Veracruz, Ver.- Puertas cerradas, mesas vacías y lanchas apiladas es el panorama que casi de manera permanente se puede ver en las playas de Antón Lizardo, en el municipio de Alvarado, desde que inició la pandemia por covid-19 en Veracruz.

En el sitio que es uno de los más concurridos por turistas atraídos a la zona metropolitana de Veracruz, la mitad de las palapas y restaurantes cerraron debido a la pandemia de covid-19.

La mayoría de los negocios con 10, 15 o 20 años de tradición, afirmó Miguel Ángel Gamboa Fernández, presidente de la Asociación de Restauranteros de Playa de Antón Lizardo AC, cuyo negocio sobrevive brindando servicio a domicilio y recibiendo a comensales esporádicamente.

Aunque todos buscan reabrir sus negocios al terminar la emergencia sanitaria por el nuevo coronavirus, señaló que no existe certeza de que puedan hacerlo, debido a que muchos gastaron el dinero que tenían para invertir para poder mantener a sus familias.

"Es un caos que estamos viviendo todos, muchos cerraron por la falta de utilidad que les deja, porque no hay gente, entonces obviamente hay muchos desempleados"

 Gamboa Fernández indicó que se calcula que cerraron entre 15 y 20 restaurantes afiliados a la Asociación de Restauranteros de Playa de Antón Lizardo AC, cada uno de ellos con entre 20 y 30 empleados, todos con familias que habitan en esta comunidad del municipio de Alvarado.

Se suma el desempleo de otras personas que prestaban servicios en la misma playa, entre palaperos, vendedores y lancheros que daban servicios de recorridos en las Islas del Parque Nacional Sistema Arrecifal Veracruzano frente a las costas de Antón Lizardo.

En el caso de su restaurante, indicó que se llegó a un acuerdo con los trabajadores para pagarles por día laborado, además de que las jornadas y días de trabajo se van turnando para poder cubrir la nómina.

Las ganancias que recibe se van en cubrir los salarios de los trabajadores y los servicios básicos como energía eléctrica y agua potable, a lo que se le sumaron suministros de higiene.

"Muchos mantenemos abierto, hemos podido sostenernos con acuerdos de los empleados para que trabajen unos días sí y otros no, hablando con ellos para hacerles ver que, si la empresa gana también ellos", declaró.

Los restaurantes que como el suyo sobreviven, cambiaron la venta de platillos típicos jarochos que se preparan con mariscos, como la minilla, camarones enchipotlados y pescado a la veracruzana, por la venta de volovanes y panecillos a domicilio.

Gamboa Fernández indicó que debido a las restricciones atienden a pocas personas de manera esporádica, mientras que los pedidos que realizan a domicilio comienzan a ser cada vez menos.

"Hemos podido sostenernos, con servicios a domicilio constantemente, publicidad por redes sociales en donde no pagamos, hemos llegado hasta a vender volovanes en el área de Antón Lizardo, mandinga, el conchal, vendemos hasta panecillos con tal de ir sacando por lo menos para el gasto, para el pago de servicios como luz y agua y eso sería completamente fatal"

SERÁ COSTOSA NUEVA NORMALIDAD

Después de 4 meses de completa parálisis, los restauranteros de Antón Lizardo consiguieron firmar un convenio con el Ayuntamiento, para que además de la venta de comida a domicilio, se les permitiera la venta de comida en los establecimientos localizados en la playa.

Lo anterior significa tomar una serie de medidas sanitarias instruidas por las autoridades municipales y que forman parte de las recomendaciones emitidas por la Secretaría de Salud, afirmó el líder de los restauranteros.

Entre los puntos más importantes se encuentra mantener una separación de 3 metros entre las mesas, además cada una de ellas tiene la capacidad solo para 4 personas, si llegan grupos más grandes deber ser divididos.

"Tomamos las medidas adecuadas. Si vienen grupos de 5 o 7 personas se tienen que usar otra mesa y otro servicio a 3 metros, mucha gente se enoja, pero es algo en donde no podemos ceder.

"Un convenio de que nos deje trabajar no solo servicio a domicilio, sino también mesa en nivel de playa, respetando las medidas de prevención para que la pandemia no se siga propagando y obviamente ellos nos están checando constantemente para que llevemos ese protocolo que ellos mismos nos pusieron"

El aforo dentro del establecimiento es reducido, el uso de cubrebocas, caretas y gel antibacterial obligatorio, además de la compra de otros insumos como cloro y sanitizante, señaló.

El gasto que se realiza en la compra de estos insumos es una inversión extra que antes no tenían prevista en la operación de los restaurantes y que en temporadas de crisis como la que actualmente viven se vuelve pesado.