Naolinco, Ver.- “En Naolinco los secuestros se volvieron una ruleta rusa”, comparte sigilosa una catequista de la parroquia de San Mateo Apóstol. Ella recuerda que hace seis meses los plagios se dispararon; médicos, profesores y hasta hijos de zapateros se sumaron a una lista que sembraba pánico entre los habitantes por saber quién sería el próximo.

Como muchos en la cabecera del pueblo la mujer de anteojos confiesa que tiene miedo, y ese sentimiento se le dibuja en sus manos mientras las frota constantemente. En los medios ella se ha enterado que nueve policías municipales, contratados por el alcalde panista Roberto Reyes Aguilar fueron detenidos por estos actos.

“Uno los miraba (a los policías) que pasaban por aquí, se supone que eran los que ponían la Ley pero ahora resulta que son los que estaban involucrados en los secuestros. Lo que sabemos es que los responsables conocían muy bien a las gentes que se llevaban”, comparte la religiosa con un tono de voz similar al de una confesión.

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La catequista, quien será llamada Mary, recuerda que uno de los secuestros que más indignó a la población se cometió hace seis meses y fue en contra de un ganadero de 60 años de edad. “Este señor iba para su rancho y ahí lo secuestran”.

Como a la mayoría de las víctimas, el hombre fue liberado luego de varios días sin comunicación; regresó con rastros de violencia sobre su cuerpo y solo mediante el pago de un rescate no menor al millón de pesos.

A pesar de que la víctima consiguió su libertad, el plagio provocó más daños: su esposa no soportó el proceso de negociación con los victimarios y murió. “El daño psicológico fue tanto que se llegó a enfermar del estrés y luego falleció”, comparte Mary.

La entrevistada, refiere que a partir de ese evento los plagios se cometieron casi de manera programada, cada dos meses. La cuadra paralela a la parroquia de San Mateo Apóstol, registró cuatro eventos similares en los que profesores fueron los principales afectados, entre ellos el director de la escuela Bachilleres Carvajal

Dos meses más tarde del plagio al ganadero, los delincuentes arribaron nuevamente a Naolinco y su objetivo esa ocasión fue un carnicero, con domicilio en la calle Revolución, a dos cuadras del parque municipal.

Mary refiere que era un domingo y para entonces se llevaba a cabo un torneo amateur de basquetbol. “Estaba lloviendo muy fuerte y todavía que se escucharon balazos. Mucha gente salió a ver lo que pasaba”.

A diferencia de muchos afectados, la víctima opuso resistencia y sus captores le propiciaron dos balazos, uno en la pierna y otro a la altura del cuello que para su suerte únicamente le rozó. “Todos creemos que tuvo mucha suerte y fue valiente porque no se llevaron”.

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Esa valentía que demostró el carnicero, se replicó en el barrio El Chorro. Esta vez los vecinos defendieron al hijo de un zapatero, frustraron el secuestro y detuvieron a dos presuntos responsables, uno originario del Estado de Guerrero. “Los entregaron a la Policía Estatal, pero luego se supo que los soltaron”, se lamente Mary.

La catequista, reconoce que por temor los agraviados se abstenían de denunciar los delitos ante el Ministerio Público.  Versión que se confirma con los datos de Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), pues con base en registros oficiales no existe una sola denuncia por el delito de secuestro.

“Nunca hubo confianza (para denunciar). Ellos escogían a quién se llevaban; con un telefonazo, ‘fíjate que fulano va a salir a tal hora; va a correr a tal hora’, esa información salía de aquí”, insiste la religiosa con temor de señalar responsables.

El ilícito más reciente en Naolinco se cometió el pasado sábado 21 de abril; un comerciante originario de Actopan fue liberado tras un enfrentamiento en las inmediaciones de la carretera Naolinco-Las Haldas entre policías de la SSP y presuntos delincuentes.

Por estos hechos fueron detenidos 11 personas, dos civiles y nueve policías municipales y posteriormente, el pasado 29 de abril, vinculados a proceso. Los 11 permanecerán recluidos en el penal de Pacho Viejo durante un año mientras se esclarecen las imputaciones en su contra.

Esta información le es expuesta a Mary y a otros comerciantes y coinciden no les sorprende. “Sentimos feo pero no por ellos (los policías), porque ya la regaron, sentimos feo por sus familias, porque aquí todos nos conocemos.

Son casi las 18:00 horas en el centro de Naolinco y Mary se excusa con el entrevistador pues quiere terminar con sus actividades antes de que el sol se oculte. Afuera de la oficina donde atiende, se aprecian negocios que han cerrado sus canceles y el silencio se ha apoderado de las calles.

Ella no tendría que estar preocupada al regresar a casa -comparte- sin embargo la lógica dejó de ser un alivio en Naolinco, porque los policías se dedicaron a secuestrar y “los ricos” no fueron los únicos objetivos; como una ruleta rusa las  víctimas fueron  acumulándose inesperadamente: profesores, carniceros y hasta hijos de zapateros.

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