Xalapa, Ver.- Desde hace 22 años, Eric Bonilla aprendió de su padre el oficio de bolero. Su trabajo -instalado bajo una carpa en el parque Juárez- le había permitido mantener a sus cuatro hijos hasta que la pandemia por covid-19 lo privó de sus mejores clientes: burócratas, funcionaros y el propio gobernador. 

El hombre de tez morena y cabellos lacios es uno de los 23 boleros que fueron reubicados en los bajos del palacio municipal de Xalapa, como medida sanitaria para reducir el riesgo de contagio del virus Sars CoV-2. Pero estas acciones también redujeron los ingresos de estos hombres que ganan algunas monedas sacando brillo a botas y zapatos. 

Eric se traslada todos los días desde San Bruno (barrio popular ubicado a unos 30 minutos del centro de Xalapa), para instalarse en una esquina del edificio local, y así, con esfuerzos, alcanzar su meta diaria de propinas: 100 pesos (23 pesos por debajo del salario mínimo en 2020). 

La contingencia sanitaria llevó a unos 50 vendedores del parque Juárez a “aislarse”, y la mayoría de ellos utilizaron sus ahorros para superar este periodo. Sin embargo, Eric y los demás boleros optaron por trabajar en otros lugares que el gobierno municipal repartió entre ese gremio. 

Eric Bonilla es padre de cuatro hijos. Su esposa hace milagros para administrar los pocos ingresos que logra a diario durante la pandemia por covid-19. Si antes ganaba hasta 300 pesos al día, últimamente, en ocasiones, apenas consigue para su transporte de regreso a casa.

“Llevamos seis meses, estamos aquí esperando que el presidente municipal nos permita reubicarnos en nuestro lugar (en el parque Juárez). Si ellos nos dicen compren el gel (lo haremos) para el bien de nosotros”, dice el hombre de unos 50 años, quien dice estar dispuesto a respetar las nuevas medidas sanitarias con tal de regresar a su carpa, en uno de los parques más concurridos de la capital veracruzana. 

Este viernes 18 de septiembre se abrieron al público algunos parques de Xalapa, luego de que el municipio fuera ubicado en el color naranja ( de riesgo alto) dentro del semáforo de riesgo por covid-19. Sin embargo Eric y los demás boleros no han sido llamados para retomar sus actividades en el parque Juárez. 

Eric explica que desde que inició la contingencia, en marzo de 2020, el gobierno municipal les entregó una despensa; el resto del tiempo ha buscado la forma de llevar comida a su familia, aunque reconoce que sus clientes permanecen resguardados o aislados. “Algunos negocios están cerrados, los clientes eran los de oficinas”.

Una boleada cuesta 25 pesos, pero hay días que no ganan lo necesario para regresar a casa, “a veces me llevo dos, a veces tres (boleadas) y con lo poquito (que gana) hacemos maravillas para mantener a la familia”.

En los últimos seis meses solo recibieron un paquete de arroz, otro de frijol, y dos latas de atún, lo que no alcanza para subsistir; también les ofrecieron trabajo “temporal”, pero la autoridad local poco ha hecho por ellos.

“La despensa no se mal agradece, pero con esa despensa y los seis meses que llevamos…. Fueron dos paquetes de galletas, dos de atún, un kilo de arroz y otro de frijol, no alcanza para seis meses”, reitera.

El bolero explica que, en sus ratos libres, también trabaja de mesero, pero con la contingencia esa posibilidad también se descartó, “vivo en San Bruno y con una boleada pago el transporte”, insistió.

Al recordar sus más de dos décadas como bolero, refiere que lo importante de su trabajo es “lustrar” bien un par de zapatos para que sus clientes lo recomienden y tener más clientes en el parque, algunos de ellos políticos.

Irónico, Eric lamenta que la nueva clase política ha perdido la costumbre de caminar por los parques, y ahora por los bajos de palacios, para lustrar su calzado. “El tío Fide era el más amable, no se fijaba en los niveles (…) sinceramente es el que nos daba más. Lo extraño”, bromea Eric mientras ofrece sus servicios por la avenida Enriquez.