José Eduardo Paz y Raúl García son dos inmigrantes ilegales, el primero lleva 14 años en Estados Unidos y es hondureño, el segundo lleva ya 26 y es mexicano, ambos tienen su sueño americano y cuentan con una familia en la que los hijos ya son ciudadanos estadunidenses.

Hoy las cosas son diferentes ya no podrán esperar la camioneta que siempre los llevaba a trabajar, en distintos lugares, donde se necesitara, además ya ni siquiera podrán asomarse con el miedo de ser detenido por la policía de ICE que ahora cuenta con todos los elementos para detener a quien no tenga los permisos correspondientes.

“Uno se siente ahora más perseguido e inseguro”, decía Paz, de 38 años. “Antes podía volar con mi pasaporte a Miami a ver a mi hermano. Tenía un trabajo en Las Vegas los fines de semana y el lunes a las 7 de la mañana volvía a estar aquí". Desde que empezaron las redadas, "ya no me atrevo a ir por si hay check points a la entrada de California. Esto me ha quitado libertad”.

De acuerdo a la entrevista hecha por El País a estos inmigrantes, los indocumentados ahora están temerosos de asomar las narices a la puerta pues aunque las políticas de inmigración no han cambiado como tal, el modo de aplicarlas si, por lo que ya es más difícil seguir con sus actividades.

El memorándum con las guías de aplicación publicado el martes y que confirma los peores temores de la comunidad migrante indocumentada son de las cosas, que además del sustento diario, el trabajo y sus hijos ahora ya preocupa a estos hombres de familia. “Obama deportó a un chingo de gente, pero no fue tan abusivo”, resumía Paz. “Con Obama tenías que cometer un error. Ahora te pueden deportar por cualquier cosa”.

Paz y García reconocen que, si es el criterio, “nos pueden deportar a todos, todo el mundo ha hecho eso para poder trabajar”.

Mientras Paz y García ‘los indocumentados’ hablan con el periodista, pasa por el aparcamiento un coche de la policía de Huntington Park. Ni se para. “A veces saludan”, dicen los indocumentados.

Las policías locales de las grandes ciudades con muchos indocumentados no detienen a gente por ser indocumentada. Eso es lo que pretende cambiar también Trump, que pide la colaboración de todas las fuerzas de seguridad del país para las deportaciones.

Millones de indocumentados como Paz y García saben que tendrán que tener más cuidado. Esconderse y evitar a la policía no es algo nuevo. El peligro es que decidieran ir específicamente a por ellos, ahí, en ese aparcamiento donde todo el mundo sabe que puede encontrarlos. Pero por el momento, García ha sobrevivido a cuatro gobiernos distintos, cada uno con su política migratoria. Eso le da cierta perspectiva. “Tengo fe en que no va a pasar nada. Yo llevo aquí 26 años. Trump va a estar cuatro. Cuando se vaya, nosotros seguiremos aquí”.

EL PAÍS