A Juan ni la edad, ni la pandemia, ni mucho menos el cierre de su negocio le quitaron las ganas de seguir trabajando en el oficio que más ama, la sastrería. 

Pese a que en la actualidad este trabajo no es bien remunerado o solicitado como hace años, Juan Alberto Baeza Perera se niega a dejar que el oficio se extinga.

A sus 78 años mantiene la habilidad y destreza para realizar cualquier vestimenta que su cliente le solicite. 

Originario de Mérida, Yucatán, pero con toda la vida en Veracruz, relata que a la edad de 16 años aprendió el arte de la sastrería.

Con un tono de nostalgia y resignación, dice que su legado como sastre se acaba con él, ya que a ninguno de sus siete hijos les interesó el trabajo que realiza.

"Cuando yo llegué a Veracruz ya tenía inicios de la sastrería y con el tiempo me fui adentrando más y a la fecha he sobrevivido con eso, le doy gracias a Dios que de esta forma levante a mis siete hijos", contó.

La pandemia del covid complicó más el campo laboral para el sector del corte, diseño y confección, muchos de estos negocios como el de Juan, tuvieron que cerrar; primero por ser parte de las empresas no esenciales, después por las bajas ventas.

"Extraño mi lugar de trabajo yo hubiera querido salir adelante (...), ayer entregué las llaves de mi local", lamentó.

Durante más de 25 años mantuvo "Sastrería Baeza" abierto, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad, en las calles Mariano Arista y avenida Francisco I. Madero.

A inicios de la pandemia, como muchos locales, tuvo que suspender actividades durante tres meses, en los cuales se mantuvo en confinamiento, ya que él y su esposa forman parte de uno de los sectores con más riesgo a tener complicaciones por el covid.

Cuando reanudaron las actividades no esenciales, Juan decidió reabrir su taller, pero la situación se complicó más, la mayoría de sus clientes se quedaron sin empleo, al igual que otros llegaron a fallecer por la edad y por la pandemia, la situación lo obligó a cerrar permanentemente.

"Cuando volvió a regresar ya nada más abría unas horas de 10 a 5 que fue lo que las autoridades permitían, pero ya no fue costeable", dijo su esposa Antonia Velázquez García.

La renta del local, los gastos en el traslado y comida fueron otra de las causas que obligó a Juan a tomar esa decisión.

Fueron 10 meses en los que Juan trató de mantener en pie su taller, esto lo llevó a empeñar distintas herramientas de trabajo como tres de sus máquinas de coser, cuyo valor ascendían a los 16 mil pesos, así como su carro, un clima y una televisión

"Para pagar la renta tenía que empeñar mis cosas y llegó el momento en el que reflexioné, que si empeñaba la última que me quedaba con qué iba a trabajar", aseveró.

Sastrería Baeza sigue operando en nueva ubicación

Tras el cierre de su taller nunca le pasó por la mente dejar de trabajar, pues admite que si lo hace se enferma, es por eso por lo que con la ayuda de sus hijos y nietos planea reabrir de nueva cuenta Sastrería Baeza.

Actualmente, su taller se encuentra en una habitación que habilitó en su casa, ubicada en Andador Rio Zacatula número 43 de la avenida Pánuco, esquina Papaloapan, en el Fraccionamiento Rio Medio.

Otra de las alternativas que tomó para seguir mantenido su trabajo fue migrar hacia el ámbito digital, sus nietos fueron los que lo ayudaron a crear su propia página de Facebook, donde sus clientes de años siguen contactándolo a pesar de ya no tener la misma dirección.

"Quizás no sea el mejor sastre de Veracruz, pero siempre he tratado de que mi trabajo esté bien hecho".

Aunque asegura que la época de "oro de la sastrería" hace años que se esfumó, con la llegada de la industria textil, y pese a que las nuevas generaciones ya no ocupan trajes, seguirá manteniendo vivo el oficio con los pocos clientes que lo sigan buscando.

Más de un millón de empresas cerraron por pandemia

Sastrería Baeza fue una de las más de un millón de empresas que cerraron sus puertas definitivamente, debido a la pandemia del covid, según La Encuesta sobre el Impacto Económico Generado por COVID-19 en las Empresas (ECOVID-IE) 2020.

De los 4.9 millones de establecimientos micro, pequeños y medianos sobrevivieron 3.9 millones y nacieron 619 mil 443 establecimientos que representan 12.75% de la población de negocios del país.

La disminución de los ingresos fue el principal tipo de afectación que reportaron 79.2 por ciento de las empresas.

Una de las opciones que planeaban adoptar para sobrevivir fueron las ventas por Internet, de las cuales, 49.1 por ciento son microempresas, 46.1 son PyMES y 37.1 son empresas grandes.

Muchas de estos negocios, como el Juan, tuvieron que pasar al sector informal debido a que los gastos de impuesto y rentas eran difíciles de costear, ahora el matrimonio planea seguir trabajando desde su casa, aunque no con el mismo ingreso, pero si para ir sobreviviendo.