Veracruz, Ver.-  El olor dulce que impregna la esquina Juan Pablo II y Virginia lleva a un pequeño puesto de churros que desde 1952 sobrevive ante los cambios bruscos del mercado que impone la sociedad jarocha.

Churros Don Rudy es uno de los pocos negocios generacionales que se mantienen en pie tras el cierre masivo de empresas que ocasionó la crisis del covid.

 

Pero esta no es la única que tuvieron que enfrentar a lo largo de sus seis décadas de historia del puerto de Veracruz.

Mucho tiempo antes que el covid hiciera presencia en el mundo, Rodolfo Pascual Briviesca, actual propietario del negocio, recuerda que con 10 años comenzó a trabajar junto con su padre en la venta de este postre, tras la muerte de su mamá.

 

Desde entonces, su papá siempre los mantuvo a flote a él y sus otros cuatro hermanos con el negocio familiar. En ese momento Rodolfo supo que la vida no sería fácil y que tendría que trabajar para ayudar con los gastos de la casa.

 

“Había momentos en los que sí pesaba, porque otros niños se iban a hacer otras cosas como jugar y nosotros teníamos que vender churros”, recuerda Rodolfo.

 

Los inicios de Don Rudy fueron en la avenida Independencia, en los alrededores del Centro Histórico. En aquellos años, aquel lugar era el sitio preferido de reunión para cientos de familias veracruzanas y turistas que se paseaban por las calles.

 

“Ahí, junto al negocio pasaba el Tranvía, en aquellos días la calle de Independencia era un desfile de modas, cada día la gente se ponía guapa para ir a hacer las compras y todos los aparadores bien bonitos adornados, las marquesinas todas llenas de anuncios comerciales”, narra el hombre con una sonrisa en el rostro.

 

Después de trabajar por varios años junto a su padre, en 1980 Rodolfo decidió emprender su propio negocio, pues ya había conformado su familia y necesitaba un ingreso para mantenerlos.

También de aquel oficio logró pagar sus estudios de Administración Pesquera y también la carrera de Buceo Industrial, pero la pasión por las ventas lo hicieron regresar a sus orígenes.

 

Otro de los golpes a los que sobrevivió fue “la caída del Centro Histórico”, zona donde tenía dos de sus locales. Después de la llegada de plazas comerciales y otros centros de reunión, la afluencia en la zona disminuyó.

 

“De repente las autoridades municipales decidieron quitar a todos los vendedores que estábamos trabajando en las calles y pues buscamos donde trabajar”, mencionó.

 

Hace apenas 36 años que se Churros Don Rudy se instaló en el fraccionamiento Costa Verde, pero también tiene una segunda sucursal bajo el Puente Bicentenario en la avenida Ejército Mexicano.

 

Covid hizo que suspendieran labores por cuatro meses

Fueron cuatro meses en los que Churros Don Rudy tuvo que suspender actividades en las dos sucursales que tiene, ya que las autoridades municipales decretaron la suspensión de actividades no esenciales para controlar la propagación del virus.

Rodolfo y su familia también temieron a llegar a contraer la enfermedad, por lo que decidieron parar trabajos hasta que la pandemia estuviera controlada.

Los momentos de incertidumbre que vivieron durante aquellos días comenzaron a preocupar a la familia Pascual, pues los ahorros que planearon invertir en otro negocio los tuvieron que ocupar para solventar los gastos diarios.

Para evitar ponerse en riesgo, los cinco jóvenes que trabajan para Churros Rudy, en su mayoría estudiantes que laboran solo medio turno, también suspendieron labores.

 

“La incertidumbre sigue siendo tremenda, porque varias personas a las que amamos y conocemos ya no están; mi sobrina que era joven, tenía 45 años, murió, varios amigos y compadres murieron por el covid”, dijo.

 

Por este motivo, él y sus empleados procuran cumplir con todas las medidas de sanidad, para no ser suspendidos.

La emergencia sanitaria también ocasionó que a su regreso las ventas se vieran mermadas un 30 por ciento.

Pese a que se encuentran en la temporada más alta, hasta el momento no logran recuperar las ganancias que tenían antes del covid.

 

Nuevas generaciones siguen eligiendo sus churros

Mientras Don Rudy platica sus inicios, a su espalda su hijo mueve con una pala de madera la masa que más tarde se convertirá en unos churros.

Rodolfo Pascual Carvallo es la tercera generación al frente del negocio que empezó su abuelo.

 

Ahora con una propia marca, logo y eslogan que los hace distinguirse de la competencia, él es el único de sus tres hermanos que heredó ese amor por las ventas y el emprendimiento. Al igual que su papá cuenta con una carrera.

 

“Yo elegí carrera pensando en el desarrollo del negocio, la razón por la que decidí Contaduría Pública fue porque mi intención era desarrollar el negocio”, dijo Rodolfo Pascual Carvallo.

 

Padre e hijo hicieron la combinación perfecta de calidad, tradición e innovación en el local, pues cuenta con el reconocimiento de cientos de jarochos que todas las tardes pasan en sus carros o caminando a degustar Churros Don Rudy.