Xalapa, Ver. – El sonido de una guitarra y las voces afinadas de dos hombres amenizan una tormenta en el centro de Xalapa. La lluvia provoca que unas 15 personas se refugien debajo de un techo que ahora es el escenario de Don Tacho, de 67 años y su hijo, Nelson, de siete. 

Padre e hijo saben que es momento de desafiar a la pandemia, pues a lo largo del día –y de la semana- no habían tenido a tantas personas frente a ellos que puedan darles como propina una moneda. Ambos se despojan de sus cubrebocas y sacan lo mejor de su repertorio: “Tú y las nubes”, de José Alfredo Jiménez. 

Eustasio viste camisa blanca, pantalón de negro y unos zapatos de suelas gastadas que lo han acompañado, junto con su bastón, por bares, cantinas y tianguis de la capital de Veracruz. La cuarentena ha hecho perder a don Tacho decenas de clientes, pero también le dio un compañero de voz aguda que conquista la atención de transeúntes. 

Nelson, cuenta entre sonrisas, cursa el cuarto grado de primaria en la comunidad Las Higueras. Lo recomendable para niños de su edad sería tomar cursos en línea en tiempos libres, pero el pequeño no tiene internet, ni computadora, y sí una madre y una abuela que se preocupan cuando la comida escasea. 

“Ahora con esta cosa (pandemia) es más difícil. Han bajado las propinas y pues hay veces que no alcanza ni para la comida”, cuenta Eustasio, cuyo sustento depende al cien por ciento de las seis cuerdas de su guitarra amarilla. 

Por la vivienda de Nelson y Tacho no han llegado las becas para alumnos de educación básica, ni los apoyos del gobierno federal, de la Secretaría del Bienestar. Así que ellos cantan “Ando volando bajo, mi amor está por los suelos, y tú tan alto tan alto, mirando mis desconsuelos, sabiendo que soy un hombre que está muy lejos del cielo”. 

Se han ido 15 minutos de lluvia. Algunas monedas cayeron de golpe en la funda negra de don Tacho, unos 25 pesos, se aprecia. A Nelson la imagen lo anima. El semblante de su padre es más mesurado. La meta diaria de ambos son 200 pesos (un poco más del salario mínimo). 

“Procuramos sacar libres 200 pesos”, dice Eustasio, quien explica que en la meta diaria deben salir poco más de 60 pesos extras para los gastos de traslado de él y su hijo, de Xalapa hasta Las Higueras, a unos 40 kilómetros de distancia. 

La jornada para Nelson y Tacho comienza a las 2 de la tarde, de lunes a domingo, desde la parada de autobuses en Actopan. El regreso no tiene hora, sino un mínimo de ganancias (200 pesos) que sirva a doña Sofía para administrarlos el día siguiente durante el desayuno, la comida y la cena. 

Mientras el niño de sudadera negra posa para algunas cámaras de celular que se encantan con su interpretación, a su padre se le cuestiona si no teme a que él y su hijo puedan contagiarse del virus, que en Veracruz ha causado la muerte de más de 3 mil personas. 

“Me da más miedo quedarnos sin dinero para comer”, contesta el hombre entrecano mientras afina su guitarra. Son las 21:00 horas y la meta (200 pesos) se resiste a dejarse alcanzar.