​Sobre la carretera Transístmica a la altura del punto conocido como “El Pensador”, casi diariamente se ubica entre los dos carriles de circulación un joven en sillas de rueda, acompañado en ocasiones por un niño, quienes piden monedas a los conductores.

Su nombre es Mauricio Córdova Domínguez, es habitantes del Kilómetro Dos –por el cuartel- y sufre una condición llamada reumoartritis juvenil, padecimiento que lo acompaña desde su nacimiento.

Esto le impidió caminar y toda su vida la ha pasado postrado en su silla de ruedas, la cual está muy deteriorada a consecuencia de los años de uso, por lo cual Mauricio tiene como único deseo navideño, una nueva para poder seguir saliendo a las calles.

Cuenta que vive con su papá y con el niño pequeño que lo acompaña, así como otro hermano de edad similar a la suya que padece la misma enfermedad, aunque en un grado más severo, pues está en una cama sin posibilidades siquiera de sentarse.

Sin posibilidades de desarrollar un trabajo, diariamente se instalar en dicho punto de la carretera para juntar las monedas que le regalan conductores caritativos, debido a que no puede alcanzar las ventanillas de los autos, se ideó un método para recoger las monedas, un palo amarrado al pico de una botella de plástico partida a la mitad.

De esta forma logra juntar en una jornada de 6 horas hasta 150 pesos, en los días buenos, en ocasiones solo regresa a casa con 70 u 80 pesos, los cuales aporta para la economía de toda la familia.

Aunque las enfermedades y discapacidades no son limitantes para el desarrollo de una persona, cuando esta se mezcla con la pobreza extrema, resulta prácticamente imposible lograr romper con ese esquema de vida.

Mientras que algunas personas con posibilidades de trabajar o que son jubilados de alguna empresa, reciben apoyos económicos del gobierno –denominados como programas sociales-, Mauricio no ha podido acceder a la ayuda por la simple falta de una credencial y documentos.

Mauricio Córdova ha pasado toda su vida sufriendo por la falta de dinero y la enfermedad, “nunca he tenido nada, así que cuando tengo poco, ya es algo”, señala, en una frase de resignación, para por último ofrecer una bendición a quienes se acercan a ayudarlo.

Presencia MX / E-Consulta Veracruz

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