Ciudad de México.- El 27 de marzo de 2020, las autoridades del municipio Villa Talea de Castro, en Oaxaca, tomaron la decisión de cerrar el acceso al pueblo y prohibir las visitas, incluso de familiares y amigos. Se colocaron retenes en las entradas y las salidas a otros lados fueron restringidas, solo para emergencias o para la compra de alimentos. La autoridad municipal ordenó el uso del cubrebocas como obligatorio. Todo ello, con el fin de evitar los contagios de la covid-19.

 

En mayo el nombre de Villa Talea de Castro resonó en la prensa nacional, al ser incluido entre los 300 Municipios de la Esperanza, porque no tenía registrados casos de covid-19. Así se mantiene. Hasta este 23 de febrero, a prácticamente un año del primer caso de contagio en México, el municipio, de 2 mil 279 habitantes, se mantiene sin casos de contagio ni defunciones por coronavirus

 

Edén Martínez, quien fue tesorero municipal durante 2020 y ahora es un ciudadano del municipio, recuerda cómo han sido estos meses.

"Ninguna persona ha sido reportada como contagiada, internada o fallecida", dice a La Silla Rota, en entrevista vía telefónica. No obstante, en otros lugares del país sí han sabido de oriundos de Villa Talea de Castro que han fallecido debido a la covid-19.

Comparte con La Silla Rota que ha sido difícil tomar y cumplir las medidas, pero no duda en decir que ha valido la pena seguirlas. 

"Todas las acciones que fueron de prueba y error el año pasado, sirvieron, fueron la referencia para el cabildo de ahora. No como el año pasado, que no sabía cómo y qué hacerse. No había manual, fue a la lógica, a ver cómo funcionaba, decidir esto, lo otro y entre quienes apoyaban y criticaban, y se logró cerrar el año. Esperemos que en este nos vaya bien, se mantenga en cero contagios, llegue la vacuna y no bajar la guardia".

Dice que hasta donde sabe, más allá del reconocimiento por no tener casos, no hubo alguna ayuda adicional del gobierno federal o estatal, pese a contar con la etiqueta de Municipio de la Esperanza.

 

 

LAS MEDIDAS SE MANTUVIERON

Martínez explica que, aunque hubo un cambio de cabildo el 31 de diciembre, las medidas se mantuvieron, como la instalación de retenes y filtros sanitarios. 

En estos 11 meses las medidas tomadas por las autoridades, encabezadas por el presidente municipal Fortino Baltazar, se han relajado en el interior del pueblo. Un caso son los funerales. La muerte no ha descansado y ha habido fallecimientos por casos de diabetes o de personas de edad avanzada. Los velorios que antes de la pandemia se celebraban durante varios días, ahora sólo son de unas horas, y al mediodía del día siguiente ya deben estar sepultados los restos del difunto. 

Tampoco se permite que acuda la banda filarmónica que iba a despedir al fallecido. Ya no hay rosarios y la Cruz que se ponía al final de los 9 días, se pone el mismo día de la sepultura. 

"Ya no es como antes, que era muy nutrida la despedida".

Pese al dolor, los velorios juegan un papel de encuentro de los pobladores, aclara. 

ES MEJOR AGUANTARSE

También se han celebrado algunas bodas, pero dejaron de ser las fiestas multitudinarias, y las comidas alusivas se han restringido al núcleo familiar. En el caso de los bautizos, sólo acuden los padres y los padrinos de quien recibe el sacramento. 

"Es mejor aguantarse a ver casos como el de Santiago Choápam, donde por un baile, se contagiaron", dice en referencia al caso del municipio también oaxaqueño, donde por una fiesta patronal realizada el 5 de enero en honor al Divino Niño Jesús y Santos Reyes, hubo 400 contagios y 11 muertes.

Aunque en Villa Talea de Castro no ha habido casos, sí los ha habido en el vecino municipio de Ixtlán de Juárez, donde falleció el síndico y lo mismo ha ocurrido en otras comunidades. 

"Nos da alarmas para recordar que hay que ser más cuidadosos. También es más común saber de alguien conocido que falleció", dice Edén, de manera seria. 

SUS PENDIENTES

Aclara que él era sólo empleado de la administración municipal, pero estaba al tanto de las decisiones e incluso involucrado en algunas de las decisiones que se tomaron para evitar la proliferación de casos de la pandemia

Por ejemplo, había personas que le pedían ayuda para que cuando estuviera en Oaxaca por trámites o la compra de víveres para la cabecera municipal, le pedían que comprara algunos medicamentos o incluso que les sacara dinero de alguna tarjeta.

Pero como desde el 1 de enero dejó de ser el tesorero municipal, ya no ha viajado a Oaxaca y él mismo ahora debe hacer unos pendientes. 

COMPLICACIONES

Una de las mayores complicaciones es viajar a la capital oaxaqueña o a algún otro municipio a hacer algún trámite. Antes de la pandemia había un camión que pasaba a las 5am y regresaba a las 5pm. Se dirigía a Oaxaca, a hora y media de camino, y daba tiempo para hacer diligencias, compras o lo que se necesitara.

Ahora no pasa el camión y si la urgencia no deja mayor alternativa, hay camionetas que llevan a la gente, pero un problema es el costo. Para viajar a la ciudad de Oaxaca cobran entre 1 mil y 1 mil 200 pesos, y para ir a Ixtlán 600 pesos.

Pero además algunas camionetas no llegan al centro de Oaxaca o de Ixtlán, sino que se quedan a la orilla y ahí quien los haya usado, debe buscar otro transporte. Aunque en algunos casos las camionetas se esperan 2 o 3 horas al regreso del viajero o viajera. Pero no deja de ser un precio elevado.

"La economía no está para un viaje que antes era tan fácil", compara Edén.

FUI INGENUO, NO IMAGINÉ QUE DURARÍA TANTO

La Silla Rota entrevistó a Edén en julio pasado, porque el caso de Villa Talea de Castro ya era conocido por no tener contagios. Entonces compartió que parte de la población ya estaba aburrida por no salir del municipio, o que para hacerlo debía pedir permiso. Incluso, había retenes en otras comunidades de la propia demarcación.

Además, a quienes vigilaban los retenes y estaban en los filtros sanitarios el municipio comenzó a pagarles, ya que los primeros voluntarios resintieron el alargamiento de las medidas y también tenían cosas propias que hacer.

En ese entonces, pese a que desde el primer caso en el país habían pasado cinco meses, Edén calculaba que en octubre ya comenzaría la retirada de la pandemia y podrían relajar las medidas.

"Calculé que para octubre esto se restablecería y podría hacer las cosas pendientes que tenía. No imaginé que el año iba a acabar así. Fui muy ingenuo y pensé que se podría hacer algo pronto".

La pandemia arrasó con las festividades patronales y colectivas. Navidad sólo se celebró con una misa y todos los que asistieron lo hicieron con cubrebocas.

"La gente ha entendido que su uso debe ser riguroso, luego de ver que muchas poblaciones cercanas no creían en esto y se contagiaron. La gente que viene de otras comunidades a los días de plaza debe traerlo y son pocos los que desde la ignorancia no lo portan. Pero aún hay unos pocos que se niegan a llevarlo porque dicen que Dios los protege. La autoridad pide ponérselos o no los deja vender". 

PREMIO

Al preguntarle sobre si sabe si hubo algún beneficio por ser uno de los municipios donde no ha habido contagios, responde que hubo un diploma a la jurisdicción sanitaria de Tlacolula a la que pertenecen, pero apoyos materiales como despensas o algo similar no hubo. 

NO ESTAMOS A NUESTRAS ANCHAS

Edén, quien tiene una maestría en administración, dice que ha tenido la oportunidad de viajar a distintos sitios. Por eso es por lo que lo que más extraña es viajar y ver a familiares que viven fuera de Villa Talea de Castro.

Reconoce que tuvo suerte de que antes de que la autoridad decidiera poner retenes, pudiera llevar a operar a su mamá, el 7 de marzo del 2020.

Una cosa que ha cambiado desde el inicio de las restricciones de entrada y salida es la dinámica económica, a veces es intermitente, entre suspender las actividades del mercado, reactivarlas, o que a veces hay escasez en las tiendas de materiales de construcción. Pero sobre todo lo que cambió y aún no se acostumbra es a la sensación de estar inmovilizado.

"Se siente que hay algo en el ambiente que no nos permite estar a nuestras anchas, se siente algo de todavía mantenernos en alerta y no contar con esa confianza de salir y venir y tratar de no obedecer las medidas o saltárnoslas".

En contraste, cuando llegó a ir a Ixtlán de Juárez a hacer trámites y platicó con personas del vecino municipio de Ixtlán, ellos le recomendaban que se cuidara.

"Está feo esto", le aseguraron.

"Pero hasta que no haya un caso cercano, no se va a sentir esa angustia", reconoce Edén.

"Somos afortunados de no tener casos ni ver a sospechosos, a ninguno, incluso entre tu propia familia", concluye.