RODRIGO BARRANCO DÉCTOR 

MEDELLÍN DE BRAVO, VER.- "Yo no quise seguir el camino a los Estados Unidos, tenía yo trabajo por acá y ya mejor me quedé trabajando, me gustó el ambiente de por acá”, reconoce Édgar Bonilla  García, hondureño que desde hace 15 años decidió quedarse a vivir en México.

Trabaja como soldador en un negocio de compra-venta de chatarra, en la congregación de Paso del Toro, del municipio de Medellín de Bravo, a sólo unos 15 minutos de Boca del Río y el Puerto de Veracruz. Como él, decenas de migrantes centroamericanos frenaron su camino hacia Estados Unidos y se asentaron ahí, donde la mayoría  depende de los negocios al paso de la carretera y de las actividades agrícolas y ganaderas.

Recientemente el gobierno federal puso en marcha en la entidad el programa Temporal de Regularización Migración, que permitirá a los extranjeros que están en México desde antes del 2012 vivir en la legalidad por un periodo de cuatro años, con opción a renovar el permiso.

Al ser paso de migrantes, Veracruz es uno de los estados donde más se han asentado quienes iban rumbo a Estados Unidos.

La Secretaría de Gobernación publicó el anteproyecto del Programa Temporal de Regularización Migratoria, en diciembre, con el que busca beneficiar a los extranjeros indocumentados que han llegado al país que tengan intenciones de quedarse.

De momento en esta comunidad veracruzana la mayoría vive en la ilegalidad. Los vecinos saben que talleres mecánicos, de laminación, tiendas de abarrotes, puestos de jugos, venta de piña en rebanadas y florerías son despachadas por centroamericanos.

El 27 de febrero del 2014, el alcalde con licencia de Medellín de Bravo, Omar Cruz Reyes, actualmente acusado de enviar a asesinar al reportero Moisés Sánchez Cerezo, pidió en un acto público al Secretario de Seguridad Pública del Estado, Arturo Bermúdez Zurita, una base de la Policía del Estado en Paso del Toro pues era incontrolable el flujo de migrantes centroamericanos.

La vida de Édgar, como la de muchos más

A Édgar su país adoptivo le dio una familia. Ahora, él es el sustento de su esposa, y sus tres hijos, quienes a pesar de ser mexicanos anhelan el día en que su padre los lleve a conocer Honduras y a sus abuelos.

 “Aquí voy para 15 años. Llegué a Paso del Toro cuando llegué a Tierra Blanca. Llegué como a las 8 ó 9 de la noche en el tren, entonces de ahí vi la desviación de la vía del tren que venía rumbo a Veracruz y fue el camino que yo escogí para venir para acá. Me tocó venir de Tierra Blanca caminando a Paso del Toro porque esos días, que yo venía, no estaba transitando el tren, no hubo tren”, recordó Edgar.

Con apenas 23 años  probó la hospitalidad que distingue a los jarochos cuando una persona que vivía a orillas de las vías ferroviarias le ofreció su hogar, de láminas y cartón, al verlo maltrecho de tanto caminar.

“Tenía yo 23 años (…) pegado a la vía conocí a un señor que se llama Mauricio Villarau Sánchez, entonces él me encontró a mitad del camino y me ofreció su casa para descansar unos días. La verdad si le tomé la palabra, al principio no quería porque la verdad tenia desconfianza, decía ‘no sé porque me la ofrece sin conocerme’, agarré y la verdad, como me vine caminando de Tierra Blanca pues si me sentía algo cansado, y dije: pues si voy a descansar”.

El amor y el futbol le cambiaron la vida

Con los días, don Mauricio le consiguió un empleo como soldador en una fábrica y logró ganar su propio dinero, sin embargo, fue hasta que se acomodó como jugador en un club de futbol local, que la vida le cambió.

“Ya comencé haciendo amigos por el futbol, comencé a jugar en la Liga Veracruzana y ahí me hice de muchos amigos y ahí comencé a conseguir trabajo con todos y la verdad pues me junté con una muchacha de aquí y ahorita ya tengo tres hijos con ella”.

Entonces decidió no volver a Honduras: “al principio, cuando me junté con ella, la verdad yo no quise seguir el camino a los Estados Unidos, tenía yo trabajo por acá y ya mejor me quedé”.

Ahora, entre fierros y bajo un intenso calor, “Honduras”, como le apodan sus amigos, se gana el pan de cada día para sacar adelante a sus seres queridos y lograr tramitar su naturalización ante el Instituto Nacional de Migración (INM), que aunque ya la inició hace años, espera que con el nuevo anuncio al fin su situación quede regular.

“Ya hice todos los requisitos en Migración. Hace como cuatro o cinco años metí todo los requisitos a Migración y la verdad pues no me han dicho nada, aunque tampoco no me he presentado para ir a ver si ya está o no pero ya tengo tres hijos”, dijo.

Con ya casi 40 años de edad, asegura que su país Honduras, y sobre todo su ciudad natal, San Pedro Sula, es muy similar a Veracruz, lo que fue un incentivo más para quedarse y formar una familia.

“Honduras” tiene siete años que no pisa su nación, no ha tenido la oportunidad de llevar a sus tres hijos, el mayor, con 13 años. Anhela conocer sus origines por lo que planifican un viaje una vez que regularice su estancia en México.

bvn

Con información de La Silla Rota http://bit.ly/1HU8hKA