Coatzacoalcos, Ver.- Faltan cinco minutos para las 16:00 horas y Juana corre al último edificio de la colonia Playa Sol, sabe que don Hermilo, su padre, tiene hambre y no puede esperar.

En el balcón del departamento ubicado en la parte más elevada ya lo aguarda el hombre con canas, listo para soltar la cuerda para que Juana amarre la bolsa que contiene los trastes con comida. 

Hay viento y a Juana se le olvido peinarse por lo que con una dona se hace una trenza en el cabello, importa más amarrar bien la bolsa reutilizable de color roja para que no se vaya a regar la comida. 

“Ponle doble nudo hija, y ya me dices cuando jale”, le grita don Hermilo desde el cuarto piso donde se ubica su pequeño departamento. 

“Listo, jala con cuidado pa”, responde Juana tras revisar que los nudos sean resistente y Hermilo tira de la cuerda para subir su comida de este día: pollo frito, uno de sus platillos favoritos por la forma en que su hija lo prepara. 

Don Hermilo Álvarez ya rasga los 70 años y es hipertenso por lo que se ubica en el sector vulnerable ante la pandemia del covid-19. Por ello Juana prefiere cuidarlo y le pide que no salga, comprometiéndose a que le llevará todo lo que necesite.

“Él siempre está en casa ya vive sólo y pues si hay que cuidarlo porque pues ahorita la situación está difícil con esto del coronavirus, y pues a él le gusta estar en casa, no hace por salir”, afirma Juana Álvarez de 42 años. 

Le dice a su papá que espera que le guste la comida que este sábado 13 de junio preparo con cariño. 

Una o dos veces por día le sube comida 

Los edificios de la colonia Playa Sol son de los más antiguos en Coatzacoalcos con 32 años de haber sido construidos y aunque algunas administraciones le han dado una manita de gato con pintura, no han recibido un mantenimiento adecuado, lo cual se refleja en las paredes que comienzan a desmoronarse en algunos puntos y la varilla descubierta. 

Son seis edificios por andador ubicados en la segunda etapa del boulevard costero, cada uno con 8 departamentos distribuidos en cuatros niveles y dos secciones conectadas por escaleras de concreto. 

En el cuarto nivel del sexto edificio, pegado a la costa, vive don Hermilo desde hace varios años. Con el paso del tiempo, el señor comenzó a verse afectado por la hipertensión al grado de impedirle realizar sus actividades con normalidad, y a ello se le suma su edad. 

El hombre dio vida a tres hijos, sin embargo, solo Juana vive en Coatzacoalcos ya que el resto emigraron a otros estados de la República por motivos de trabajo, así que a ella le quedó la responsabilidad de cuidar y procurarlo. 

“Ya llevo meses dándole de comer, antes subía o él bajaba, pero ahora que pasaron los años se le complica subir y bajar por la comida y pues prefiero subir yo, aunque ahora con esto pues prefiero no arriesgarlo y le paso la comida volando”, expresa Juana. 

Continúa diciendo, “cuando es mucho o siento que sea comida que se pueda caer, prefiero subir hasta el cuarto nivel para dárselo personalmente”.

Juana sube comida una o dos veces al día, aunque siempre trata de llevar alimento para las tres comidas de su papá, -con porciones extras de lo que él come-. 

Varios porteños han adoptado esta forma de subir alimentos a sus familiares

La cuerda utilizada mide cerca de 10 metros, lo justo para que Juana haga dos o tres nudos y don Hermilo pueda jalar sin problema alguno la bolsa, aunque no solo sube alimentos: 

“También a veces le paso productos de la canasta básica que necesita mi papá o frutas, lo que él me diga porque pues si subo a verlo a veces; antes de la cuarentena subía diario a verlo, pero ahorita prefiero no hacerlo tan seguido”, menciona. 

Al estar juntos todos los departamentos y edificios, es normal que las personas tengan contacto directo o a través de los barandales de las escaleras, por lo que Juana prefiere protegerlo. 

Pero Juana no es la única que alimenta a su papá con ayuda de una cuerda, pues asegura que varios vecinos han replicado esta acción para alimentar a padres, madres, abuelos y hasta hijos que habitan en los diferentes departamentos de Playa Sol. 

“No somos los únicos, hay días en que nos encontramos tres o cuatro y pues ya nuestros papás o familiares ya saben que tienen que bajar la cuerda y después recogerlas”, reitera. 

Juana tiene que retirarse para dar de comer a sus hijos y esposo, desde abajo se despide de su papá rodeado por nubes que contrastan con la sonrisa que Hermilo da a su hija, acompañado de un sincero agradecimiento pues sabe que mañana regresará. 

“Gracias mi amor”, se despide Hermilo y se mete a su departamento.