Coatzacoalcos, Ver.- Con tristeza y preocupación Felipe Domínguez observa como sus flores comienzan a marchitarse, ya sea dentro de un arreglo o de las cubetas con agua que tiene en su pequeño local.

Desde abril pasado cuando comenzó el confinamiento por el covid-19, las ventas se han desplomado hasta en un 60 por ciento para los comerciantes de flores, instalados en la entrada a los panteones municipales, que continúan cerrados al público.

Felipe esta justo frente al Antiguo, sobre la avenida Miguel Hidalgo, donde ve los días pasar y todo apunta que la situación no mejorará para él y sus colegas comerciantes.

“Me tocó una época difícil, las ventas están bien bajas y como le digo a veces no cae ni para comer y las flores se van a la basura, porque no hay de otra”, afirma el adulto de casi 50 años.

ROSAS Y GARDENIAS TERMINAN MARCHITAS EN LA BASURA

Por más que Felipe las limpie y corte los pétalos que se marchitan con el paso del tiempo, es imposible rescatarlas, por lo que no tiene de otra más que regalarlas a los que pasen por la calle o tirarlas al bote de basura.

“A la semana se tiran como cinco o seis docenas de flores, de todo tipo de flores como todo eso que esta allá se irá la basura”, dice muy preocupado.

Gardenias, rosas, girasoles, dalias, claveles y demás flores son desechadas en el local, aunque en ocasiones algunos pétalos son vendidos sueltos para decorar espacios, lo cual no representan gran ganancia para Felipe.

“Pues no nos queda de otra, de esto vivimos y pues hay que esperar, aunque estemos endeudados hay que aguantar”, exclama Felipe.

DEUDAS CON PROVEEDORES Y DESPIDO DE TRABAJADORES 

A unos metros del local de Felipe, está don Alfredo trabajando en un arco de flores que será entregado a una iglesia de Coatzacoalcos; asegura que es de los pocos trabajos que le han pedido desde hace varias semanas.

Alfredo dice que ante las bajas ventas, se vio en la necesidad de solicitar crédito con sus proveedores, a quienes adeuda varios cientos de pesos.

Además, despidió a sus tres trabajadores, toda vez que le resultó imposible mantenerlos.

“Ahorita como ve, estamos trabajando solo yo y mi esposa, despedimos a tres trabajadores, les platique que les tenía que bajar el sueldo, pero no quisieron seguir, pero pues yo no tengo para pagarles”, manifestó el florero con más de 30 años en el ramo.

El señor no cree que la situación mejore para los comerciantes de flores, sin embargo, descarta cerrar su negocio, como lo han hecho otros vendedores.

“Deudas si tenemos y tenemos a todos los proveedores o los que nos dan crédito encima, pero les decimos que nos aguanten, pues no es que no queramos pagar simplemente no hay dinero, por las bajas ventas”, agregó.

Mientras los panteones continúen cerrados la situación no cambiará. Ansiosos esperan que se termine el confinamiento, pues añoran aquellos días en los que no se daban abasto elaborando ramos de rosas y arreglos para los fieles difuntos.