TAPACHULA.- Hace tres meses Jorge huyó de Soyapango, San Salvador, capital de El Salvador porque sufrió un ataque armado de pandilleros de la Mara Salvatrucha pero, en territorio mexicano tampoco ha encontrado paz; en cada operativo, cada día, debe mostrar el documento que avala su estancia legal en Tapachula.

 

Mientras platicaba con el reportero, en el Parque "Benito Juárez García" del "corazón" de esta localidad, sacó de su cartera su Documento Único de Identidad (DUI), y luego de su mochila -su única pertenencia- unos papeles que evidencian su trámite ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar).

Mostrar los papeles le ha salvado de ser llevado por elementos del Instituto Nacional de Migración (INM), quienes en esta ocasión, en unos minutos "levantaron" como a 15 personas, entre éstas una familia hondureña, con dos hijos pequeños. Él permanece sentado casi frente a una estatua del ex presidente de México, Benito Juárez.

 

SUEÑO TRUNCADO

Aunque su sueño era ser médico, Jorge Luis Moreno solo alcanzó a estudiar hasta el noveno grado de básica (equivalente a la secundaria) y, en su país, laboró por varios años para una empresa ensambladora de tablarroca, donde obtenía algunos "colones" para mantener a sus dos pequeños hijos (uno de tres y una de nueve años) y a su esposa, quienes aún no pueden penetrar la franja fronteriza mexicana y, con la presencia de la Guardia Nacional y el INM, esa posibilidad se va alejando.

"Desde hace como dos semanas estamos en que van a pasar (hacia Tapachula), pero la situación se ha complicado, y tengo miedo de que les hagan algo, porque ya me llegaron a buscar (miembros de la pandilla), preguntaron por mí, pero ella les dijo que no sabía nada", relata mientras abre su mochila para mostrar la poca ropa que carga en su espalda.

 

Su éxodo fue obligado porque tuvo problemas con familiares de la actual pareja de su padre, quienes están "metidos hasta el tuétano" con el Barrio 18Jorge caminaba una noche hacia su casa, en octubre de 2020, cuando sujetos en una motocicleta le dispararon en reiteradas ocasiones. Por fortuna, salvó el pellejo.

 

Jorge de 32 años de edad viste una camiseta blanca, pantalón de mezclilla, tenis y una gorra, cree que este atentado fue parte de la ambición de la mujer de su padre, quien tiene bienes materiales, como coches y propiedades, y él era como "el rehén" para que esas personas obtuvieran dinero.

DE VEJACIÓN EN VEJACIÓN

Se siente estresado en tierras tapachultecas. Cuenta que, desde su caminar hacia la misma, lo engañaron cuando intentaba atravesar el río Suchiate, por el lado de Tecún Umán, Guatemala, pues un "coyote" le cobró mil pesos mexicanos, pero ya del otro lado, lo atraparon agentes migratorios. Lo estafaron.

Con el presupuesto "recortado" y tras salir de la Estación Migratoria Siglo XXI en Tapachula ha deambulado por las calles de la ciudad, pues el poco dinero que obtiene como estibador en el mercado, solo le alcanza para comer una vez al día, si tiene suerte. "y, para dormir, solo busco donde esté oscuro y ahí me quedo", ataja. 

 

De repente, se toma la gorra, se frota la cara, porque le preocupa la integridad de su familia, pues sabe que en cualquier momento podrían sufrir algún atentado. Ha habido mucho silencio en su tierra natal, agrega, lo que le da miedo porque eso, para él, no es normal.

 

Pero algo que también le desespera es que en Tapachula se le han cerrado las oportunidades, su trámite legal ante la Comar no camina, y si obtiene 50 pesos diarios, es ganancia. "Quiero estar en cualquier lado, menos en esta ciudad de Chiapas, porque no se avanza, no hay empleo, no hay nada", argumenta.

Tampoco volvería a su país, al menos no este año, porque allá solo le pagaban, si mucho, 6 dólares por 14 horas la jornada laboral, es decir máximo 120 pesos mexicanos. "Haz de cuenta, güey, de 10 de la mañana a medianoche, ¡no manches, güey, es una estafa!", justifica.

 

Pero él sabe que su fe en Dios le ha ayudado a continuar. De pronto, recibe algunos recursos de amigos que están en Estados Unidos, o de tías que dejó en El Salvador. Eso le sirve para salvar al menos un día, mitigar el hambre y la sed.

 

Aunque la desesperación por momento invade su paciencia, Jorge se mantiene firme en su objetivo, y si la vida le da la oportunidad, desearía llegar a Tijuana, Baja California, pero ya de forma legal y con su familia.

MIGRACIÓN ESTÁ AL ACECHO

Pero la "cacería" de migrantes es constante. En el río Suchiate, municipio del mismo nombre, los agentes migratorios y de la Guardia Nacional mantienen su postura: solicitar documentación a las cientos o miles de personas que cruzan, en balsas, de Tecún Umán a Chiapas.

Kilómetros más adelante, de Tuxtla Chico hacia Tapachula, en el puesto de revisión "El Manguito", los elementos del INM redoblan la vigilancia. A diario, dice uno de ellos, captan entre 20 o 30 migrantes de todas las nacionalidades, desde venezolanos, hondureños, cubanos, salvadoreños, entre otros.

Es mediodía, en uno de los operativos, subieron a cerca 10 personas a un camión de esa dependencia que los llevaría a la estación migratoria "Siglo XXI". Incluso, un hombre, al parecer de Honduras, que caminaba por la ruta, prácticamente se entregó solo; fue subido al autobús oficial, desde donde un joven mostró una cartulina con la leyenda: "Ayuda".

 

Mientras tanto, Jorge, quien es uno de los mil 041 solicitantes de refugio de El Salvador, durante este año, ante la Comar, sabe que el Todopoderoso lo protege, pues si libró una amenaza y una advertencia, a balazos, de la Mara Salvatrucha, está confiado en que, en algún momento, su vida y la de sus seres queridos mejorará. "Le doy gracias a Dios que me avisaron...", remata.

De lo que el salvadoreño está convencido, es que no quiere formar parte de la lista negra que vio caer en manos de las pandillas --como al menos 30 amigos de la infancia-- y de la misma policía de su país, quienes matan sin piedad.

 

Con base en datos de la COMAR, solo el año pasado atendió cerca de 17 mil 264 solicitudes, equivalentes a casi 27 mil personas, mientras que en lo que va de este año, se encarga de 5 mil 969 casos, de un total de 9 mil 627 ciudadanos migrantes.

En un comparativo de las 4 delegaciones con las que cuenta, aparte de la de Chiapas, en Tabasco, Veracruz y Ciudad de México, de enero a diciembre de 2019 atendió 70 mil 440 solicitudes, en el mismo periodo pero del año pasado hubo un descenso importante: solo registró 41 mil 222, mientras que de enero a febrero de este 2021, ya suma 13 mil 513.

En 2019, 2020 y en lo que va de este 2021, Honduras encabeza la lista de solicitudes con 30 mil 114, 15 mil 477 y 7 mil 319, respectivamente.