Coatzacoalcos, Ver.- A los 37 años de edad, Ricardo y Michelle se convirtieron en padres. Él era DJ y ella maestra de Yoga. Los dos murieron acribillados al interior del Hotel Revolución, en Coatzacoalcos, donde pretendían inaugurar un centro de diversión nocturno pasada la contingencia por covid-19.

Ricardo Armando Medellín trabajaba en uno de los Complejos Petroquímicos de Petróleos Mexicanos (PEMEX) en la zona industrial de Coatzacoalcos, mientras que Michelle Velázquez era instructora de yoga con un negocio personal. A ambos los unía su afición por la música electrónica con la que se despidieron el día de su muerte, cuando un comando armado irrumpió durante una transmisión de Facebook que prepararon con varios días de anticipación.

Era una noche solitaria en el Puerto de Coatzacoalcos. La contingencia sanitaria por el covid-19 generó el cierre de bares, cantinas y antros de la ciudad. Pasadas las 22:00 horas Ricardo y Michelle iniciaron una transmisión en vivo, ellos mezclaban música sobre una tornamesa adornada con luces rojas de led. 

A los los 14 minutos de una segunda transmisión, cerca de las 22:30 horas, hombres armados ingresaron por la fuerza al hotel Revolución, que se ubica en la colonia María de la Piedad, en el primera cuadro de la ciudad. 

En el video se observa cuando Michelle cae tras recibir impactos de bala, mientras que Ricardo se tira al suelo y empuja la barra para después intentar correr o quizá abalanzarse contra uno de los agresores. Cayó sin vida a unos tres metros de su esposa. Otras dos personas resultaron lesionadas que acompañaban a la pareja finada. 

Una pareja de lucha con proyectos profesionales 

La noticia de su asesinato corrió a la velocidad de las redes sociales. Muchos hablaban de un nuevo ataque armado en Coatzacoalcos, esta vez lo confirmaban amigos y conocidos de Ricardo y Michelle. “No puede ser”, comentaban. 

Quienes conocían a esta pareja, los describen como trabajadores, siempre pensando en proyectos juntos. Se les veía tomados de la mano y bailando si había música en cualquier lugar. 

“Yo conviví mucho con ellos, aunque más con Ricardo pues estudiamos juntos la preparatoria y desde ahí hicimos amistad. Te puedo decir que era a toda madre, muy amigable, era loco y aventado, pero jamás se metía a pelear o buscar problemas con las personas y de ella pues siempre la vimos a su lado, pero desde que tuvieron a su bebé trató de estar apegada a la nena”, dijo un amigo.

Michelle era la hija del dueño del Hotel donde se registró el doble asesinato. Una mujer de tez clara que desde muy joven practicaba yoga, disciplina que le permitía, como ella decía “en alineación al sol”.

Tanto era su amor por el yoga que cuando se vio obligada a cerrar su escuela de nombre “Om Ganesha Yoga”, decidió impartir clases vía Facebook live, donde siempre invitaba a las personas a estirarse y respirar.

Ricardo era persona extrovertida desde muy joven, dice uno de sus amigos que le ayudaría a conseguir equipo de audio para su centro nocturno que él mismo pretendía amenizar y que llevaría el nombre de Who om Who.

“Yo nunca supe que tuvo diferencias con algo y ahora menos pues andaba muy emocionado por ser papá”, expresa.

Ricardo transmitió a Michelle su pasión por la música electrónica que fue testigo de sus últimos respiros. Una pareja que deja en la orfandad a una pequeña de medio año de nacida y que crecerá sin el amor con el que sus progenitores la procrearon.