Xalapa, Ver.- Su nombre real permanece en el anonimato ante el miedo a represalias. Sin embargo Adelita, como pidió que se le llame, no aguantó más y expresó su preocupación tras quedarse sin trabajo. Es empleada doméstica desde hace más de 20 años, y sus patrones la dejaron sin su única fuente de ingreso tras enterarse de que su hijo tenía coronavirus. 

Con 53 años y 5 meses de vida, la mujer aún recuerda la primera vez que pisó la casa donde ha trabajado por más de 15 años. Allí, además de encargarse del aseo, auxiliaba a los más grandes de la familia, los cuales requerían ayuda adicional dada su condición y enfermedades.

Hasta hace dos meses la pandemia solo era "una  enfermedad que afectaba al mundo"; No obstante y tras revelar que su hijo enfermó de covid, la vida de Adelita dio un giro drástico, pues las personas que la empleaban pidieron que se retirara al estar expuesta al contagio.

"Les conté y lo primero que hicieron fue negarme la entrada", expuso con tristeza desde Xalapa, donde ha vivido desde que adquirió su primer trabajo, luego de abandonar su natal Jilotepec en busca de mejores oportunidades. 

La mujer no tuvo más remedio que retirarse la tarde en que sus patrones le negaron el acceso a la casa donde trabajaría, como todos los días, por 16 pesos la hora; su jornada comenzaba desde las dos de la tarde, y la mayoría de las veces salía hasta las dos de la mañana del día siguiente.

Cada noche, Adelita abordaba un taxi que la llevaba hasta su casa, ubicada en una de las colonias periféricas de la capital con mayores índices de inseguridad. La corrida era por cuenta de sus empleadores, aunque el riesgo siempre era latente.

"Claro que me da miedo, pero no hay de otra", afirma mientras recuerda cómo se enteró de que ya no trabajaría en la misma casa.

Después de ser corrida, Adelita nunca imaginó que aquella ocasión en que le impidieron el acceso sería la última vez que trabajaría en el hogar donde cocinó, lavó, trapeó y hasta cuidó a los niños.

"Sólo me dijeron que ya no podía trabajar más ahí, que fui una inconciente por acercarme y llevar el virus hasta su casa"

Sin más, la familia para la que trabajó "le dio las gracias" y prescindió de sus servicios sin una indemnización ni una explicación concreta por la cual dejarían de darle trabajo, en medio de una de las situaciones económicas más difíciles y con desinterés, como si apenas llevara un día de arduo trabajo.

El despido para Adelita fue devastador, pues debía ver por su hijo enfermo y el resto de su familia, compuesta por al menos 5 miembros que comparten gastos y un espacio reducido que rentan para vivir.

Sin embargo, mientras esa puerta se cerró, una nueva oportunidad surgió para la empleada doméstica, quien ya recibió ofertas de empleo por parte de quienes la conocen por su honradez y buen desempeño.

"Me puse en las manos de Dios, y yo sé que lo malo no dura para siempre. La pandemia ha sido difícil, mi familia sigue enriesgo, pero nos cuidamos y seguiremos buscando trabajo juntos".

La difícil situación de las empleadas domésticas

Así como Adelita, cientos de mujeres se quedaron sin trabajo y vieron suspendidas sus fuentes de ingreso económico como empleadas domésticas en México.

El argumento por el que las despidieron fue prácticamente el mismo en muchos casos: las medidas sanitarias ante la pandemia por covid-19.

De acuerdo con el Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar en México, durante la pandemia a más de 600 empleadas y empleados domésticos se les recortó el sueldo, se les despidió injustamente o se les mandó a sus casas a cumplir una "cuarentena sin derechos".

La gran mayoría de las empleadas y empleados domésticos fueron despedidos sin recibir su sueldo mensual ni la liquidación que por ley les corresponde.

La situación fue denunciada por la activista y fundadora del Sindicato, Marcelina Bautista, quien en mayo del presente año pidió a las autoridades federales y ciudadanos crear consciencia sobre los derechos laborales de las empleadas domésticas en esta contingencia.

"Esto no es una cuestión de caridad y tampoco es un favor, es un derecho" Marcelina Bautista