Coatzacoalcos, Ver.- Ángel de 13 años y su hermano, deben turnarse el teléfono celular de su abuela todos los días para tomar clases en línea. En ocasiones, a uno de ellos no le queda más que perder la sesión a distancia de ese día.

Ambos menores tuvieron que mudarse a la casa de su abuela para conectarse a las clases virtuales a las que obligó la pandemia de covid-19, ya que su mamá no tuvo dinero para contratar servicio de Internet, ni para comprar un dispositivo a cada uno. 

Ángel Moreno Zapata, pertenece a una de las 9.7 millones de familias mexicanas con jefatura femenina de acuerdo con cifras del INEGI (2018); donde la situación económica y social es complicada, pues la madre de familia cumple con los dos roles. Cursa el segundo grado secundaria en la General “Moisés Sáenz”.

Pero ello poco importa al menor originario del municipio de Coatzacoalcos, en la zona sur del estado de Veracruz, quien sin pensarlo, decidió empezar a trabajar por su primer sueño ahora que inició su primer año de secundaria, el de comprarse una computadora para seguir estudiando.

Ángel se ofrece para realizar mandados, pasear perros y lavar autos a sus vecinos a cambio de alguna moneda, que va juntando para comprarse una computadora.

“Es complicado porque nos estamos comunicando por una aplicación que se llama Meet y a fuerza necesitábamos internet, por eso nos venimos a vivir con mi abuela porque ella tiene internet y además nos presta su celular, con eso hemos trabajado mi hermano y yo, pero luego las clases de mi hermano chocan con las mías y pues uno de los dos se queda sin clases”, cuenta el menor.

Aun cuando el gobierno federal informó que las clases a distancia se impartirán en canales de televisión y radio, algunas escuelas optaron por impartir las clases vía Internet para reforzar el aprendizaje de los alumnos, lo cual puso en una encrucijada a la familia de Ángel.

CON LA PANDEMIA, SE REDUJO EL TRABAJO PARA LA MAMÁ DE ÁNGEL

Desde el pasado 24 de agosto cuando inició el ciclo escolar 2020-2021, la abuelita de Ángel decidió darle asilo a su familia que está integrada por Viridiana y sus tres hijos (entre ellos Ángel que es el mayor), para que de esta manera pudieran tomar clases en su celular y en el televisor.

“Mi abuelita nos dijo que nos vinieramos con ella porque sabe que no tenemos celular y tampoco un televisor, ya que mi papá cuando nos dejó también se llevó unas cosas y entre eso la tele y pues no tenemos”, cuenta Ángel.

Con pena, la señora Viridiana Zapata cuenta que desde que su esposo los abandonó la situación fue complicada, pues tiene que trabajar y cuidar de sus tres hijos de 13, 9 y 6 años.

“Ángel va en secundaria, su hermanito en cuarto grado de primaria y la más pequeña en segundo de primaria igual. Yo trabajo limpiando casas para sacarlos adelante y pues me organizo para trabajar, lo bueno es que mi mamá me los cuida mientras yo trabajo”, expresa la señora.

Con la llegada de la pandemia el trabajo de Viridiana también se vio afectado, ya que sus patrones le dijeron que no trabajaría toda la semana sino cada tercer día, lo cual mermó sus ingresos. Por lo que los días que descansa ayuda a su mamá en un puesto de pollos y verduras para completar los gastos de su familia.

“La verdad yo le agradezco mucho a la abuelita de los niños, porque ella nunca nos ha dejado y más ahora que la situación se ha complicado”, dice Viridiana.

UN NIÑO APLICADO Y CON MUCHAS OCURRENCIAS

Su madre describe a Ángel como un niño muy maduro, que siempre ha cuidado de sus dos hermanos y entiende la situación en la que viven. Aunque asegura que siempre ha sido muy ocurrente en donde quiera que se encuentre.

“Desde chiquito es así, siempre se le ocurren cosas y antes ya quería trabajar, pero no tenía ni 10 años y pues como está la situación no lo deje, pero si es un buen niño y sobre todo muy centrado, eso se lo valoró como madre”, resalta la madre orgullosa.

Su familia es creyente y participan en una iglesia, donde aseguran, obtienen esperanza y no dejan de pedir a Dios porque la situación mejore, no solo para ellos sino para todas las familias de México.

“Yo le pido a Dios que me ayude y pues me gusta ir a la iglesia, aunque ahorita no se puede, pero con mi abuelita estudiamos la biblia y nuestra escuela sabática. De hecho, nosotros los sábados participamos en los cultos desde casa por medio de internet de mi abuela y así pedimos por todos”, manifiesta el pequeño.

Es alegre y disfruta de jugar con sus hermanos y leer, además de practicar las clases de un club de exploradores al que se integró como parte de las actividades de su iglesia.

Decidió hacer mandados, pasear perros y hasta lavar autos para comprarse su laptop. El pasado lunes, Ángel se despertó con una idea: trabajar para comprarse una computadora y así no tener que afectar sus clases o la de su hermano menor:

“Me surgió la idea de hacer mandados para juntar para mi computadora y pues ayer (el miércoles) decidió ponerlo en práctica con mis vecinos, también se me ocurrió pasear perros y pues lo que la gente necesite con tal de juntar para mi computadora”, explicó.

Primero lo hizo de forma personal con sus vecinos, pero después escribió un anunció en una hoja blanca que subió a redes sociales donde ofrecía sus servicios.

“Hola mi nombre es Ángel y estoy tratando de juntar dinero para una laptop ya que soy de bajos recursos y a mi mamá no le alcanza el dinero. Puedo pasear a tu perro, lavar tu carro, limpiar tu jardín, ayudarte con tu mandado o sacar tu basura”, se lee en la publicación que algunos ya replicaron.

Después de 24 horas ya ha realizado cuatro mandados y algunos le han pedido que pasee mascotas el próximo fin de semana. Ángel está consciente de que su reto es muy grande, pues tiene que juntar entre 8 mil y 10 mil pesos para comprarse una computadora.

Con su cubrebocas y una bolsa de mandados va a comprar frutas y verduras para las familias, y procura no alejarse mucho de la colonia Playa Sol, donde actualmente vive, pues su mamá teme que algo le pase.

“Yo no quiero que se aleje mucho porque la verdad si me da miedo porque esta pequeño y aunque es muy maduro no quiero que nada le pase”, reitera su mamá.

“Yo le digo que no se preocupe a mi mamá que Dios nos cuida y si trabajo es por algo, porque quiero comprar mi computadora”, insiste Ángel.

Todos en la familia apoyan a Ángel, quien se muestra muy emocionado cuando le marcan por un servicio al celular de su abuelita, pues dice que, aunque se gane 5 o 10 pesos, son de gran aporte para su meta.

“Yo quiero que la gente me ayude dándome trabajo, porque quiero tener mi computadora. Si alguien quiere que el pasee su perro o le haga un mandado o le lave su carro o lo que pueda hacer, que me hablen y con gusto voy”, finalizó.