Veracruz, Ver.- Es temporada de Cuaresma y la Plaza del Mar luce vacía, en un pequeño negocio de pescados y marisco está Rodrigo, rodeado de su producto que al parecer se quedará rezagado, pues lo único que lleva vendido son 100 pesos.

Al entrar a la Plaza del Mar se observa un panorama desolador, aunque es temporada de Cuaresma dentro del lugar solo hay vendedores y proveedores que descargan toneladas de hielo para mantener en buen estado los mariscos.

Las mesas de los restaurantes y fondas lucen desiertas unos cuantos comensales ocupan apenas tres de ellas, mientras que otras docenas de locales que se encuentran dentro están vacías, otras más son ocupadas por los mismos meseros quienes ya no encuentran qué más hacer y deciden matar el ocio con bromas entre ellos. 

Detrás de unos camiones que contienen hielo se encuentra Rodrigo, él tiene más de 30 años trabajando como comerciante desde que el antiguo mercado de pescadería se ubicaba donde ahora está el Centro Cultural Atarazana, su padre y su abuelo fueron uno de los fundadores de la Plaza del Mar.

Las bandejas se encuentran llenas con la mayoría de sus productos, son las 10:00 de la mañana y solo logró vender 100 pesos de los cuales 80 son para pagarle al proveedor que le surte el hielo.

Estas fechas deberían ser para los pescadores y vendedores temporadas altas para la venta de producto que extraen del mar, cada año la Cuaresma genera repuntes de entre 100 y 150 por ciento en las ventas.
Pero la contingencia por el covid-19 hizo que bajarán considerablemente, afirmó Rodrigo que atiende su local vacío.

“No hay nadie comprando por lo mismo, por el temor de ser contagiados, pero pues nosotros vamos al día, tenemos que estar trabajando”.

La pandemia ocasionó que Rodrigo despidiera a un empleado pues asegura que con lo que ganaba ya no le alcanzaba para solventar su sueldo y es que ni siquiera ha sacado lo del día.

Aunado a esto la gran cantidad de pescado, marisco y otros productos marinos que se echan a perder porque no se venden y por ende van a parar a la basura.

No es solo Rodrigo el que pierde, atrás de él hay una cadena de personas que han sido afectadas por las bajas ventas, familias enteras de pescadores, transportistas y de más personas que dependen de ese oficio, afirmó el entrevistado.

“Ellos también están batallando con la venta porque traen bastante pescado y al no vender tienen que volver a enhielarlo, guardarlo y es ahí donde empieza a perderse el negocio”.

Pero la vida sigue y tienen que llevar el sustento para la familia: “aunque esto signifique trabajar todo el día de sol a sombra y con las ventas reducidas como nunca”, dice Rodrigo.

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