Xalapa, Ver.- Las banderas rojas son visibles desde lejos, la voz corrió rápido entre los xalapeños que viven al día. El gobierno municipal ofreció despensas para hogares en condición vulnerable. Unas horas después ya había decenas, centenas de trapos colorados colocados en las humildes fachadas.

La crisis económica desencadenada por la pandemia de covid-19 ha agudizado la necesidad de miles de capitalinos que no tienen cómo mantener a sus familias; madres, hijos, abuelos, todos pide auxilio.

Casi cualquier apoyo podría hacer la diferencia en esta época que ha obligado a cerrar comercios y resguardarse en casa a quienes pueden hacerlo.

A un mes de declarar la emergencia sanitaria quienes viven al día vendiendo comida, verduras o trabajando en la calle ya no saben qué hacer para subsistir.

TOMAR CLASES VIRTUALES SIN DINERO PARA PAGAR LA LUZ 

Elizabeth Morales Solana, de la Reserva Territorial, subsiste de la venta de volovanes, pero los ingresos resultan insuficientes para lo más elemental, incluso para acceder a la educación "gratuita" a distancia que ofrecen las autoridades.

Con la crisis, no puede comprar tiempo aire para su teléfono celular y por lo tanto su hijo Kevin Saúl, estudiante de bachillerato, no puede cumplir con las actividades en línea.

“La gente a veces se burla de uno: entre más jodida esté una más te quieren humillar. Yo que vendía volovanes, pero ya no por la pandemia. ¿De dónde voy a agarrar para comer? Mi hijo que va a la prepa le encargan tarea, ¿de dónde sacamos?”, se cuestiona.

Cada semana raciona 50 pesos para comprar los datos móviles del teléfono para la educación de Kevin, inscrito en el segundo semestre de preparatoria en un plantel de la Reserva Territorial, donde ambos residen, pero esa acción tiene sus consecuencias. 

Aunque el resto de los estudiantes provienen de hogares en vulnerabilidad, los docentes igual sobrecargan de tarea y exigen actividades, consultas en internet, con horarios estrictos que la mayoría no puede seguir.

“Mi hijo se duerme a las 12, una de la mañana, va a la Reserva Territorial, pero todos los maestros, diario encargan tarea y la deben mandar por el celular”, lamenta.

Dijo que las personas simplemente le dejaron de comprar volovanes por el miedo de “contaminarse”, y con la suspensión de clases en el bachillerato ya no hay más ventas ni ingresos.

Sin tener dinero para pagar la luz, sólo confía en juntar dinero para liquidar el adeudo, pero le preocupa el anuncio de que el confinamiento en casa continuará un mes más.

Y es que ni el apoyo de Prospera sirvió en esta ocasión porque a Elizabeth le robaron su cartera con todo y tarjeta del Bienestar. Se quedó sin nada y sin artículos para empeñar.

“No nos vamos a morir de la enfermedad, nos vamos a morir de hambre, y eso espera el Gobierno: que nos muramos de hambre”, dice.

SÓLO HAY PARA TORTILLAS

Leonor Aguilar, de 70 años, vecina de la colonia La Ermita, apenas subsiste de las pocas ventas de dulces y de ropa. Con sus bajos ingresos, sumados a la pensión de adultos mayores que recibe intenta sostener el modesto hogar compartido con su hija, quien es víctima del desempleo y la desesperación por no tener cómo mantener a su propia hija.

"De ahí voy sacando para las tortillas, porque no da para más cosas", cuenta. 

Ella permanece a la expectativa de los anuncios prometidos tanto por el Gobierno de Veracruz como por el ayuntamiento de Xalapa para obtener apoyos, por eso puso su bandera como quien espera ser rescatado.

"Procedimos los vecinos (a anotarnos) y todavía no hay nada y de esto ya tiene cuatro días, no ha venido nadie; aquí me voy apoyando con un poquito de dulce o de ropa, de los niños que vienen, pero casi no hay venta".

El alcalde de Xalapa, Hipólito Rodríguez Herrero, anunció en la más reciente sesión de Cabildo que se trabajará en la integración de un padrón para entregar despensas en los domicilios de aquellos sectores de la sociedad en situación de vulnerabilidad por la pandemia.

Sin embargo, los habitantes en las colonias ignoran cuándo entrará en funciones tal acción del Ayuntamiento.

"En esta casa somos tres mujeres: mi hija, mi nieta y yo; mi hija es madre soltera, ahorita no tiene trabajo por lo mismo de lo que está pasando, no tiene trabajo y ya va más de un mes".

Dijo que su hija decidió renunciar al trabajo para no exponer a su madre ante un crecimiento de la pandemia. Pese a la situación de desempleo de su hija, y que la familia vive "al día", Leonor confía en que van a "salir de esto".

"Voy sacando de a poquito para las tortillas, los frijoles, para lo más necesario y ni modo, vamos a salir con esto porque no hay más".

BUSCA RENTA BARATA

La lucha por la supervivencia para algunos se limita a tener frijoles y tortillas para comer diariamente y “rogarle a Dios” para no enfermarse porque entonces no habrá para pagar la renta.

Rosario López tiene 78 años, vive en la colonia Ampliación de la Reserva Territorial junto con su esposo. Él tiene un pequeño puesto de verduras en la Central de Abasto y ella vende desde su hogar algunas cebollas, unos cuantos limones y un par de calabacitas que espera sean suficientes para abonar a la renta de mil pesos que con la crisis generada por la pandemia es cada vez más difícil de pagar.

Charito cuenta que su esposo ya casi no vende su verdura, pero no puede darse el lujo de atender las recomendaciones de las autoridades como quedarse en casa; él debe salir diariamente para poder vender lo que se pueda.

Aun así, la pandemia provocó que tengan que "apretarse el cinturón" y eliminar por completo la carne porque su precio resulta costoso para esta pareja de adultos mayores que colocaron afuera de su casa desde hace una semana una bandera roja. 

"Ya casi no se vende, pero lo que se pueda vender. Ahorita mi señor trabaja en la central y ahí vamos ayudándonos, si queremos un poquito de carne mejor nos aguantamos para pagar la renta, si queremos algo, mejor no. Vino una señora que me dijo que poniendo una bandera roja nos podrían socorrer".

Este mes, cuando los casos en Veracruz ya suman más de 400 positivos a coronavirus, la pareja piensa en hacer la segunda mudanza en menos de un año.

A la carencia de ingresos para comer, se suma la imposibilidad de pagar mil pesos de renta de su vivienda, por ello buscan algún lugar que resulte más barato.  

"Vamos a buscar una casita más económica para pagar más barato porque con todo esto es más difícil. No sé qué sea eso de ingresos, pero sí recibimos menos dinero porque no gana como antes, tiene un puestecito chiquito para vender, pero no vende". 

El rezo de Charito es no enfermarse y que sus caseros les cobren un poco menos para poder permanecer en este sitio porque como tantos otros adultos mayores no reciben apoyo de nadie. 

"No tenemos quien nos ayude, mis hijos tienen a su familia, a hijos chiquitos y no pueden por la situación, ellos van sacando lo de su comida. Con una despensa que nos entreguen yo digo que nos ayudaría".

También pide no enfermarse aún más, da gracias a Dios por poder caminar y seguir vendiendo, pero teme que alguno se enferme y tengan que pedir dinero prestado.

"Ahí andamos, enfermos, pero dentro de lo de cabe bien, podemos caminar, podemos andar. Vamos a buscar un cuartito económico. La semana pasada puse la bandera, pero no ha venido nadie, yo ya no me quiero ni acordar del virus porque se oyen tantas cosas y ya solo le pedimos a Dios que nos cuide porque no hay otra cosa".

Mientras tanto, Charito ve llegar diariamente a su esposo, quitarse lo que cubre su rostro, algo así como un cubrebocas improvisado y meterse a bañar, porque ha escuchado que eso ayuda a no contagiarse.  

"Mi esposo sí se pone algo para cubrir su boca y al llegar se quita la ropa y se baña y se pone ropa limpia. Necesitamos dinero y por eso él sigue yendo a trabajar, necesitamos comer. A mí me gustaría que no saliera, pero tiene que ir como dice él para ganar para las tortillitas o los frijolitos".

“DICHOSOS LOS QUE YA SE FUERON A DESCANSAR”

“Uno no tiene ni qué comer, estamos sufriendo mucho”, relata doña Hermila Platas, persona de la tercera edad, diabética, hipertensa y afectada con la crisis derivada del coronavirus.

Para la comida del mediodía se animó a comprar frutas y legumbres a un costo de 25 pesos, pero ya marchitos y aunque al principio le pareció buena idea, después tuvo miedo de enfermarse debido al mal estado de los productos y decidió tirarlos. 

“Todo estaba bien podrido, compré la verdurita esa que estuvieron vendiendo, pero está bien fea y no le voy a dar eso a mis niños”, explicó.

Ella comparte la casa con su hijo, la esposa de este y un bebé, así como una joven madre de dos niños, viuda de otro de sus hijos.

“Dichosos los que ya se fueron a descansar, ¿pero nosotros? seguimos aquí robando oxígeno. Ya no sabe uno qué hacer, ¿qué es lo que quiere el gobierno? ¿Que nos muramos de hambre? porque los niños tienen su mamá, yo soy viuda, mi hijo me lo mataron hace cinco años, a mi hijo de 20 años, me lo secuestraron y lo mataron. 

Una persona les aconsejó enarbolar una bandera roja para pedir ayuda afuera de su casa, sin embargo, a más de 8 días, no existe respuesta alguna.

CAJAS DE LECHE SIRVEN DE PAREDES

La crisis condujo a Carmen Flores y a su familia a mudarse a la casa del padre de su hija, Reyna Paola, de 32 años, en la colonia Ampliación Reserva Territorial.

Para lograr tener una casita, usaron láminas y cartones de leche para dividir el nuevo hogar. Poco a poco comenzó la familia a despojarse de sus bienes. En el empeño, recibieron mil pesos por un televisor digital.
Además, deben más de tres mil pesos en préstamos para pagar servicios: 800 pesos de luz y 200 pesos de agua potable.

Esto generó que tomaran medidas para gastar menos e intentar ahorrar más: Carmen racionó la comida para todos y en el caso del pan lo deja secar para hacerlo rendir.

Además, prepara cazuelas enteras de espagueti para comerlos con frijoles. Carne, pollo o pescado ni siquiera se contemplan en la comida del día.

“Compro papa económica, tomate económico, el pan se va guardando porque el niño (su nieto) me pide pan y a ver cómo me las veo para cambiarlo, le voy haciendo atolitos, y pues pide su lechita, (…) voy a ver qué encuentro para comprar barato”, dijo.

Aparte de dolor en las piernas y en los pies, sufre de colesterol alto, aunque por la falta de trabajo no tiene ni para pagar el agua o la escoba que se rompió. 

En el caso de Reyna Delgado, al principio de la pandemia le avisaron a su esposo Ricardo García Flores de la interrupción de la obra donde trabajaba de ayudante de albañil.

Y desde entonces, la familia, integrada por ella, su marido y dos niños, “estiraron” un ahorro de mil pesos para subsistir. Eso significó empeñar “unas cositas” para salir: un televisor y un teléfono.

“Tratamos de gastar lo menos, compramos tortillas, sopita”, explica mientras afuera de su vivienda colgó un delantal rojo, ante el corrimiento de la voz de los apoyos a las viviendas con este distintivo.

Admitió que muchas personas colocaron un señuelo rojo en el resto de la colonia, pero al no recibir una respuesta, algunos ya han comenzado a retirarlos.

PRIMERO LOS POBRES; AYUNTAMIENTO PROMETE DESPENSAS SIN INTERMEDIARIOS 

El pasado 21 de abril, en Sesión de Cabildo, el presidente municipal de Xalapa, Hipólito Rodríguez Herrero, delimitó un plan de asistencia alimentaria por medio de la entrega de 4 mil despensas para igual número de viviendas.

Para dispersar los apoyos, el edil explicó que el municipio daría prioridad a las familias pobres.

“Se están haciendo padrones y vamos a buscar un método para que la familia que requiere coloque una bandera roja en su domicilio para entregar una despensa, (...) ante la parálisis de la economía es prioritario apoyar a los más vulnerables, y vamos a hacerlo. Nuestra prioridad es atender a los pobres en primer lugar, primero los pobres y la mayor parte de los recursos que vamos a destinar es a los pobres”, enfatizó.

Planean entregar despensas que en promedio se cotizan en 250 pesos con arroz, frijol, atún, aceite y jabón, entre otros productos.

“Si se la diéramos a 4 mil personas, sería un millón de pesos y lo que estamos proponiendo es entregar 4 mil despensas, (…) y si la entregamos a 4 mil hogares implica un millón de pesos, ahora bien, hicimos un análisis con Finanzas para adquirir esa cifra: 4 mil despensas”.

Pese a ello reconoció que hay más necesidad que cuatro mil, sin embargo, esta cifra es la propuesta para no dañar los límites financieros del municipio.

Reconoció que en este momento los boleros, meseros, taxistas, los tianguistas representan los sectores de más vulnerabilidad y abundó que el propio municipio integró padrones para definir la entrega de despensas.

Admitió que más de la mitad de los habitantes de Xalapa, es decir 300 mil personas, dependen de la informalidad, y este es el de mayor necesidad.

“Son sobre todo las mujeres jefas de hogar las más afectadas con la pobreza y a ellas vamos a apoyar en primer término, a las jefas de hogar con niños, con jóvenes y esas jefas de hogar pueden ser trabajadoras domésticas, asalariados, ambulantes, vendedoras de comida en la esquina”.

Excluyó de los apoyos a los “líderes clientelares” de los movimientos de vendedores ambulantes.

“Son como gánsteres, perdieron protección, perdieron su clientela y a esos líderes no les voy a dar nada, porque esas personas abusan de la gente más humilde y porque les cobran por usar el espacio público”, dijo y anunció que acudirán directamente con los ciudadanos para entregar los apoyos.

Este martes 28, el Ayuntamiento de Xalapa anunció el inicio de la distribución de 5 mil paquetes de asistencia alimentaria a igual número de familias previamente inscritas en un padrón elaborado por las direcciones de Participación Ciudadana y Desarrollo Social.

Las despensas incluyen jabón de tocador, jabón para lavar ropa, sopa de pasta, arroz, frijol, leche, galletas, atún, aceite, papel higiénico y café soluble, así como cinco litros de agua embotellada donadas por el Grupo Coca-Cola Femsa.