Veracruz, Ver.- Martín dice que ya perdió la cuenta de cuántos cuerpos le tocó recoger en hospitales de Veracruz durante la emergencia sanitaria por covid-19, entre casos sospechosos y muertos por esta enfermedad.

Negarse a la súplica de familiares para que les conceda ver el cuerpo de su ser querido antes de cremarlo, para reconocerlo y despedirse, hace que su trabajo sea más difícil.

Asegura que, en estas últimas dos semanas, desde que inició la fase tres por contingencia en el país, el servicio por cremación en la funeraria donde trabaja incrementó.

La última cifra que tenían registrada de sospechosos y decesos por covid-19 en la funeraria en la que trabaja, había sido de 80 cadáveres.

"En estas últimas dos semanas el horno de cremación estuvo trabajando todos los días y no tuvo ni un horario libre, tuvo ocho cremaciones en un solo día, tomando en cuenta que dura tres horas el proceso, estuvo realmente espantoso", comentó que estos decesos fueron entre casos sospechosos y confirmados.

PERSONAS SE NIEGAN A QUE SUS FAMILIARES SEAN CREMADOS

Lo primero que hacen antes de entrar al hospital donde ocurrió el deceso es explicarles a los familiares de la víctima el procedimiento que se utiliza para recoger el cuerpo.

El punto más importante en el protocolo es que no podrán ver el cadáver, ni despedirse, comenta Martín.

La mayoría de estas personas si no es que todas se niegan en un principio a que sus familiares sean cremados y más sin concederles ni un minuto para darles el último adiós a sus seres queridos.

"Todas las familias nos piden que abramos las bolsas para identificar el cuerpo, pero nosotros nos negamos por cuestiones de seguridad, tanto para ellos como para nosotros", dijo Martín.

Comentó que los primeros cuerpos que le tocó recoger fueron los más difíciles, ya que los familiares se habían puesto violentos, al grado de llegar a agresiones físicas.

Parte de su trabajo se convirtió en lidiar con ellos hasta convencerlos de no abrir la bolsa, ni acercarse al cuerpo.

"Yo los entiendo, pero lo que les digo es que se pongan en mis zapatos, si yo permito que ellos abran esa bolsa yo los arriesgo de forma irresponsable a un contagio y también a mí, nosotros tenemos familia gente que nos espera en casa", narró.

Algunas personas lo asimilan más rápido, mientras que otras siguen en la negación, pero al final lo aceptan.

NO CREÍA EN EL COVID-19

Martín entró a trabajar en el mes de enero cuando la pandemia por coronavirus SARS-CoV-2 apenas estaba esparciéndose en todo el mundo, mientras que en México aún era desconocida.

En ese entonces comenta que era uno de los que no creía que la enfermedad fuera real, hasta que se topó de frente con la muerte y su primer cuerpo sospechoso de covid-19.

La primera vez que a Martín le tocó recoger uno de estos cadáveres él y su compañera ignoraban la situación debido a que no les habían dado la información suficiente de cómo realizar el proceso de recolección del cuerpo.

Ahora el protocolo cambió y el uniforme que portan también, debido a que están en constante contacto con los cuerpos es indispensable portar un traje especial para que no lleguen a tocar directamente el cadáver.

"En ocasiones los cuerpos son tan pesados que no solamente los cargamos, sino que nos vemos en la necesidad de abrazarlos porque pesan demasiado y no es tan fácil de manipularlos", narró.

Durante ocho horas viste el traje que los protege, pero que también los desgasta y llegan momentos en el que los ahoga por causa del calor que hace en el puerto de Veracruz; no pueden ir al baño y ni siquiera tomar agua durante las ocho horas que dure su turno.

Cada vez que se pone el traje lo invaden los nervios de saber que quizás ese sea el día en el que se pueda contagiar.

DEJÓ DE VER A SUS HIJOS COMO MEDIDA DE PREVENCIÓN

Lo más difícil de su trabajo es que tuvo que dejar de ver a sus hijos al igual que la mayoría de sus compañeros, quienes por medidas de prevención dejaron de visitar a sus familiares para tratar de protegerlos lo más que se pueda.

"Yo cuando tengo contacto con un cuerpo procuro no verlos en una semana mínimo, pero anteriormente me tocaba un cuerpo cada semana o cuatro días, entonces tenía un poco más de contacto, pero a partir de estas dos semanas tiene rato que ya no los veo", agregó. 

Pese a que lleva poco trabajando en esa funeraria ya conocía el ambiente de trabajo, pues años atrás había trabajado en ese ámbito y señala que en aquellos años el punto de recolección eran los forenses.

Debido a las ejecuciones que ese momento se estaban dando en el puerto de Veracruz, fue ahí donde se acostumbró a convivir con toda clase de cuerpos, pero argumenta que la situación que se está viviendo en estos momentos es mucho más angustiante y pesado, debido al riesgo constante contagio.

Según datos de la Secretaria de Salud de Veracruz hasta el día de ayer 10 mayo se tenían registrado la muerte por covid-19 de 123 personas en el estado, siendo el puerto de Veracruz el municipio con más defunciones (33), seguido de Coatzacoalcos con 21.