es increíble el contraste entre la belleza natural, y la masacre ahí cometida contra 31 personas.

La mayoría de las víctimas sufrieron en carne propia el horror de permanecer privados de su libertad por varios días, ser desmembrado de sus extremidades o decapitados.

En el camino serpenteado de terracería  y lodo que lleva al rancho, uno que otro poblador o campesino observa indiferente el pasar de los extraños. Los habitantes de la región, saben lo que sucedió en las cercanías, pero están acostumbrados a este tipo de violencia y  no se sorprenden.

Aquí las desapariciones de personas están a la orden del día, ya son algo cotidiano.

En el rancho, en una pequeña colina, cerca de donde muchos agricultores trabajan sus tierras, se vislumbra una pequeña casa rosada. Es un paisaje silencioso, ni siquiera el cantar de las aves se llega a percibir.

Mientras se avanza sobre la colina, la respiración se dificulta como si unas manos invisibles trataran de sofocarte.

Una sensación de muerte predomina en el ambiente, recorre el cuerpo y hiela la sangre de quien pisa la sucia hierba del lugar. El sitio está solo, no hay elementos de seguridad que resguarden la zona.

A un costado de la casa de seguridad se aprecia un pozo, y sobre su brocal se hallan por lo menos una docena de llaves -se entiende-  de quienes fueron víctimas de los sicarios que celosamente vigilaban el rancho. La imagen puede hacer temblar al más valiente.

Una puerta abierta deja ver el interior de la casa de seguridad del rancho, donde antes de morir, cada una de las víctimas hallados, estuvo cautivo.

Colchonetas, ropa sucia, discos de películas piratas y restos de comida echada a perder están  regados por doquier. Las paredes llenas de mugre y un olor a podrido son parte de una escena que no cualquier estomago podría soportar.

En una esquina de la casa, pegada a la puerta, se encuentra un altar en honor a la Santa Muerte. En una mesa,  una escultura de la Muerte carga en sus brazos a un Jesucristo muerto.

La imagen es espeluznante de verdad, estremece de solo verla.

La casa tiene un sendero colina abajo, que cuando la vista lo sigue, hace observar el paisaje verde que envuelve la casa. Los alrededores parecen un edén en la tierra, un pequeño lago, ríos y el verde de la vegetación por doquier.

Es precisamente en medio de este paisaje que se halla la parte mas horrible del lugar, una cinta amarilla acordona un área bajo de unos árboles.

Conforme uno avanza, comienza a percibirse un penetrante hedor a muerte que envuelve el lugar. 13 fosas clandestinas, yacen bajo la sombra de los árboles.

Aunque la noche anterior finalizaron las labores de excavación, aun pueden apreciarse restos humanos, como cabello y pedazos de piel mezclados con sangre y lodo.

Sobre la grotesca escena crecen de manera abundante los frutos de un árbol, alimentado literalmente por los restos que a su sombra estaban sepultados.

El lunes, la Marina descubrió en la zona un sistema de fosas clandestinidad de donde exhumó 31 cuerpos humanos, siete  de ellos mujeres y 24 hombres. Once  de ellos habían sido degollados, mientras que otro grupo  había sido mutilado manos y pies.

La noticia del macabro hallazgo generó expectativa. Decenas de personas con familiares desaparecidos en la región acudieron de sus pueblos de origen hasta el Semefo de Cosamaloapan –a donde las autoridades trasladaron sus cuerpos- para verificar si entre las víctimas estaba su familiar.

De los 31 cuerpos, siete fueron identificados, se trataba de personas que vivían en ese municipio, y que desde hace un par de semanas estaban desaparecidos.

Para varias personas más,  la mayoría mujeres, que buscaban a su hijo, sobrino, nieto o algún pariente desaparecido, su presencia en el Semefo fue una búsqueda infructuosa más.

Las autoridades decidieron –después de algunas horas de diligencias de identificación en el Semefo de Cosamaloapan- que los 24 cuerpos sin identificar  fueran trasladados a Xalapa.

La noticia abrió una nueva veta, la posibilidad que de el resto de los cuerpos hallados pertenecieran a migrantes.