Coatzacoalcos Ver.- Al salir de casa la mañana del jueves 16 de julio, Marcelino le pidió a su hija Carmen que le preparará unos tacos dorados, pues quería comerlos cuando regresará de Terminal Marítima Pájaritos, donde cumplió con una guardia de 24 horas.

Los tacos quedaron en el refrigerador, pues Marcelino regresó en un ataúd a su hogar este sábado 18 julio, víctima del hundimiento de la embarcación 365 de Petróleos Mexicanos (Pemex).

"Eso fue lo último que me pidió porque quería comerlos y los tacos se quedaron en el refrigerador, es algo que nos duele porque ya no llegó", expresó la joven de 19 años, mientras contempla el cuerpo de su padre.

Marcelino Felipe Guzmán falleció a los 43 años, dejando a su esposa Julia y a sus dos hijas Carmen y Yashiro quienes hoy lloran su pérdida.

 

 

Al rededor de las 5:50 horas del viernes 17 de julio se reportó el hundimiento de la lancha amarradora en la que viajaba Marcelino y otros ocho trabajadores de Pemex en el río Coatzacoalcos, siete fueron rescatados con vida y dos fallecieron, entre ellos Marcelino y Miguel Ángel Cruz, cuyo cuerpo no se ha localizado hasta la tarde de este sábado.

"Cómo todos los días lo esperábamos, porque sabíamos que antes de llegar pasaba a ver a su mamá, luego venía y después de comer ponía su música y se quedaba dormido a descansar hasta que llegará la hora de regresar a su guardia, lo cual no va a ocurrir más", lamentó su hija.

En el número 105 de la calle Benito Juárez de la congregación de Mundo Nuevo, perteneciente a Coatzacoalcos, se respira un ambiente de tristeza. Vecinos, amigos y familiares lloran la ausencia de Marcelino.

 

Un gran padre

Marcelino era trabajador de planta de Pemex y se desempeñaba como marinero amarrador en el departamento de muelles.

Su última jornada laboral comenzó el jueves 16 de julio a las 8:00 horas y concluyó el viernes 17 cuando se registró la tragedia, que hoy enluta a su familia.

Hoy su cuerpo descansa al interior de una caja de madera color café, protegido por la imagen de un Cristo crucificado y cuatro lámparas que iluminan el cuarto del que fuera su hogar, es velado por familiares directos y uno que otro vecino, pues la contingencia sanitaria por el covid-19 no permite que se congreguen muchas personas.

 

 

"Era un gran papá, la mejor persona que conocí, era mi mejor amigo, no había algo que yo pidiera que no me diera. Siempre me decía mi niña y yo siempre le dije papito o mi viejo. Era el mejor papá y me deja muy buenos recuerdos", manifestó su hija mientras escurren las lágrimas.

Señaló que era un hombre de casa, entregado a su familia y que siempre veló por sus necesidades.

"Yo le digo gracias papito por todo lo que dio por nosotros", dice Carmen

 

Despedida a un gran esposo

Mientras coloca unos arreglos florales, la señora Julia García agradece a aquellos que encontraron el cuerpo de su esposo, pues al enterarse de su muerte rogaba a Dios poder velarlo.

Mientras habla, se escuchan cantos religiosos entonados por los familiares de Marcelino, quienes tampoco dejan de llorar frente a su cuerpo.

"Hoy despedimos a un gran esposo, que le puedo decir que fue un buen hombre y tan joven se va. Gracias por todo lo que nos dio como pareja y en lo material. Ahora me toca luchar por mis dos hijas", dice la señora.

 

 

Algunas personas llegan a dar el pésame a Julia y a sus hijas, entre ellos compañeros de trabajo de Marcelino, quienes lo recuerdan como un buen camarada.

"Gracias a todos los que nos han apoyado, ahora espero que Pemex pueda seguir apoyándonos porque me quedo sola con mis hijas y el sueño de su papá era que estudiaran una carrera", manifestó

Marcelino será sepultado el domingo 19 de julio en el panteón municipal de la congregación.

"Ya no puedo decirle más, ya se fue mi esposo", finaliza la viuda de Marcelino.