Xalapa, Ver.- El olor a piel de los aparadores repletos de botas, chamarras, cinturones y carteras inunda al pueblo de Naolinco luego de que las ventas cayeron en un 80 por ciento en este municipio que por décadas se ha ganado una fama nacional por la producción artesanal de calzado y su gastronomía típica.

El municipio, que recibe a los foráneos con la efigie de un zapatero en su labor, está paralizado por las medidas de sana distancia a consecuencia de la pandemia de covid-19.

Ello implica la caída total de la economía del lugar: los restaurantes perdieron casi el 100 por ciento de sus ventas y los fabricantes sólo venden entre un 15 y un 20 por ciento respecto a años anteriores, de ahí que los talleres operan a un mínimo de su capacidad.

A más de dos meses de la suspensión de actividades prioritarias, los naolinqueños también padecen una serie de problemas que ya se agravaban desde antes de la contingencia, entre estos la falta de agua potable, el escaso presupuesto del Ayuntamiento para la población vulnerable y el desplazamiento del producto local por importaciones chinas.

E-Consulta Veracruz pudo constatar en Naolinco los efectos de la crisis derivada del covid-19, en donde algunos empresarios recortaron personal, otros cerraron de manera definitiva sus establecimientos y en otros más los fabricantes atienden personalmente a los clientes, cuando anteriormente se disponía de personal para despachar en los locales.

Y aunque en todo el país el gobierno federal implementó apoyos emergentes a causa de la pandemia, para muchos artesanos en Naolinco es complicado reunir los requisitos para acceder a estas ayudas.

Pese a las medidas implementadas por las autoridades locales, los productores de calzado abren sus negocios con la esperanza de que lleguen compradores; aunque la reactivación no comienza.

“NO HAY DINERO NI TRABAJO”

Para Héctor Manuel Arcos Martínez, propietario de la Zapatería Arcos y con 30 años en el negocio, la situación es insostenible debido a la falta de turistas en las calles.

“La crisis es a nivel mundial y lógicamente en el pueblo la padecemos; nosotros vivimos del turismo y este anda por los suelos y la economía anda muy baja; en el pueblo existe mucho desempleo y pega la crisis, relató.

Por lo tanto, para compensar la venta de la bota o el botín, en la zapatería de Héctor se incluye la venta de sombrero ranchero como complemento, además de carteras, cinturones de piel y billeteras de calidad.

Y aunque Héctor Manuel no despidió personal, a los pocos empleados de la plantilla les encarga "poquísimo" trabajo debido a la caída en las ventas que a la fecha siguen en un 80 por ciento.

“Hemos estado batallando grandemente porque hemos tenido que reducir la producción de calzado y lo que estábamos haciendo no podíamos seguir produciendo por la baja de ventas y se acababa la liquidez para pagar a los empleados”, señaló.

En su caso emplea a dos personas en el mostrador de sus dos zapaterías y entre 12 a 15 artesanos en un taller, en donde trabajan a destajo.

“Aquí se le paga al trabajador por lo que va haciendo, no por semana, sino por lo que hace el trabajador, y al reducir el trabajo se ve mermada la economía de ellos y la nuestra también”.

Aunque el calzado sostiene la economía de Naolinco, Héctor Manuel Arcos explica que los visitantes igual consumen en los restaurantes locales y compra productos típicos de las panaderías y carnicerías.

"Todo el pueblo está preocupado, hay mucha preocupación, pero está volviendo la nueva normalidad gradualmente, muy lentamente porque el pico de la pandemia todavía está".

A lo anterior admite que los empresarios no descartan solicitar créditos al Gobierno Federal o Estatal; sin embargo, las propias autoridades imponen muchos requisitos, sumado a la lenta burocracia.

“Todo el mundo comenta lo mismo, no hay dinero, no hay trabajo y el Gobierno la verdad no ha ayudado”.

DE MESAS LLENAS, A UNOS CUANTOS CLIENTES

Antes de la pandemia, cada domingo el restaurante Conchita, con 55 años de tradición, se saturaba con comensales, al grado de requerir un mínimo de 30 empleados para atender las mesas.

Tras las medidas de sana distancia, ahora se mantienen 10 meseros y meseras, así como cocineros, quienes toman los pedidos de los pocos comensales. A decir de la dueña del restaurante, Concepción Velázquez Olmos, los propios trabajadores sufren todavía más la falta de ventas.

“No tenemos venta y los que están sufriendo son los empleados, mire ahorita los que tengo: 5, cuando vienen 20, 25, el domingo eran más de 30 y ahora solo diez u 8, y para que queremos más si no hay venta”.

Observó que en caso de los empleados de Gobierno, cuentan con “una cachadita” para sobrellevar la parálisis económica, no así los empresarios que destinan sus ahorros para cumplir con las obligaciones de nómina y tributarias.

“Como decía un señor que ya murió: hay que ir sacando los costales para esto”.

Para doña Conchita, no es opción dejar sin sueldo a los empleados, porque esto desencadenará un problema mayor.

“Le digo a mi hija: 'no podemos dejarlos sin un peso a la semana, porque les enfrentamos a que roben o hagan averías para poder sobrevivir'”.

Calculó que las ventas cayeron un 100 por ciento y de ejemplo, citó que cada domingo los clientes hacían fila para conseguir mesa. 

“El domingo que pasó apenas tuvimos 11 mesas", lamentó Conchita al borde de las lágrimas.

A lo anterior agregó el problema de la falta de agua potable en el municipio, pues en Naolinco pasaron 15 días sin una sola gota y la poca que llegó después del bombeo de la comisión de agua sirvió para llenar unas cuantas piletas, pero estaba llena de suciedad y turbia.

“Ya la gente sacó la broma de que no nos enfermamos (de coronavirus) porque nos bañamos con agua sucia”, reprochó la restaurantera criticando el desempeño del alcalde Roberto Carlos Reyes Aguilar para solucionar el problema.

"Y mire que agua. De verdad no le da vergüenza al presidente. Si yo fuera él, mejor me metía debajo de mi cama y en toda mi vida no volvía a salir (...). Yo no peleo más que nada el agua en Naolinco”.

Recordó que el año pasado, la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento le solicitó un pago 19 mil pesos por el servicio, cuota que se negó a pagar, precisamente por el pésimo suministro.

“Entonces tuvo que venir mi yerno de Xalapa a hablar con ellos, porque si no tenemos agua ¿qué les vamos a pagar? Compré 42 pipas de agua, de a mil pesos, no más de enero a septiembre, todavía en septiembre compramos y ese dinero, quién me lo repone y todavía me quiere cobrar el servicio”, expuso.

OTRO GOLPE QUE VINO DE CHINA

De enero a noviembre del año pasado, México importó de China 13 millones 346 mil dólares de calzado chino, mientras para el mismo periodo de 2018, estas compras sumaron 7 millones 889 mil dólares. Es decir, la importación de calzado continúa en incremento, mientras la industria mexicana experimenta una continua invasión de tales productos.

Lo anterior, se traduce en una pérdida paulatina de empleos y esto se refleja en los índices del mes de marzo del Programa de la Industria Manufacturera, Maquiladora y de Servicios de Exportación (IMMEX) de acuerdo con el informe del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Las cifras del Instituto muestran que la industria del curtido y acabado de cuero y piel, y fabricación de productos de cuero, piel y materiales sucedáneos reportó una pérdida de 275 empleos con respecto al mes de diciembre de 2019.

De este modo registró en diciembre de 2019 una plantilla de 23 mil 627 personas, misma que cayó a 23 mil 352 en marzo de 2020 con el inicio de la Jornada Nacional de Sana Distancia.

Pese a la reducción de trabajadores, la carga de trabajo aumentó, al crecer las horas trabajadas de 4 mil 008 a 4 mil 456 de diciembre a marzo y las remuneraciones del personal disminuyeron de 14 mil 040 pesos a 12 mil 996 pesos por cada mes.

A nivel local, de seis años a la fecha, el comercio de calzado en Naolinco disminuyó debido al desplazamiento de mercancía China, explica Gerardo Olivares.

“Acá hay diferentes precios, diferentes mercados, manejamos un mercado económico al mayoreo y el mercado al menudeo se eleva más su precio, de hecho, esta zona es más barata que la principal, la calle Lucio, pero en sí es de 150 pesos la diferencia en precio”, explicó.

Gerardo y su familia acumulan una experiencia de 40 años en el negocio, primero al trabajar para un fabricante, y después decidieron emprender su propio negocio.

Mencionó que la venta de zapatos en Naolinco es de 50 a 70 pares de manera semanal, cuando en otras épocas esos números podían registrarse en un día.

“A veces ya no te da la economía para comprar herramienta nueva, herramienta más moderna para hacerlo, no se puede”, indicó.

Refirió que la mayoría de los compradores de calzado de Naolinco provienen de diversos puntos del país, pero los consumidores de municipios aledaños viajan a la cabecera en busca de botas de trabajo.

“La gente, obvio no viene porque hay restricciones ahí en sus ciudades, en sus pueblos”.