Veracruz, Ver.- Los escenarios, bares y restaurantes cambiaron por los pasillos del Mercado Unidad Veracruzana, donde Roberto del Río, mejor conocido como Beto Inca, ameniza las mañanas y tardes de los clientes y comerciantes con su música.

El cierre de restaurantes, centros nocturnos y la suspensión de fiestas, eventos en los que tenían su mayor fuente de trabajo fue un severo golpe para tres integrantes del grupo Los Incas del Ayer, obligados a buscar nuevas alternativas de ingresos cantando en los mercados del puerto.

Todos los días, desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tare, tocan para todas las personas que gusten cooperar con alguna moneda, pero hay veces que solo se llevan 200 pesos y otras, en las que, con suerte, logran obtener un poco más.

“La pandemia ha bajado mucho (su trabajo) y pues no contamos con el apoyo de nadie, sólo el de la gente que pasa por aquí y los comerciantes”, contó.

Pese a que estuvieron en confinamiento durante unos días, la necesidad los orilló a salir, pues los ahorros que se les terminaron y los gastos que se acumularon. Esas fueron las dos razones principales por las que volvieron a tomar sus instrumentos.

Para Roberto esto significa ponerse en riesgo, pues forma parte de uno de los sectores más propensos a tener complicaciones por covid, debido que ronda los 61 años y a sus padecimientos de diabetes e hipertensión.

Siempre procura cumplir con las medidas de protección, aunque asegura que a inicios de la pandemia adquirió el virus. A pesar de que no se realizó ninguna prueba, afirma que presentó todos los síntomas del Covid-19.

Primero comenzó con una fuerte tos, después presentó temperatura y dificultad para respirar, pero para su fortuna no necesitó hospitalización, solo medicamentos y reposo.

“Estuve como más de 23 días (enfermo), no salía de mi casa yo creo que lo contraje del dinero, porque al único lugar que salía a comprar era a la tienda, a lo mejor fue con las personas que estaban ahí”, contó.

Trayectoria que prevalece en el puerto

En el año de 1975, Roberto y su hermano crearon el Grupo Inca. Sus comienzos fueron tocando en distintos negocios y salones de fiesta como el de Villa del Mar; más tarde, ganarían el Festival de la Cumbia en Oaxaca en 1979.

También ganaron otros festivales organizados por televisoras locales, lo que los posicionó en el gusto de cientos de jarochos. Sin embargo, después de los años 90 y con el ingreso de nuevos géneros musicales las contrataciones disminuyeron.

Por la edad de los integrantes y tras la muerte de su hermano, en el 2016 Roberto decidió conformar su propio grupo musical, ahora con el nombre de Los Incas del Ayer, en honor a sus inicios.

“Trabajábamos en bares y antros de lujo en la noche, pero ahora ya no me puedo desvelar y otra, la pandemia, pues aquí tengo que estar, pero hay que seguir adelante, protegerse bien y acostumbrarse en el aspecto económico”, dijo.

Sin seguridad, músicos enfrentan la pandemia

Además de causar efectos negativos en la salud y la economía de las personas, la pandemia de covid ocasiona que muchos sectores de la población busquen nuevas alternativas para sobrevivir, como es el caso de los músicos y artistas.

Antes de la emergencia sanitaria, muchos de ellos ya enfrentaban distintos obstáculos, como la falta de espacios públicos para mostrar su espectáculo. Algunos de tuvieron que salir a las calles para obtener dinero, después de ser suspendidos de sus trabajos de base.

En el caso de los músicos con más trayectoria, para quienes por su edad ya es muy complicado que salgan con facilidad, el panorama es más difícil, pues muchos ni siquiera cuentan con seguridad social para recibir atención médica si se llegan a enfermar.

“La mayoría de los artistas no tienen seguridad social, acceso a medios de salud, los artistas que ya son grandes no tienen un medio para el retiro de ellos, porque no están dentro del Seguro Social o del ISSSTE”, dijo Margarita Guzmán, directora del Foro Cultural ReEduca México.

Muchos de estos músicos, como Roberto, tuvieron que adaptarse a esta nueva forma de trabajo y, aunque no es lo suficientemente redituable, es la única alternativa que tienen hasta que los eventos y fiestas vuelvan a la normalidad.