Hace 25 años Rubén Alarcón Martínez decidió emprender un negocio de quesos artesanales en La Joya de Ramírez, en el municipio de Acajete. Durante este lapso junto a su familia han logrado posicionar los productos de “Quesería Iris” gracias a su calidad y frescura.

Afirma que a los veracruzanos no les debería de preocupar que la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) haya prohibido la venta de algunos quesos de grandes cadenas comerciales, ya que a diferencia de los suyos esos “tienen muchos químicos”.

Con 55 años de edad, Rubén se precia de elaborar artículos 100 por ciento leche de vaca, sin ningún tipo de químicos, con “leche fresca”.

Comenta que su local fue nombrado en honor a su esposa Blanca Iris Perea, quien ha sido su compañera durante los últimos 30 años.

“Nosotros aquí estamos comercializando quesos 100 por ciento de leche, no le ponemos químicos ni nada, todo aquí es natural. Los otros quesos los venden en las tiendas grandes, en cambio nosotros tenemos un negocio local, en la casa; mientras esos llevan muchas fórmulas que no son leche, grasas vegetales y cosas así; nosotros aquí tenemos todo natural”.

Ese es su diferenciador, es lo que asegura lo ha mantenido en el gusto de quienes “a ojo de buen cubero” calculan cuando llegan al primer tope del pueblo y se orillan a comprar quesos frescos, ahumados, botaneros, de hebra, para asar, y hasta productos de repostería derivados de la leche que también se comercializa en la zona.

“Tenemos pan de nata, pay de queso, pay de piña, de manzana y los panes de nata; además de gelatinas, yogurt y quesos botaneros; está el fresco, de hebra y añejo. Uno es queso para asar, vienen bien cocidos para que se puedan asar; además hay quesos botaneros con chipotle, epazote, ahumado, ya sea tipo provolone o queso fresco ahumado”, narra con orgullo mientras atiende a sus clientes que desde las 9 de la mañana llegan a comprar.

PIDE A CONSUMIDORES QUE LOS VOLTEEN A VER

En Veracruz, el hato ganadero es de al menos 4 millones 606 mil 737 cabezas, de los cuales el 40 por ciento produce leche; tan solo en 2014 se reportó que la producción lechera es de 721 mil litros de este alimento. 

Los municipios con mayor producción son Minatitlán, Papantla, Tuxpan, Tierra Blanca y Playa Vicente. Actualmente hay dos centros acopios ubicados en el municipio de Isla y Tierra Blanca.  

En México, de acuerdo con datos de Arturo Sepúlveda, Gerente de Mercadotecnia de la Unidad Ganadería de MSD Salud Animal en México, cada mexicano consume entre 2.1 y 6 kilogramos de queso anualmente.

En La Joya, conocida por su tradición ganadera y lechera, los derivados lácteos abundan y tras los efectos negativos de la pandemia los productores esperan la solidaridad de los consumidores de la zona para reactivar el comercio.

Por eso Rubén ordeña sus vacas 7 días a la semana y para apoyar la economía local y abastecerse de lo necesario diariamente compra leche de calidad para la elaboración de sus productos. 

“La Joya siempre se ha conocido por sus quesos, por su producción de leche y aquí estamos trabajado”, dijo el quesero, invitando a los veracruzanos a voltearlos a ver.

NEGOCIO QUE NUTRE 

Rubén cuenta orgulloso que su familia trabaja los 365 días del año por negocio, pero también por amor, porque es parte de la herencia no solo a sus tres hijas, sino porque a través de este establecimiento han podido dar educación universitaria a dos de ellas.

“Empecé a hacer quesos con otras personas, aprendí y nos pusimos con la familia a trabajar y luego pusimos nuestro negocio. Me gusta lo que hago porque además es la forma de vivir en nuestro pueblo, la mayoría tiene vacas, algunos venden su leche bronca, otros hacemos quesos, otros viven cuidando vacas y aquí la zona es ganadera, por eso todos vivimos del ganado”.

Su horario no perdona, antes de las 7 de la mañana ya deben estar en el sitio para recibir la leche, cuajarla, esperar el tiempo necesario y luego comenzar con el cocimiento del queso para sacarlo a la venta “fresquecito”. 

“Nos paramos a las 7 de la mañana para recibir la leche, la cuajamos y debemos esperar un rato para empezar a cocer el queso, y luego sacarlo a la venta; cerramos como a las 8 de la noche pero con las vacas no hay descanso, trabajamos todos los días, por eso nos vamos turnando para que un rato esté cada quien en el negocio”.  

Para esta familia de cinco integrantes la elaboración del queso es motivo de orgullo porque les ha permitido superarse, tener un ingreso y con ello pagar las carreras universitarias de dos de sus hijas, mientras que la tercera aún vive con ellos. En fechas recientes también superar los estragos económicos de la pandemia, aunque sí la resintieron.

“Algunas son profesionistas, ya les pagamos su carrera y gracias a Dios vamos saliendo, ha salido para eso y depende de nosotros, si queremos ganar hay que trabajar más y si no, pues no. Las tres están trabajando con nosotras, una sabe hacer cosas de repostería y por eso vendemos panes de nata y pays”, cuenta Rubén.

QUESOS “DE MUCHOS PESOS” 

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en México un hogar promedio destina 29.4 por ciento de su gasto a la adquisición de alimentos, bebidas y tabaco; de ese total, el 9.52 por ciento corresponde a la compra de productos lácteos y de ese porcentaje el 24 por ciento se destina al consumo de quesos.

Los que más se producen son el fresco con 79.2 toneladas al año, el doble crema con 67.5 toneladas y el panela con 48.9 toneladas, pero en general la producción en el país se estima cercana a las 250 mil toneladas al año, con un valor en el mercado superior a los 21 mil millones de pesos

El productor queso Rubén Alarcón Martínez opina que toda la polémica que se generó con la prohibición de la Profeco para la venta de productos lácteos en el país que incumplen con diversas normas, por no ser de leche no debería generar problemas o preocupación entre la ciudadanía porque México y el estado de Veracruz, especialmente en la zona de La Joya, tienen quesos de mayor calidad y a precios por debajo de los que ofrecen los productos de grandes empresas. 

Refiere que a diferencia de los productos comercializados en supermercados y almacenes de servicios, los artesanales tienen todas las propiedades que se pueden esperar, con materia prima de calidad. Otro aliciente es que se beneficia a los productores locales.

“Nosotros nunca hemos tenido problemas, ojalá que nos sigan comprando estos productos que no tienen nada que ver con los que compran en otros lados; la ventaja que tenemos es que en mi negocio trabajamos mis hijas y mi esposa, atendemos el trabajo familiarmente, ordeñamos un poco de leche y lo demás lo compramos para elaborar estos productos”. 

Su sello ha llevado a que uno de los productos más vendidos sea el queso ahumado y el de hebra, aunque la variedad ha ido aumentando gracias a la demanda de sus clientes; sin embargo, su negocio apenas comienza a repuntar en ventas tras la suspensión de actividades por la emergencia sanitaria del covid-19.

VENDER CASA POR CASA 

La pandemia provocada por el virus SARS-CoV2 obligó a Rubén y su familia a salir de su negocio y comenzar a vender sus productos casa por casa pues en el tiempo en que la ciudadanía se mantuvo en confinamiento, a partir de marzo, las ventas se vieron disminuidas. 

Aun así la familia no se dejó caer y comenzó a vender entre sus vecinos, conocidos y en general tocando puerta por puerta, por eso con la llegada de “la nueva normalidad” no dudó en cumplir con todas las medidas sanitarias para poder reabrir su negocio. 

Ahora, con el uso de cubrebocas, gel antibacterial, tapete desinfectante para zapatos, señalización y demás medidas de distancia, logró cumplir con las exigencias de la Secretaría de Salud y obtuvo el Código QR que garantiza que su negocio cumple con las medidas para prevenir contagios de covid-19. 

“Nos bajó mucho la venta porque la gente no salía y teníamos que andar ofreciendo a las casas para sacar la mercancía pero parece que ya está levantando un poquito, ya se está levantando un poco más, por eso tenemos que estar con todas las medidas de salud para no tener problemas y que la gente se lleve un producto saludable, que lo coma con confianza y estamos para atenderlos”, señala.

Y es que además de todas estas medidas, su esposa, y sus tres hijas Iris, Noemí y Rosa Estela, tomaron un curso en línea para saber cómo actuar ante esta “nueva normalidad” y lograr que su negocio siga estando entre los preferidos de sus clientes. 

“Yo les digo a todos que vengan y compren cosas naturales, tenemos productos de pura leche y pueden venir a probarlos; tenemos confianza en que vamos a salir adelante porque echándole ganas todo se puede y hay que seguir luchando para seguir adelante”, instó Rubén a los consumidores veracruzanos.