Xalapa, Ver.- Alberto cada mañana se monta a su taxi con algo seguro: habrá de conseguir, a como dé lugar, 250 pesos para pagar ‘la cuenta’ y unos 300 para gasolina. Lo que llegue después, si llega, será para su esposa y su hijo. ¿Qué pasa cuando la capital se queda desierta? 

Hay un dicho en Xalapa que versa “El que no trabaja en oficinas de gobierno trabaja en el Chedraui”. Pero, de repente, todos esos empleados -por exhorto de autoridades de Veracruz- se han quedado en casa para no contraer el virus covid-19, que en México ha cobrado la vida de dos personas y ha infectado a otros 316. 

“Xalapa se muere sin estudiantes, sin oficinas de gobierno y nos rematan con el cierre de antros. A uno le da miedo quedarse sin comer para la familia… ¿Y dicen que va para largo, ¿no?", Me pregunta el hombre de 50 años. Soy su único pasajero en las últimas dos horas de este 21 de marzo. Son las 23:45 horas y el centro xalapeño luce solitario. En silencio. 

Los capitalinos han acatado, en su mayoría, las recomendaciones de las autoridades de permanecer en sus hogares. También lo han hecho los dueños de antros y cantinas, quienes, por instrucción del alcalde Hipólito Rodríguez Herrero, cerraron sus establecimientos desde las 18:00 horas de este sábado hasta nuevo aviso. 

Alberto me cobró 35 pesos por una ‘carrera’ desde la Avenida Ruiz Cortines hasta los hotdogs de La Catedral, uno de los puestos más famosos en Xalapa. Mientras su carro avanza sin problemas de tráfico pone una canción de Salsa para aminorar su estrés que se ve en la manera que juega con sus dedos sobre la palanca. 

¿Le ha ayudado que la gasolina está más barata?, pregunto, iluso quizá. “Ni tanto. Hay que andar dando más vueltas para encontrar algún pasaje por ahí. Hoy salí a las 11:00 (son las 23:55 horas) y llevo 450 pesos por todo. Quítele 250 de la cuenta y 300 de gasolina. Todavía me faltan 100 pesos para cumplir la cuenta y ya de ahí lo que salga es para mí”, responde Alberto sin dejar de jugar con sus dedos sobre la palanca. 

¿Qué piensa hacer, no cree que pudiera llegar el momento que solo trabaje para pagar la cuenta? “Pues sí. Algunos patrones ya bajaron a 200 pesos la cuota diaria. Esta semana todavía me dio para sacar un poquito para mi familia, pero cuando vea que solo salgo a endeudarme pues mejor que ahí que se quede el carro estacionado. A buscarle por otro lado”, contesta cuando llegamos a mi destino. 

“Ni cuando la influenza H1N1 vendimos tan pocos jochos”

Son las 00:00 horas del 22 de marzo, y como algo inusual, no hay una larga fila esperando ser atendido en los “Hotdogs de la Catedral”, ubicados en contra esquina del Palacio de Gobierno. La baja circulación de peatones en Xalapa se puede medir en las bolsas de panes que aun cuelgan en el carrito con lonas de color amarillo y rojo. 

Una de las dos mujeres que atienen a la clientela (ambas portan cubre bocas y guantes de látex) se abstienen, tal vez por seguridad, a decir el número de hotdogs que en promedio venden cada viernes, que es el día más productivo para el pequeño negocio. “Haga cuentas, hay veces que acabamos todas las bolsas, no más mire cómo vamos”. 

Sobre un tubo de metal que sostiene la carpa del puesto se miran 16 bolsas con 16 panes. Si acaso se han vendido cuatro bolsas: 64 panes 320 posibles. “Está bien reventado el negocio. Ni con la famosa (influenza) H1N, en 2009, vimos tan poca gente en Xalapa”, dice la mujer mientras prepara un hotdog de chicharrón con piña; cada uno vale 30 pesos. 

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No hay serenatas ni cumpleaños. Está penco: Mariachis 

Las calles sin gente y el clima no mayor a los 20 grados me invitan a regresar a casa a pie. A lo largo de cinco kilómetros los escenarios son similares: trompos de tacos al pastor del local Tom Mix entero, pocas órdenes han despachado esta madrugada; vendedores de chicles y cigarros bostezan desde sus carpas a falta de clientela; la zona de bares en Los Tecajetes, cerrada. Nadie canta en karaokes, nadie bebe en los balcones, nadie compra flores en la calle, ni preservativos en las farmacias. 

La escena más triste de la noche la protagonizan cinco músicos del Mariachi Imperial de Xalapa. Unos afinan sus guitarras, vigüelas y violines en espera de un algún enamorado que quiera llevar serenata. Don Salvador manda a su compañero a comprar un refresco de Toronja para mitigar la madrugada. 

¿Cómo van las tocadas con esto del coronavirus?, pregunto. “Está penco, la verdad, pero qué nos queda”. El hombre de unos 60 años comparte que, desde el miércoles 18 de marzo hasta este domingo 22 han conseguido solo una tocada hasta Zempoala, Úrsulo Galván, a 75 kilómetros de la capital. 

Por una hora de música el mariachi cobró 3 mil 500 pesos. Dinero que se reduce a 3 mil (por el gasto de la gasolina) y que se divide entre cinco. Ese decir, cada mariachi ha ganado en promedio, 150 pesos diarios. 

“Normalmente en un día bueno nos hacemos dos tocadas. Ahorita no queda de otra; hay que aguantar. La gente se aprovecha de la situación y regatea más de lo normal. ¿Qué le queda a uno?, aceptar o nos vamos en ceros”, comparte don Salvador. 

Sobre tomar medidas de prevención, ni pensarlo, contestan en coro. Los seis se acomodan en un rincón de la acera a esperar un golpe de suerte. Vestidos de charro dan brillo a sus instrumentos, paradójicamente, en la entrada de la Secretaría del Trabajo de Veracruz.

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