Xalapa, Ver. - Mary comienza su jornada a las 4 de la mañana desde hace ocho años. Debe alistarse para salir a trabajar como agente de tránsito. La necesidad de un ingreso para mantener a sus tres hijos la llevó a ser guardia vial en Veracruz. 

Durante 8 horas debe permanecer parada en algún crucero de Xalapa para contrarrestar uno de los principales males de la capital: el tráfico. A ella no le importa mucho el clima bipolar de la ciudad; su gorra, chaleco y una chamarra fluorescente la ayudan a sobrellevar el sol, la lluvia y el frío.  

El sonido de su silbato, que por momentos se vuelve molesto para ella tanto como los peatones, le permite agilizar el tráfico en el primer cuadro de la ciudad. Cuando llegan manifestaciones, cuenta, debe implementar medidas emergentes para minimizar el congestionamiento que genera el cierre de calles.

En casi una década como elemento de la dirección de Tránsito del Estado le han dicho de todo, desde la clásica mentada de madre o el grito machista “tenía que ser mujer”, todo eso por no ceder el paso a automovilistas que tienen prisa por llegar a su destino. Las agresiones y faltas de respeto son constantes, "nos avientan la unidad".

Su trabajo, que asumió como jefa de familia, resulta complicado pues a los automovilistas no les gusta que una mujer les dé instrucciones viales o que les imponga multas por no respetar el reglamento de tránsito.

“El reto es doble porque vivimos con mucho machismo, a las mujeres no se nos reconoce que podemos hacer el mismo trabajo que los hombres y que podemos desempeñar las mismas funciones”, platicó a E-Consulta Veracruz.

Mary ha sobrevivido los cambios de administración y las nuevas reglas del gobierno sin importar las siglas partidistas. En alguna ocasión, explica, le tocó lidiar con su jefe que no estaba de acuerdo en que mujeres integraran el grupo de agentes, sin embargo, encontró en la disciplina una forma de sobrellevarlos. 

La mujer de unos 48 años considera estar en desventaja en relación con sus compañeros varones, por lo que se debe esforzar el doble para cumplir con su función, “nos ha tocado de todo. No he tenido problemas porque me disciplino, si me dicen a las 6, a las 6, si me dicen a las 5, a las 5”.

La agente descartó la versión de que les exijan cuota de multas diarias para garantizar los ingresos a la hacienda estatal, pero aclara que ella no se prestaría a algo así. “No apoyar actos de corrupción es motivo para que a las mujeres se les relegue de algunos cargos o puestos de dirección”, reconoce.

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Un día como agente de tránsito

La responsabilidad de mantener a sus hijos y garantizar un ingreso a su familia llevó a Mary a solicitar ese empleo. Todos los días comienza a las 6 de la mañana y termina a las tres; su horario le permite tener la tarde libre para realizar algunas labores en el hogar.

Aunque su trabajo es cansado y rutinario considera que a su edad no tiene muchas opciones laborales por lo que debe mantenerse como agente de tránsito y así garantizar su ingreso que no supera los 3 mil pesos quincenales

“El salario es poco, pero sirve para pagar las cuentas”, dice con buena cara. 

Su jornada laboral es de ocho horas, pero si hay operativo o algún evento masivo debe quedarse para apoyar. “Desde las 4 de la mañana nos levantamos. Hay que bañarnos y salir corriendo para tomar el autobús para llegar antes de la seis. A las 3 de la tarde nos retiramos”.

Este viernes 6 de marzo le asignaron el crucero que se forma entre la avenida Enríquez y la calle Leandro Valle. Por las mañanas se incrementa el tráfico debido al ingreso de estudiantes a las escuelas y la entrada de burócratas.

“De ahí a las 12 del día hasta las 3 y media o cuatro de la tarde, que es la hora de la salida y la comida. Nosotros nos retiramos a las 3”, cuenta. 

Cuando baja el tráfico debe notificar a su superior que tomará su alimento y se hidratará, antes de que llegue la hora pico y tenga que apoyar nuevamente para agilizar la circulación vehicular y peatonal. “Yo voy viendo que no haya mucho trabajo y voy a desayunar”, comparte. 

Aunque el trabajo de Mary es estar atenta a los semáforos, vigilar que los automovilistas no se pasen la luz roja, o tengan cuidado de no atropellar a algún peatón, en ocasiones se da el tiempo de admirar a quienes caminan por Enríquez.

Le ha tocado ver a una “señora de edad” que frecuentemente llega a bailar con la marimba y aunque para muchos es gracioso verla ejecutar sus mejores pasos, a ella le causa admiración que, a pesar de su edad, camine al centro para disfrutar de la música.

Por fortuna, dijo, no ha sufrido accidentes, pero recordó que en una ocasión atropellaron a una de sus compañeras. Su convicción la lleva a levantarse de madrugada, para luego disfrutar el resto de la tarde con su familia, pues -reconoce- la paga no es mucha.

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Las estadísticas

Ser mujer policía: breve estudio de las condiciones laborales de mujeres policías, aplicó una encuesta a cinco mil elementos de todo el país que confirma las condiciones de inequidad entre los elementos de las corporaciones estatales.

La estadística establece que tres de cada 100 policías mujeres menciona haber sufrido o haber sido testigo de abuso sexual; cinco de cada 10 piensan que hay discriminación en la corporación; el 35 por ciento indica que alguna de sus compañeras ha recibido piropos ofensivos, comentarios sobre su apariencia o de índole sexual.

17 de cada 100 indica que alguna de sus compañeras ha recibido mensajes, fotos o comentarios con insinuaciones; el 14 por ciento ha recibido solicitudes o insinuaciones sexuales, 10 de cada 100 explica que alguna de sus compañeras ha recibido amenazas por negativas a mantener relaciones sexuales con un superior.

El 28 por ciento de las mujeres recibieron un estímulo o reconocimiento, y sólo 21 de cada 100 lograron un ascenso laboral.

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Fotografía ilustrativa de Eduardo González