"A mí la verdad no me gusta pedir ayuda, me gusta ser independiente", dice Lizbeth Bravo Ladrón de Guevara, de 39 años, al entregar un pedido de comida en el centro comercial Plaza Américas. Ella se desplaza en su silla de ruedas llevando los alimentos preparados por su hermano Ángel, un cocinero que se quedó desempleado por la contingencia sanitaria.

"La Esquinita 30" es un proyecto familiar en ciernes que ofrece servicio de comida a empleados de dicha plaza, del Hospital Ángeles y de la Torre JV, el edificio más alto de la ciudad de Xalapa.

Normalmente Lizbeth trabaja como auxiliar administrativo en una oficina de gobierno, pero por la pandemia está de guardia desde abril. Con su tiempo libre pudo ayudar a su hermano a empezar de cero, aunque esto implique salir a trabajar en una urbe que ya supera los 2 mil casos acumulados de covid-19 en la primera quincena de septiembre, la segunda mayor incidencia en el estado después del puerto de Veracruz. 

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reporta que en el 30.4 por ciento de los hogares del país, al menos uno de sus integrantes en edad laboral perdió su fuente de trabajo durante abril de 2020. Ese es el caso de Ángel, quien tras su traspié en un restaurante trata de recuperarse y lo hace recibiendo la ayuda que alguna vez procuró a su hermana. 

"Él siempre hizo muchas cosas por mí; me llevaba a la universidad empujando la silla de ruedas, porque antes tenía una silla que era manual", comenta Lizbeth, paciente de triparesia muscular, una debilidad motora que le impide caminar desde su nacimiento.

Hoy en día ella tiene una silla con motor eléctrico que le facilita sus traslados, pero este equipo avanzado no siempre puede sortear los obstáculos que se van presentando apenas sale de su hogar, ubicado en la parte alta del fraccionamiento Pastoresa, a donde llegó relatando parte de su historia E-Consulta Veracruz, tras cumplir un pedido. Adentro, su hermano mantiene la rutina que apenas y le deja unos minutos libres al día.

LOS OBSTÁCULOS

Lizbeth menciona que la calle principal de este lugar es una cuesta inclinada que pone a maniobrar a los automovilistas y conductores de autobuses experimentados y ella debe bajarla o subirla en todas sus entregas. Además, esta vía carece de rampas y tiene baches en su trayecto, de ahí que el riesgo de una caída siempre está presente.

Ni en las banquetas ella puede transitar con seguridad. Hay zonas en las aceras en las que apenas cabe una persona de pie y otras en las que estorban su trayecto casetas telefónicas, escalones, piedras o rampas, obligándola a bajar a la carretera y esquivar el tráfico. 

"Con esta silla (eléctrica) es más fácil, pero veo las calles sin rampas o bien cuentan con rampas pero son muy empinadas. A mí la verdad no me gusta pedir ayuda, me gusta ser independiente, por eso las paso por mi cuenta", afirma con voz serena.

Hace un año Lizbeth solicitó formalmente rehabilitar las aceras del fraccionamiento al Ayuntamiento morenista presidido por Hipólito Rodríguez, a modo de facilitar sus traslados, pero la petición sigue siendo ignorada hasta la fecha por el gobierno municipal de la llamada "Cuarta Transformación".

Con estas dificultades, Lizbeth recorre el tramo desde la Pastoresa hacia el Centro Mayor, conocido como Torre JV, para de ahí seguir a las agencias de autos Shinyu o JAC y a Plaza Américas. Los traslados de ida y vuelta con los encargos de Ángel generalmente son de unos 20 minutos. 

Relata que cuando alentaron a su hermano a probar suerte con un negocio de comida a domicilio, ella también tomó la iniciativa y lo ayudó tomando pedidos de clientes por WhatsApp. No se imaginó que, por la buena sazón de Ángel, días después se irían juntando los encargos, siendo necesario realizar entregas ocasionalmente.

La urgencia de contar con más ingresos convirtió en emprendedores a los hermanos de la familia Bravo Ladrón de Guevara. Como madre soltera Lizbeth afirma que debe de ser una mujer trabajadora porque no tiene ayuda social, aunque la ha solicitado para ella o para su hija, Alondra Michelle, de 13 años, a través de los programas de la Secretaría del Bienestar.

"He solicitado apoyo en la Secretaría del Bienestar y hasta ahora no he tenido respuesta, también he solicitado beca para mi hija y tampoco se la han dado".

La familia sigue valiéndose por sí misma y esto incluye el nuevo negocio que arrancó en la cocina del hogar de los padres de Lizbeth y Ángel, en donde el cocinero trabaja todo el día para echar a andar la empresa y convertirse en su propio jefe.

Cifras de la Secretaría de Economía reportan que en el país se han otorgado un millón de créditos a pequeños negocios del sector formal e informal, a través del Programa de Apoyo Financiero a Microempresas Familiares, los cuales fueron inaccesibles para Ángel, según comenta el cocinero cuando por fin pudo darse unos minutos para dar una entrevista.

En Veracruz el delegado de la Secretaría del Bienestar, Manuel Huerta, aseguró que en agosto se entregaron 116 mil créditos a la palabra de 25 mil pesos para empresas familiares, formales e informales. "La Esquinita 30" apenas está estableciéndose y queda fuera de los financiamientos federales que exigen a los micro y pequeños negocios al menos seis meses de operación. 

VOCACIÓN Y NECESIDAD

Desempleado, padre de un niño y con su propia familia en el puerto de Veracruz, Ángel cuenta que ahora permanece la mayor parte del día en la cocina de sus padres alistando el desayuno para empleados y oficinistas al servicio de grandes empresas dentro del fraccionamiento Pastoresa.

Desde temprana hora comienza exprimiendo naranjas para los jugos naturistas. Después enciende las hornillas y prepara hot cakes, tacos dorados de papa, sándwich, enfrijoladas, chilaquiles, tortas, sincronizadas y sándwiches "light", entre una variada gama de platillos.

De acuerdo con la Secretaría de Trabajo y Previsión Social, desde que inicio la cuarentena en abril -cuando Ángel se quedó sin empleó- se han desafiliado 75 mil 375 personas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Veracruz; es decir, trabajadores que perdieron sus empleos formales.

El cocinero xalapeño se siente respaldado por su familia después de vivir la incertidumbre de quedarse en paro. Al contar su situación, aprovechó para sacar un recetario que elaboró desde la secundaria, cuando él y un amigo se animaron a inscribirse en el taller de cocina. 

Refiere que en su adolescencia comenzó un camino que años después lo llevó a comenzar sus estudios en gastronomía, aunque no pudo concluir la carrera.

Ángel formó su propia familia y por años trabajó en un hospital, hasta que hace unos meses lo invitaron a participar en la apertura de un restaurante de comida saludable en el puerto de Veracruz. Por eso, a sus 36 años optó por renunciar y probar suerte a inicios de este 2020, cuando ni siquiera se cruzó por su mente que la contingencia frenaría de tajo sus proyectos.

Conflictuado, señala que apenas 15 días después de ser contratado su jefa lo envió "a descansar", aunque ya no regresaría al restaurante como cocinero porque el negocio quebró durante la contingencia.

"Este proceso de la contingencia ha tenido sus pros y sus contras. Sus contras es haberse quedado sin trabajo en este campo, muchos trabajadores meseros y cocineros (...) han pasado por esta situación difícil, pero para nosotros los cocineros puede abrirnos las puertas, porque es un puente para llegar a las casas a ofrecer nuestra comida y es lo que estoy haciendo".

De esta manera surgió "La Esquinita 30", con el ánimo de Lizbeth y del resto de la familia de Ángel. Ella reparte los pedidos de lunes a sábado y Ángel desde muy temprano elabora jugos y conforme transcurre el día prepara los platillos del menú que varía todos los días, reservando los viernes para mariscos.

Cuando termina la jornada, aproximadamente a las 3 de la tarde, el cocinero va al mercado a comprar los ingredientes que utilizará al otro día; al regresar alista todo, lavando trastes, sartenes y cacerolas para la siguiente jornada.

POCO A POCO

Lizbeth no es la única que apoya a su hermano. Ángel trabaja todo el día, pero también recibe la ayuda de su madre, de su sobrina Alondra, así como de una trabajadora que le ayuda a preparar los desayunos y las comidas.

Su hermana comenta que la familia "entró al quite" cuando vieron que, tras su despido, Ángel se desanimó porque, aunado a, ello tuvo que alejarse de su esposa y su hijo que viven en el puerto de Veracruz. Consideró que para invertir en la cocina tenía que aprovechar la excelente ubicación de la casa de sus padres.

"Tenemos poco que iniciamos porque mi hermano no encontraba trabajo, él es chef y trabajaba en Veracruz, pero por la contingencia lo despidieron y le dije: 'aquí pones tu negocio de comida´. Como no tenemos un espacio para que los clientes puedan venir, yo hago repartos a domicilio y sólo estamos cubriendo esta zona de la ciudad", explica Lizbeth.

Ella le propuso a su hermano emprender el negocio en casa y de inmediato Lizbeth, licenciada en Ciencias de la Comunicación, se involucró en la empresa.

"Al principio era medio aburrido estar sin hacer nada por la cuarentena, pero cuando iniciamos el negocio empezamos a tener otro ritmo. Le dije 'invierte en este negocio', si no encuentras trabajo por otro lado busca por tu cuenta (...)".

"Afortunadamente sí está empezando bien, tenemos varios pedidos (...). antes nada más manejábamos desayunos, ahora se metió el menú ?a partir de las 2 de la tarde".

Pese a los esfuerzos diarios, Ángel expone que fue necesario contratar a una persona para auxiliarlo en la cocina de lunes a viernes, de 9 de la mañana a una de la tarde. 

Al depender únicamente de sus ventas diarias, mientras Ángel cocina, Lizbeth y su hija reparten los pedidos. Ante el ejemplo familiar, la menor se animó a poner una tienda de dulces que despacha por las tardes en un hogar en el que todos trabajan.

Ahora, para salir a repartir Lizbeth se protege de un posible contagio de coronavirus con cubrebocas y gel desinfectante. También es cuidadosa y trata de no exponerse de más, saliendo únicamente cuando es necesario.

"Es muy importante el apoyo de la familia para que uno siga adelante y día con día uno le eche ganas. Sí es pesado todo esto porque hay que levantarse temprano, exprimir naranja, cocinar; se va a conseguir las cosas y se concluye con la limpieza. Se trabaja diez o doce horas sin parar, más o menos", explica el cocinero

Orgulloso, enlista que el menú de "La Esquinita 30" incluye sopa de pasta, sopa de verduras, sopa de cebolla, sopa fría, crema de chayote, de espinacas, de champiñones y como plato fuerte: res, cerdo, pescado, y en ocasiones especiales, pozole o pancita de res. Cada comida va acompañada de un postre, natillas, flan de café, mousse de fresa, mousse de café, plátanos fritos y duraznos con crema.

De esta manera prepara entre 10 a 20 pedidos diarios, desde desayunos y comidas, aunque la meta es seguir creciendo y atender clientes en casa.

A FUTURO

Entre sus proyectos, Ángel y Lizbeth planean diversificar el menú de "La Esquinita 30" y ampliar la entrega de los platillos con envíos en motocicleta. 

Su principal proyecto es instalar mesas y una terraza para que sus clientes de los centros comerciales y oficinas cercanas tengan un espacio cercano en donde puedan tomar sus alimentos.

Ejemplo de emprender en tiempos difíciles, al terminar su descanso para dar la entrevista en la sala de sus padres, acompañado por su hermana, Ángel recomienda "no estancarse" en las dificultades que surgieron con la pandemia.

"Hay que buscarle. Si pasa algo malo no hay que quedarse estancado en eso, (...) gracias a Dios ahí vamos. Empezó bien y esperamos que este proyecto crezca y el día de mañana abrir una sucursal y de ahí, poco a poco".

Por su parte, Lizbeth pide a quienes trabajan no descuidar las medidas contra el SARS-CoV2 y, sobre todo, no desesperarse a pesar de que tengan que salir a trabajar.

"La verdad es que veo que se desesperan mucho y tienen mucha necesidad de salir a trabajar, pero que, si lo hacen, que salgan bien protegidos, que usen cubrebocas, que traigan botellita de gel, que se cuiden, que le echen ganas".