Páginas de Facebook del municipio de Puente Nacional resultaron un nicho de venta para Fabiola, de 38 años, quien encontró en los productos de limpieza como gel sanitizante, cloro y cubrebocas ingresos extras para la manutención de su familia.

 

La joven, responsable de tres menores de edad en ese municipio de alta marginación, incursionó en la venta de productos de belleza, zapatos y ropa por catálogo desde hace cinco años, y hoy, complementa la entrada de dinero con la comercialización de productos que permiten reducir el riesgo de contagio del virus SARS CoV-2.  

 

El punto de venta y distribución de Fabiola se encuentra en El Cuajilote, una de las más de 100 comunidades del municipio de Puente Nacional, ubicado en la zona centro de Veracruz. El pueblo se encuentra a 20 minutos de la cabecera municipal. 

 

El Cuajilote, según datos del 2010, tenía 258 habitantes. En la lista de los pueblos más poblados del municipio, es el número 20. Ahí el 13 por ciento de los habitantes no sabe leer ni escribir, y el grado de escolaridad es cuarto de primaria.

 

Fabiola vio en la pandemia una posibilidad de ampliar su negocio de ventas y hoy brinda facilidades de pago a sus compradores, y les entrega los insumos necesarios para reducir el contagio del coronavirus, ropa y zapatos a domicilio.

 

Su rutina de lunes a viernes es similar y le lleva de entre cuatro y cinco horas de la mañana. Desde temprana hora sale a comunidades cercanas como San José, El Cedro, El Crucero y El Coyolar, se hace acompañar de una persona que le apoya en la venta de los productos que adquiere al mayoreo en Xalapa, capital del Estado.

 

La señal para saber que sus clientes habituales requieren de algún producto de limpieza es una garrafa en la puerta de la casa. Así ella sabe que les debe dejar una nueva dotación de cloro, jabón y pinol; además está en posibilidad de cobrar lo que les dejó una semana antes.

 

“En el mundo de las ventas empecé hace cinco años, empecé con otras cosas hasta que finalmente llegué a los artículos de limpieza, todo lo que es jarcería, cloro, fabuloso y suavitel. Aquí son pueblitos pequeños, entonces opté por llevarlos en una camionetita, hasta la puerta de su casa”.

 

La comunidad más lejana queda a unos 45 minutos, pero el ir de casa en casa despachando y actualizando las cuentas pendientes le obligan a destinar gran parte de la mañana fuera de casa. 

 

Hace un año, cuando inició la contingencia, las ventas empezaron a bajar porque las autoridades ordenaron confinamiento, como una medida sanitaria para evitar el contagio del virus SARS CoV-2.

 

Para generar ingresos, Fabiola, que al igual que 3 de cada 10 mujeres en Veracruz es jefa de familia -según estadísticas de la Encuesta Nacional de Gasto y Hogares 2020-, buscó nuevas opciones para promover su producto.

 

Fue que identificó que cada comunidad, de las 10 a las que asiste habitualmente, tenían un grupo de Facebook en los que podía promover sus productos. Ante la limitante de salir de sus domicilios la gente empezó a pedir el servicio a domicilio.

 

En un inicio contaba con una motocicleta para el reparto, sin embargo, era complicado transportar el cloro, jabón y suavitel que le pedían los clientes. Entonces decidió comprar una camioneta de uso, eso le facilitaría el traslado de las garrafas, y le permitió generar una ruta diaria para abastecer a los compradores que contacta por redes sociales.

 

“Vamos por las callecitas y la gente ya tiene sus garrafitas afuera los días y en el horario que yo paso, esa es la señal que quiere cloro.  Ahorita por la pandemia uno va con todas las medidas sanitarias con cubrebocas y guantes, y la gente nos pide cubrebocas para salir a comprar”, cuenta.

 

Tenía dos hijos y hace años adoptó a su sobrina

 

Además de ser responsable de sus hijos Evelyn de 15 y Tito de 13 años, decidió adoptar a su sobrina María que hoy tiene seis.  La menor vivía con su papá desde los 40 días, y cada que él se juntaba con una nueva pareja la niña era maltratada.

 

Al detectar la situación en la que vivía María, Fabiola compartió con su primo su preocupación por los cuidados de la bebé, por lo que le pidió hacerse responsable de ella y a cambio le pasaría el dinero necesario para su manutención, ese fue el acuerdo.

 

En el segundo mes de estar a cargo de María su primo le informó que ya no podía darle dinero para los gastos de la menor, por lo que le pidió formalizar la adopción y aunque aceptó entregarla con papeles, desde hace tres años perdieron comunicación, sin embargo, Fabiola informó al DIF municipal de la situación.

 

La intención, comenta, es que existan antecedentes de la condición de la menor para que en un futuro el papá no pueda denunciar algún ilícito.  Aunque no se formalizaron los trámites de la adopción, la pequeña ha crecido como una integrante más de su familia y ve a Fabiola como a su mamá.

 

La comunidad cuenta con agua, luz e internet, aunque fue un particular quien instaló una antena repetidora que les permite conectarse a la red, medio por el que su hija mayor estudia segundo semestre de prepa, su hijo el tercero de secundaria, y Fabiola promueve sus productos.