Coatzacoalcos, Ver.- Desde que inició la contingencia sanitaria por el covid-19, al maestro de artes Alberto Crispín López se le ocurrió elaborar cubrebocas artesanales con tejidos de su natal Oaxaca, que cambia por productos de la canasta básica para sus alumnos de la escuela de danza para discapacitados, que mantiene desde el año pasado en Coatzacoalcos.

“Soy Alberto Crispín López, soy Licenciado en Educación Artística pero hoy me dedico a elaborar cubrebocas con diseños istmeños. Como sabemos muchos nos quedamos sin trabajo, pero a comparación con las personas discapacitadas ellos tienen más dificultad de salir a las calles y están más expuestos a tener un contagio, es por ello que decidí emprender esta iniciativa”, explicó.

Cada uno lleva una figura especial del Istmo que teje en sus lienzos. En un principio los creaba para uso personal, pero después comenzó a comercializarlos entre la población y hoy los cambia por despensa para los integrantes de su escuela.

Ti Guié Ladxhidua (La flor de mi corazón) nació en el 2019

El 30 de marzo de 2019 Alberto Crispín pensó en un espacio donde las personas con alguna discapacidad pudieran aprender a bailar sones, y así creó el primer grupo de danza en su tipo: Ti Guié Ladxhidua (en zapoteco) que significa “La flor de mi corazón”.

“Prácticamente la intención es que ellos sepan que no están solos y que no son los únicos, que hay más personas con discapacidad y que se tienen que integrar al grupo porque son una familia, porque se tienen que apoyar como grupo”, afirmó el maestro.

De cuatro alumnos pasó a tener 24 entre hombres, mujeres y niños con autismo, falta de visión, Síndrome de Down, sordera y falta de alguna extremidad. Ensayaban los sábados de 3:00 a 4:00 de la tarde, (pues por la pandemia suspendieron actividades).

Sobresale en su silla de ruedas, María Eugenia, una maestra de educación básica a quien la diabetes le arrebató una de sus piernas desde hace cinco años. Cuenta que gracias al baile ha superado la depresión que le había dejado la enfermedad.

“Muy alegre y feliz, porque saco muchas canciones y me alegra mucho convivir con personas discapacitadas al igual que yo”, dijo la señora que no deja de disfrutar los ritmos.

A pesar de las adversidades que enfrentan, bailan siempre con una sonrisa, no se dan por vencido si a la primera no sale la coreografía, es lo que llena de satisfacción al maestro y le da ánimos de seguir adelante con el proyecto.

Han realizado presentaciones en escenarios locales y regionales, con bailes istmeños y algunos sones veracruzanos, pues Alberto Crispín trata de combinar diferentes géneros de baile.

El maestro teje desde que era niño

Crispín ha destacado en Coatzacoalcos por transmitir sus orígenes istmeños que adquirió en su pueblo natal Villa de San Blas Atempa, Oaxaca.

Es maestro de artes en una escuela primaria de Coatzacoalcos, donde además enseña el zapoteco a los alumnos del nivel primaria.

Hoy la pandemia del coronavirus paralizó todas sus clases, sin embargo, sus ganas de ayudar lo mantienen tejiendo en los lienzos durante varias horas.

“Siempre me he dedicado a tratar de cuidar y conservar a la cultura istmeña, por lo que quise implementar un diseño istmeño a una prenda que ya es obligatoria para nosotros. Por ejemplo, estos cubrebocas personalizados tienen mi firma que es Blaseñito”, reiteró.

Tiene 25 años y aprendió a tejer desde que era niño gracias a su madre, pero su talento y amor por su estado le han permitido crear sus propios diseños.

Puede trabajar durante días en el tejido, pues asegura que es una de sus pasiones, lo cual se refleja en los acabados multicolores.

“Aquí se me pasan los días y ni me importa porque tejer es una de mis pasiones, mira por ejemplo esta es una rosa, pero quise jugar con los colores, con la matización de flores, porque es lo que le da una originalidad a mi trabajo para que llame la atención”, explicó.

Invita a las personas a cambiar productos por sus cubrebocas istmeños

Su dedicación a la hora de tejer se pierde entre los hilos de colores que combina de forma cuidadosa. El fondo negro de las telas hace que sus diseños resalten.

Muy contento, este miércoles 5 de agosto instaló su puesto de canje sobre la avenida Universidad a la altura del campo de fútbol Rafael Hernández Ochoa, donde mostraba los cubrebocas para que las personas que decidieron apoyar su noble causa escogieran la pieza que más le gustara.

“Es el intercambio porque sé que sí nos ayudarán, pero no queremos que solo den de su bolsillo y no se lleven nada, queremos que se lleven un recuerdo del grupo de danza Ti Guié Ladxhidua y que sepan que es un apoyo para estas personas, por eso decidí hacerlo”, manifestó.

La colecta duró poco más de tres horas y lo recaudado será dividido entre todos sus alumnos.

El maestro Crispín invitó a las personas que por algún motivo no pudieron acudir, a que lo contacten a través de su cuenta oficial de Facebook: “Alberto Crispín”, para continuar cambiando cubrebocas por despensa o pañales.

“Creo que ellos les agradecerán la ayuda y además se llevan un pedacito de la creatividad del Blaseñito en estos cubrebocas.”