Veracruz, Ver.- El horizonte color turquesa y el olor a sal fue exclusivo para Eric en Playa Santa Ana este fin de semana. En 10 años como rescatista y 10 como pescador nunca había visto las bahías de Boca del Río cerradas con banderines rojos en un día soleado y con la marea en calma.

Esta vez no fue un aviso de mal tiempo, sino parte de las medidas de restricción que implementó el ayuntamiento de Boca del Río, para evitar contagios en medio de la alerta sanitaria.

Boca del Río es desde el martes 17 de marzo el municipio con más pacientes positivos de covid-19 en el estado de Veracruz; la última cifra de la Secretaría de Salud actualizada hasta el sábado 21, era de cuatro de los siete detectados en la entidad. 

Desde que inició su turno a las 8:00 de la mañana, Eric Cortés recibió reproches, comentarios con desaire y hasta mentadas de madre de los turistas y boqueños a los que invitó a retirarse de la bahía, así fueron los últimos cinco días.

Está acostumbrado a respuestas de ese tipo cuando hace recomendaciones a personas en estado de ebriedad para no ingresar al mar, pero ahora los escucha en la playa desolada y vienen de padres de familia, mujeres o jóvenes que reclaman la prohibición para ingresar al mar en un día con clima perfecto.

Desde lo alto de su torre de vigilancia, Eric se quita el cubre bocas para explicar que no forma parte de las medidas de prevención que instruyó la Secretaría de Salud para evitar contagios, salvo para aquellos que ya tienen el virus.

“Lo uso para dar una impresión de temor en la gente, no por generar pánico, pero para que entiendan que es un tema serio, que si se pide no estar en las playas es para evitar aglomeración de personas y desatar contagios como pasó en Italia y en España.”

Interrumpe la conversación, toca el silbato en tres ocasiones mientras hace señas, salta por la rampa y apresura el paso en la arena para alcanzar a una mujer y a una niña a las que invita a salir de la zona de playas, un hombre reclama a lo lejos que es zona federal y que no se retirarán bajo su propio riesgo.

La Playa Santa Ana es una bahía concesionada al Ayuntamiento de Boca del Río, considerada como la más tradicional en este municipio por su cercanía a la cabecera municipal.

Prestadores de servicios cerraron sus puestos por recomendación del gobierno municipal, lo mismo que negocios y restaurantes ubicados en los alrededores, para evitar la presencia de personas.

Por el momento la restricción a los bañistas consiste en la mera amonestación verbal de los guardavidas, la presencia de personas fue baja durante toda la jornada, pero la mayoría de los asistentes poco caso hicieron a los rescatistas como Eric.

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Coronavirus suspende su retiro

Eric planeaba dejar atrás los reproches de los bañistas que, en cada temporada vacacional, ahora también en medio de la contingencia sanitaria por coronavirus, desatienden las recomendaciones que les hace.

Pensaba alejarse del riesgo y solicitar su retiro en un mes, cuando cumple 40 años, para tomar su “vocho” y recorrer el país ganándose la vida con propinas que recibiría de las personas mientras posaba con trajes de cossplay, como lo hace en sus tiempos libres en fiestas locales como el Carnaval y las fiestas patronales de Santa Ana.

Pero la contingencia sanitaria retrasó sus planes, asegura que la información que recibió en la Dirección de Protección Civil Municipal, de amigos suyos que prestan servicios de rescatistas en otras partes del mundo, le hizo recapacitar sobre sus planes.

Sabe que no hay condiciones para iniciar un viaje y arriesgarse, reconoce que es un tema que le asusta, porque en su círculo familiar existen dos personas que forman parte de la población vulnerable, su mamá de 68 años y su hermano, quien padece diabetes.

“Es arriesgado, recibimos toda la información del gobierno y puedo decirles que el covid-19 es cosa seria”, cuenta al pie de una torre de vigilancia desde la que toca su silbato y se apresura para alcanzar a otro par de bañistas que bajan sobre el bulevar Vicente Fox decididos a ingresar al mar.

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Villa del Mar atiborradas de turistas

A unos 14 kilómetros de la Playa Santa Ana, se encuentra la Playa Villa del Mar, la más tradicional de Veracruz.

En el trayecto de una a otra se atraviesa la zona urbana de Veracruz y Boca del Río, cuyos límites territoriales fueron consumidos por restaurantes, bares y negocios.

En la línea costera se ven pocas personas caminando sobre las playas. Los banderines rojos enterrados en la arena se mueven al vaivén de la brisa, mientras la Isla de Sacrificios se ve en todo su esplendor, sin lanchas a la distancia, como es común en un fin de semana cualquiera.

Pero la imagen desolada se rompe al alcanzar Villa del Mar, en el municipio de Veracruz, los autos estacionados en ambos lados del bulevar Manuel Ávila Camacho dan señales de una playa atiborrada de personas.

La música de jarana se mezcla con el sonido local de las palapas donde se escucha salsa y reguetón, vendedores de volován, raspados y salvavidas ofrecen sus productos entre las mesas donde los palaperos sirven los platillos típicos a base de mariscos.

El gel antibacterial es ofrecido a los turistas sobre manos mojadas, algunos de ellos con cubre bocas, pero en mesas con poco espacio entre ellas.

Sobre los toldos y sombrillas de colores se ve la bandera roja del cierre de la playa que pasa desapercibido para los bañistas, lo mismo que dos anuncios colocados por el ayuntamiento de Veracruz donde se lee:

“No pongas en riesgo tu salud…recomendamos no asistir a lugares públicos con aglomeración de personas ante la situación que vivimos a nivel mundial con la pandemia COVOD 19.”

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