Cotzacoalcos, Ver.- Tiene 75 años de edad y un optimismo que rechaza el quedarse a descansar. Su nombre Dula Enríquez García, una mujer que dejó su puesto de antojitos para comenzar a maquilar cubrebocas que regala a las personas sin pedir nada a cambio.

 “La idea nació porque dejamos de vender por el coronavirus, y pues la verdad me aburre sin estar sin hacer nada y le dije a mi hija Yara que es la que siempre me ayuda a estar inventando cosas, porque no hacemos cubrebocas para regalar a las personas pero no pensé que esto se saliera de control porque estamos saturadísimas”, cuenta la señora.

Y no es para menos, pues sus diseños fueron cada vez más solicitados por los porteños.

Al grado de que en un día le han llegado hasta 50 solicitudes de personas que piden cubrebocas.

Trabaja en su maquina Singer a la que considera su gran compañera desde hace 40 años, cuya antigüedad se reflejan en el oxido de los pedales que sube y baja nuestra sastre.

 “Me la llevo tranquila, me estreso un poco cuando la gente esta aquí que ya me están pidiendo y a veces creo que se molestan, pero les digo que me tengan paciencia porque no me considero vieja pero a mi edad ya no estoy tan rápida como cuando tenía 20 años”

Maquila 45 cubrebocas por día

Viste blusas de manta bordadas y faldas que en ocasiones confecciona ella misma, para andar cómoda. Tiene que ocupar lentes para ver donde se mete el hilo de color blanco o de acuerdo al diseño de los tapabocas.

Yo le decía a mis hijas que el problema es que estamos usando diferentes colores de telas y tengo que estar cambiando el hilo a cada rato, por ejemplo este le puse bies verde y tuve que cambiar el hijo blanco”, explicó.

Su sala se convirtió en su taller donde diariamente elabora hasta 45 cubrebocas. Por lo que ha hecho mano de  tres de sus hijas quienes le ayudan en esta noble acción.

Yara es su mejor aliada por que esta al pie del cañón ayudando en lo que puede:

 “Pues soy así como un comodín: voy a comprar materiales, me toca marcar, cortar y hasta estar en la cocina, limpiar o barrer”, expresa la hija de doña Dula.

En ocasiones para por falta de materiales

Mientras trabaja sentada en su silla frente a su maquina, señala que su materia prima es la tela de algodón -por ser más suave-, bies blanco e hilo; pues sus cubrebocas son de doble tela.

Aunque en ocasiones se le termina el material trata de conseguirlo con recursos propios.

 “Pues es que no quiero que se vea feo, cuando menos que luzca bonito, que el coronavirus vea que no le tenemos miedo”

No pide nada de la sociedad, pero estamos seguros que con gusto recibiría la materia prima para seguir diseñando cubrebocas o hasta una nueva maquina de cocer.

Pues sin duda es un ejemplo a seguir, pues esta segura que si sus ventas de antojitos se perdieron por culpa del covid-19, las bendiciones se han duplicado.

“Yo mientras esto siga y tenga la oportunidad voy a seguir haciendo y ayudando a los que necesiten, hasta que mi maquina ya no aguante”, finalizó.