Xalapa, Ver. - La contingencia sanitaria obligó a una familia de hondureños a permanecer varados en la capital del Estado. Su viaje hacia la Unión Americana, en busca del llamado sueño americano, tendrá que esperar por el coronavirus.

Llevan un año en México, pasaron ocho meses en la garita de Acayucan antes de obtener un permiso para trasladarse en el país. Desde hace un mes llegaron a la región de Xalapa, donde viven abusos y vejaciones a diario, eso los hace mantenerse recelosos cuando alguien se les acerca para platicar.

Para que migración les permita estar en la ciudad, debían ir a firmar cada lunes a las oficinas gubernamentales; pero tras la suspensión de labores por la contingencia sanitaria les informaron que tendrán que ir el próximo 20 de abril, cuando se supone se reanudará el trabajo de oficina.

Ya intentaron seguir su trayecto hacia el norte del país, solo que autoridades estatales los detuvieron y regresaron a Xalapa. Su permiso es solo por 4 meses, por lo que su futuro es incierto ante la contingencia por el covid.

Hace unas semanas lograron rentar un cuarto, el dueño les permitió quedarse a cambio de subir el costo del espacio por el simple hecho de que son migrantes. Pagaron mil 400 pesos que juntaron tras varios días de pedir apoyo en varias avenidas de la ciudad, entre ellas Murillo Vidal.

Antes de llegar a ese cuarto, una señora les rentaba un espacio, ahí el pago era por día. Para tener una cama para los cuatro integrantes de la familia, entre ellos dos niños de tres y ocho años, tenían que pagar 190 pesos, es decir, mil 300 pesos a la semana.

Si usaban la cocineta instalada en la casa debían pagar 30 pesos más cada ocasión que decidían a preparar de comer.

No conocen de calles o colonias, pero ya visitaron Coatepec, en dicho municipio les “echaron a la policía” tras calificarlos de parásitos.

En esa ocasión, narra Cristina, una persona le empezó a tomar fotos a sus hijos por estar pidiendo apoyo en una esquina; cuando ella se acercó para pedir que no los fotografiara, el individuo la insultó y escupió, por el simple hecho de no ser mexicana.

Cuando su esposo intervino en la plática golpeó al coatepecano, quien de inmediato lo reportó con la policía municipal. Para que no se los llevaran a la comandancia les dieron los 500 pesos que habían juntado en varios días.

La historia de los abusos es larga, en la Garita de Acayucan les quitaron los 5 mil pesos que traían “escondidos” en el pañal del menor de los niños, también los despojaron de su teléfono celular. Justificaron que, ante el cambio de guardia, se perdieron los aparatos.

Pasaron ocho meses en el municipio sureño y padecieron de todo, la comida es limitada, y sólo cuando llegan visitadores de la Comisión Nacional de Derechos Humanos o de organismos no gubernamentales, los trasladan a cuartos con clima, el resto del tiempo solo se les permite el uso de ventiladores.

Cuenta que a los migrantes de Cuba les dan mejores comidas, ellos pagan 25 dólares a la semana y les dan más alimento y lo que a ellos les gusta, al resto solo les dan un plátano o manzana, un pan y frijoles embarrados en los desechables.

Durante su estancia su hijo menor sufrió los estragos del calor, le salieron llagas en su cara y nunca le dieron medicamento; cuando llegó personal de la CNDH denunció el abuso, y le permitieron salir a un albergue que era administrado por un padre.

En el lugar robaron 500 pesos a otra migrante, lo que molestó al sacerdote quien decidió sacarlos a todos a media noche, pues no estaba dispuesto a albergar a “ladrones”, en esa ocasión regresó a la garita, donde estuvo algunos días más antes de que les dieran su permiso para seguir su trayecto al norte del país.