Rodrigo Gutiérrez González | La Silla Rota

Dos profesores caminaban por las calles de la comunidad de San Vicente Boquerón, en el municipio poblano de Acatlán de Osorio, cuando vieron a dos menores llorando dentro de una camioneta azul tipo Explorer.

Los niños estaban siendo secuestrados, alertó el par, que reportó el hecho a las autoridades, sin embargo, antes de que pudieran llegar al lugar, la camioneta ya estaba rodeada por varios de los pobladores, quienes al sonar de las campanas de la iglesia acudieron al llamado.

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En la camioneta estaban Alberto y Ricardo, ambos familiares; no había señalas de los niños llorando dentro del vehículo. Aun así, fueron llevados a la comandancia municipal.

Alberto Flores Morales, de 53 años, y Ricardo Flores Rodríguez, de 21 años, eran campesinos, se dedicaban al campo y se encontraban en el lugar para realizar una serie de "mandados".

Todo parecería solucionado, sin embargo, más pobladores llegaron a la comandancia para exigir la liberación de Alberto y Ricardo, el mensaje era claro: querían lincharlos.

Las autoridades municipales se negaron a las exigencias de la gente enardecida, así que regresaron con palas y picos para sacar a la fuera a los detenidos. Nadie pudo detenerlos.

Alberto y Ricardo fueron amarrados con un lazo por los pies y arrastrarlos hasta la plaza pública de la comunicad poblana.

Los golpearon, no por mucho tiempo pues su fin era otro: incendiarlo. Los rociaron de gasolina y les prendieron fuego; sus cuerpos comenzaron a arder rápidamente, la muchedumbre observaba, muchos grababan videos, otros incluso transmitían en vivo desde sus perfiles de Facebook.

Todos festejaban el "acto de justicia", niños presentes veían como dos hombres eran quemados vivos en la calle, a la vista de todos. Alberto y Ricardo dejaron de gritar, siquiera de moverse, cuando el fuego estuvo a punto de consumarse les lanzan más gasolina, el incendio se reaviva.

El cuerpo de los familiares no les fue suficiente, también incendiaron la camioneta azul tipo Explorer, donde viajaban y supuestamente tenían secuestrados a dos niños. Nada logró comprobarse.

Los cuerpos calcinados quedaron abandonados en la calle, así se los dieron a sus familiares, quienes exigen justicia.

La Fiscalía General de Justicia de Puebla ha comenzado las investigaciones por el caso, actualmente cinco policías municipales de Acatlán de Osorio fueron detenidos por permitir el linchamiento.

La muerte de Alberto y Ricardo solo es una de los innumerables asesinatos por linchamiento en territorio poblano.

En este, como en muchos casos, los señalados eran inocentes. Como en abril pasado cuando lincharon a Gaspar Palacios Monterrosas, Consejo Municipal Electoral de Chalchicomula de Sesma, tras ser confundido con un ladrón.

O como en octubre del 2015, cuando dos encuestadores fueron linchados en Ajalpan, al ser confundidos con secuestradores.

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También el famoso caso de Canoa, sucedido el 14 de septiembre de 1968, cuando los pobladores de San Miguel de Canoa lincharon a cinco jóvenes de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) luego de ser confundidos de comunistas. La historia la llevó al cine el realizador Felipe Cazals.

Puebla es considerado uno de los estados con más casos de linchamientos, tanto consumados como intentos.

En lo que va del año, al menos 14 personas han sido asesinadas en linchamientos en Puebla, de acuerdo con medios locales. Es decir, 2018 suma un promedio de casi dos linchados por mes.

El 2017, autoridades poblanas sumaron al menos 22 linchamientos consumados y 100 personas rescatadas de ser asesinadas en las mismas situaciones. En este año continuó la tendencia de prácticamente dos casos cada mes.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) señaló que de 1988 a septiembre de 2017, en el país se han registrado 862 linchamientos en todo el país, tanto tentativos como consumados, de los cuales 182 casos habían sucedido en Puebla.

Por su parte, una investigación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) arroja que de 1988 a abril de 2014 se consumaron 38 linchamientos en Puebla.

Estos datos señalan que los casos de linchamientos, si bien no son nuevos, sí han ido en aumento en los años recientes.

La inseguridad y la impunidad son los dos factores principales para que los linchamientos sean una constante en la sociedad.

"Cuando hay un linchamiento es porque ya hubo una impunidad, los ciudadanos que toman la justicia por su propia mano desconfían de la justicia por parte del gobierno", ha dicho al respecto Francisco Rivas Rodríguez, director de Observatorio Nacional Ciudadano (ONC).

Mientras que la CNDH ha señalado que "los actos de linchamiento o la justicia por propia mano reflejan la pérdida de valores y muestran la violencia extrema de aquellos que exigen justicia".

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en Puebla el 94.9% de los delitos que se cometen no son denunciados, la llamada cifra negra; y los que se denuncian sólo el 44.6% llegan a iniciarse una averiguación previa o carpeta de investigación.

Por su parte, el Índice Global de Impunidad México 2018 señala que en Puebla está en el los primeros diez estados con mayor impunidad en todo el país.

En cuanto a la inseguridad, los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) colocan a Puebla entre los ocho estados con mayor delitos denunciados en todo el país. En lo que va del 2018 se han denunciado 34 mil 983 crímenes en territorio poblano.

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