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Opinión



Yuribia, el teatro; Coatzacoalcos y la disputa electoral de PAN/PRD y MORENA

Martes, Enero 10, 2017 - 19:31
 
 
   

Una cosa fue el gasolinazo y otra el vandalismo; aunque se juntaron o los mezclaron.

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La analogía que realizó el gobernador Miguel Angel Yunes Linares sobre el robo de cien pesos y una coca cola nos remitió inevitablemente al Javier Duarte burlón de los frutsis y pingüinos.

Observar al mismo MAYL correteando delincuentes en el Chedraui de Las Brisas de la ciudad de Veracruz trajo a la memoria al Fidel Herrera Beltrán descalzo, con los pantalones arremangados hasta las rodillas y encabezando el rescate de familias inundadas en el norte del estado.

Fidel repartió 500, 1000,10 000 mil pesos así nomás a bote pronto, sin explicar de dónde provenía ese dinero y lo hizo por años a lo largo y ancho de la entidad, con gente pobre que lo adoraba por eso y con vividores que no tenían la necesidad de recibir el regalo sospechoso pero lo reclamaban.

Eran los tiempos en que los zetas dominaban “la plaza” del estado de Veracruz.

Ahora, de acuerdo a información de la SEMAR, el Cártel de Jalisco Nueva Generación mandó a los zetas al segundo lugar pero la demagogia sigue siendo la demagogia y la manipulación política sigue siendo la manipulación política.

El gobernador Miguel Angel Yunes Linares repartió vales de 500 pesos en la ciudad de Veracruz a gente pobre en el contexto del saqueo “provocado” por el gasolinazo.

Eso sí, aclaró que la cantidad sumó 2 millones de pesos y el origen del recurso está en su peculio y el de su familia.

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Una declaración clave de Yunes Linares que refuerza lo expresado en más de una ocasión por esta columna respecto a la presencia del crimen organizado que no disminuye su poder y su accionar en su guerra de cárteles contra cárteles y ataques a la sociedad civil, fue la de ubicar esa delincuencia como responsable de los actos vandálicos que vivió parte de la entidad la semana pasada.

Quedó claro en Veracruz, como en otros estados, que una cosa fue el gasolinazo y otra el vandalismo; aunque se juntaron o los mezclaron.

Asimismo, se expresó de parte de la sociedad civil –vía manifestaciones pacíficas- que el de Enrique Peña Nieto es un gobierno debilitado; con reformas estructurales fracasadas hasta hoy e insensible frente el hartazgo de las clases populares y las clases medias del país por la pobreza e inseguridad crecientes y ante la corrupción que EPN, “la gaviota” y la clase política en conjunto representan.

No todos los saqueos provinieron de los delincuentes. Los hubo de gente enviada por grupos de poder, partidos políticos o el propio gobierno y también por ciudadanos tan abusivos como –en algunos casos- empobrecidos. Lo ocurrido entre el miércoles 4 y el sábado 7 de enero del 2016 fue un caos que tuvo visos de fenómenos sociales mucho más profundos y distintos pero que vale la pena recordar por sus inicios: el movimiento de 1968 y la Revolución de 1910. Ambos surgieron de demandas sociales claras como la democracia, el alto al abuso de las clases sociales superiores,la pobreza y el hambre de las masas y devinieron caos, lucha, represión y muerte.

En los dos casos la sociedad civil manifestó su coraje contra un gobierno incapaz de satisfacer sus demandas básicas y por tanto presentó elementos de Estado Fallido.

En el de hoy, la falla no es sólo de Enrique Peña Nieto. Se trata de un hoyanco estructural, a nivel de la Federación y de numerosas entidades en particular, entre ellas Veracruz; con el fidelismo/duartismo como cabeza de un robo sin precedente histórico y un yunismo que acude al patrimonio personal para atender demandas de hambre y sed imposibles de saciar por esa vía.

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La toma de la presa Yuribia y su rescate tiene todos los visos de haber sido un teatro bien montado; con medios de comunicación ingenuos o cómplices de por medio y con estructuras de poder que manipulan las demandas indígenas, los cuales normalmente operan del mismo lado y en esta ocasión sospechosamente “se dividieron”.

San Pedro Soteapan, pueblo Popoluca, es gobernado por el PRI vía Antorcha Campesina. Mecayapan, pueblo Popoluca, es gobernador por el PRI vía Antorcha Campesina que representa el brazo radical del priismo.

Tatahuicapan, pueblo Nahua, es gobernado por el PRD y luce sumamente dividido respecto a dos temas: el manejo de la Presa Yuribia y las elecciones que del 4 de junio del 2017. En Pajapan, cuarto municipio de la Sierra de Santa Martha Y San Martín, gobierna el PAN a través del Alcalde Inocente Osorio Morales. Finalmente, Hueyapan de Ocampo, quinto municipio con comunidades de la Sierra que enlazan a Santa Martha y San Martín con Los Tuxtlas, es gobernado por Lorenzo Velázquez del Movimiento Ciudadano.

Este conjunto de municipios empobrecidos y con un número relativamente pequeño de electores, no representa el peso que por sí mismo tiene Coatzacoalcos con más de 300 mil habitantes que sumados a los de Minatitlán y Cosoleacaque alcanzan el medio millón; en el antiguo Puerto México se ha firmado el acuerdo para que sea sede de una Zona Económica Especial; se le asignó el segundo presupuesto más grande del estado para el ejercicio 2017 con más de mil millones de pesos y en las elecciones del 5 de junio del 2016 el partido MORENA se llevó las dos diputaciones locales y la mayoría de votos para el candidato a gobernador; es decir, ahí perdieron los candidatos del PRI –Héctor Yunes Landa- y del PAN/PRD –Miguel Angel Yunes Linares-.

En Minatitlán y Cosoleacaque también triunfó MORENA de modo que cuatro de sus 12 diputados en el Congreso Local surgieron de esta zona.

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La imagen de Miguel Angel Yunes Linares liberando la presa Yuribia después del diálogo con los líderes ejidatarios priístas –el hijo de uno de ellos es delegado ante MORENA- tiene un significado muy claro. El mensaje no fue para la Sierra, sino para los electores del corredor Coatzacoalcos-Minatitlán-Cosoleacaque.

La insistencia del gobernador en el sentido de que detrás de la toma de la presa está gente de MORENA –no se han exhibido pruebas hasta hoy- presenta elementos para observar una pugna electoral apoyándose en una problemática social añeja: la del agua en el sur de Veracruz.

El tema del agua en el sur veracruzano es un asunto de implicaciones culturales profundas, escribimos en el Claroscuros “Ensayo para una Desolación 1” donde compartimos un fragmento de la tesis doctoral en historia regional de María Elena Roca Guzmán, antropóloga y especialista en el tema.

De modo tal que atender la problemática del sur no es un asunto de cerrar y abrir válvulas, como tampoco lo es –desde luego- de poner 2.5 millones de pesos mensuales en manos de manipuladores o rufianes profesionales.

El del agua es un problema multifactorial que debe atenderse desde una visión política/humanista/técnica que atienda las muchas voces protagonistas tanto en la sierra como en el corredor industrial del Coatzacoalcos donde la sociedad civil lleva mano.

Por lo pronto, la imagen del gobernador abriendo la válvula de la presa sin presencia de fuerza pública alguna fue un mensaje teatral y claro para la gente los municipios con mayor cantidad de votantes en el sur: votar por MORENA es votar por quienes son capaces de dejarlos sin agua.

¿La presa fue bloqueada sólo por la ambición de los líderes ejidatarios y seguidores? ¿Cuáles fueron los acuerdos y entre quiénes para una liberación tan pronta y expedita; por cierto en pleno invierno con norte y lluvia disminuyeron los efectos negativos contra pobladores afectados?

La lucha electoral del 2017 en Veracruz será mayoritariamente entre la alianza PAN/PRD y MORENA. Es una lucha que ya empezó y tiene en Veracruz/Boca del Río, Xalapa y Coatzacoalcos, escenarios clave para las pugnas políticas estatal y federal del 2018.


Circo, Maroma y Grilla.

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