Xalapa, Ver.- En el Mercado Malibrán de la ciudad de Veracruz, rodeado de decenas de taras de tomate, se encuentra trabajando Armando Becerra. Es la segunda generación que se encarga del negocio que heredó de su padre, quien adquirió ese pequeño local desde que la central de abastos se fundó.

Fueron solo dos meses que la bodega de tomates se mantuvo cerrada por la pandemia del covid-19, pero ese tiempo fue suficiente para que perdiera clientes que le llevó años conseguir, obligándolo a empezar de cero.

Son ya más de 30 años que la bodega de tomates de la familia Becerra lleva acumulando tradición e historia; al igual que muchos negocios no es la primera vez que sufre una crisis que los obliga a empezar.

Desde pasar inundaciones, como la del año 2010 cuando el huracán Karl tocó tierras veracruzanas, hasta soportar los malos manejos de administraciones pasadas que dejaron en el olvido a la central de abastos más grande del puerto.

Ahora sobreviven a un enemigo invisible, que los mantuvo dos meses inactivos y que los hizo perder a sus clientes, quienes tuvieron que buscar a otros proveedores para poder surtirse, señaló Armando Becerra.

"Es como volver a iniciar, porque es volver a atraer a la gente, a tus clientes que tenías normalmente, como los dejamos de atender ellos buscaron en otro lado quien sí trabajara. Muchas tiendas y locales no dejaron de trabajar", dijo.

Armando dijo que se pudo reducir la merma del producto, ya que días antes del cierre obligado se pudo vender toda la mercancía para no dejar producto rezagado, además de que la producción en el campo se mantuvo y eso permitió que los precios no se dispararan.

"El campesino jamás deja de trabajar, es la gran ventaja siempre hay productividad por ese lado", aseguró.

Covid bajó las ventas de Sara, pero no logró que cerrara

Justo en la entrada del Mercado Malibrán, rodeada de camiones que descargan toneladas de frutas y verduras, sobrevive el restaurante de Sara, al igual que Armando su legado inició a la par que el mercado.

Debido a los 30 años que lleva en el lugar es conocida por la mayoría de las personas que deciden degustar los tacos de borrego y la birria que se preparan en su local.

Los días festivos y los fines de semana eran las temporadas que más venta tenían, hasta antes de la pandemia, decenas de clientes llenaban aquellas barras blancas que ahora permanecen vacías, con apenas dos comensales y uno que otro pedido para llevar.

Pese a las bajas ventas que registraron durante los cinco meses desde que inició la pandemia del covid, nunca cerraron; la necesidad de sus 10 empleadas no se lo permitió.

Aunque admite que dos de ellas las tuvo que mandar a descansar por ser parte de las personas que más riesgo tienen a padecer la enfermedad.

Mal estado de las calles y aguas negras aumentan el riesgo

Además del covid, otro problema que enfrentan los locatarios del Malibrán, es el mal estado en el que han permanecido sus calles por muchos años, la mayoría de estas vialidades están inundadas por aguas negras que se notan al entrar al sitio.

Los puentes que los trabajadores improvisaron con rejas y taras de madera demuestran que el problema viene de muchos años atrás, la situación empeora cuando llega la temporada de lluvias, ya que siempre se inunda, aseguraron los locatarios.

De igual manera aseveraron que llevan años quejándose del riesgo que las aguas negras representan no solo para sus negocios, sino también para la salud de los comerciantes y clientes.

Algunos locatarios comentaron que antiguas administraciones los estafaron prometiéndoles remediar la situación y que, a cambio de una cooperación de mil pesos por cada negocio resolverían el problema, pero hasta el momento sigue igual.

Por lo que ahora con la pandemia tienen mayor miedo a poder adquirir alguna otra infección, de igual manera agregaron que el Ayuntamiento de Veracruz prometió remediar el problema en los días siguientes, por lo que de nueva cuenta cada negocio tiene que dar una cooperación para que puedan reparar las calles, afirmaron los trabajadores.