Xalapa, Ver. Mientras se sostiene en una vara adecuada como bastón, Bernardo Hernández García de 87 años intenta, por segundo día consecutivo, continuar en pie de lucha.

Su espalda encorvada carga un morral hecho de costal, y su sombrero gastado es evidencia de ser una persona muy pobre.

Dedicó 30 años de su vida a barrer las calles de Xalapa, desde muy temprano. Quiso aportarle un poquito a esa ciudad que lo vio nacer.

Hoy volvió a las calles. No para barrer. Hoy salió a protestar.

Bernardo se retiró en 1991. En ese año también murió su compañera de vida. Desde entonces depende de la pensión que ostenta, que hasta hace algunos años llegaba sin problema alguno.

“Mi sueldo y mi aguinaldo no me lo han pagado. El viernes estuvimos aquí, pensamos que iban a pagar el viernes pero no hay pago”, señala.

El ex trabajador cuenta que hace algún tiempo combinaba los ingresos de su pensión con lo que obtenía vendiendo hierbas en el mercado Jáuregui, como ambulante.

Ahora su edad ya no se lo permite con tanta frecuencia.

“Vendo acuyo, vendo pimienta, consigo hierbitas para acompletarme lo del mes. Así ambulante, entrego rollitos de hierba”, dice.

Para Bernardo es ofensivo estar protestando “pero necesitamos dinero para comer. La pensión es muy bajita, no me alcanza para el mes. Estoy esperanzado para pagar lo que sale uno a deber”.

Con una reciente operación de la cadera y una más en los ojos por problemas de cataratas, Bernardo lamenta que los dolores propios de su edad vayan en aumento, al ser una persona que vive solo “en un jacalito”.

“Me mareo, ya no puedo trabajar en nada, ya me ando tambaleando. No puedo vender ya mis hierbitas”, se lamenta.

“No es justo. No sé porque nos hacen esto si ellos no pagan de su bolsillo. Ellos tienen recursos, gente como yo no tiene recursos. Van como cuatro veces que salgo al paro”.

Los dolores físicos se mezclan con los del alma: “Él no tiene consideración. No deberían hacer eso. Estamos ancianos. Que nos pague puntual”, recrimina.

Recuerda que con gobiernos anteriores los pagos eran puntuales, pero con este “venimos a fracasar”.

Bernardo no soporta estar más tiempo parado. Y aunque quiere estar cerca de los oradores en la concentración, su cuerpo pide un descanso.

Nuevamente se sienta en la banqueta del Palacio de Gobierno. Espera que le paguen hoy, de otra manera, tendrá que volver a caminar para llegar a su casa, como ayer, como los últimos días.

Bailar para alegrarse la vida

Agustina Aguilar Garrido de 77 años sonríe y baila al ritmo de la marimba que se apostó sobre la calle Enríquez, en medio de la concentración de jubilados y pensionados para darles un poco de alegría.

La mujer enferma de artritis parece incansable entre la música y los aplausos de otros adultos mayores.

Cuando la música se detiene, regresa a tomar su pancarta. Y su realidad la envuelve de nuevo. Ayer no protestó porque los pies le dolían. Hoy con más ánimo acudió a exigir lo que por derecho le corresponde.

“Trabajé 15 años como intendente en una primaria. Me retiré porque mi esposo estaba muy malito y al segundo día se fue”, dice con tristeza.

Agustina agradece a Dios que le permita caminar aún, y sabe que mientras pueda seguir haciéndolo “hay que echarle muchas ganas”.

Dice sentir tristeza de tener que salir a las calles porque es una mujer sola que creyó trabajar lo suficiente para pasar en tranquilidad su vejez.

A Agustina se le adeuda el aguinaldo y el mes de diciembre: “con los descuentos me sale neto el cheque en 2 mil 300 y esos hay que estirarlos para todo, para agua para luz, para todo”.

La mujer cuenta que su aguinaldo es de 3 mil pesos, mismo que debe usar para ir saliendo de otros pendientes, ya que difícilmente podría ahorrar.

“Hay que salir a darle la cara a los problemas, porque si nos cerramos o esperamos que otros trabajen, pues no”.

Con respecto a Javier Duarte de Ochoa tiene la certeza que “a él no le interesa el pueblo porque está bien. Usted cree que ellos van a recibir tres o cuatro mil, no. Van a recibir millones”.

Y esa situación ofende a Agustina “porque se está burlando del pueblo jodido. Y no todos los que estamos aquí son maestros, hay gente muy humilde que hicieron otras cosas”, dice.

“No es justo que unos vivan bien, y otros vivamos mal”.

Desprecio a los decanos

Adolfo Álvarez, músico fundador del grupo de jazz de la Universidad Veracruzana, con 32 años dedicado a la docencia está, como todos “esperando a que aparezca ese pago”.

El ex catedrático es directo para dirigirse a las autoridades: “si no tienen la capacidad para administrar deberían renunciar. Nunca debieron tener un puesto para el que no son capaces de cumplir”.

El hombre de años lamenta que exista un desprecio para quienes ya hicieron su aporte para la sociedad.

“En otros países somos decanos. Los señores ciudadanos son los que hay que homenajear. Los que lograron que el país haya llegado hasta aquí. En otro lado los viejos son a los que se consulta, a los que se respeta”, lamenta.

El ex profesor asume que el tiempo de exigir y evaluar a los jubilados y pensionados ya pasó, y ahora le corresponde a la autoridad hacer su parte.

Al igual que todos los que han salido a protestar, se siente agraviado con esta situación “nosotros hicimos un ahorro, no es por nuestras lindas caras ni por nuestros conocimientos. ¿Dónde está ese ahorro?”, reprocha.

Al maestro se le debe su pago de diciembre y el aguinaldo, con el que además de sostenerse él, debe mantener a una hija.

Visiblemente molesto afirma que no duda de la “honestidad” del gobernador Javier Duarte, sin embargo insistió que el puesto le ha quedado muy grande.