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Opinión



Premio franco-alemán de Derechos Humanos Gilberto Bosques

Domingo, Abril 16, 2017 - 21:34
 
 
   

Los enemigos de entonces, se unen para ofrecer un premio a Defensores de los Derechos Humanos...

(Semblanza de un hombre extraordinario)

“Los que tenían la firma de Gilberto Bosques, tenían fe para la vida”.

Flory Klapp Rosenroth

“Toda mi familia le debe la vida al Excelentísimo Gilberto Bosques Saldívar, quien nos otorgó la visa para ir a México, sin lo cual no estaríamos aquí, ni nosotros, ni nuestra descendencia”.

Danielle Wolfowitz

 

El premio Gilberto Bosques 2017

¿Qué podría haber de más simbólico? Los enemigos de entonces, se unen para ofrecer un premio a Defensores de los Derechos humanos en México. En 2013, a cincuenta años de la firma del Tratado del Eliseo que marcó la reconciliación oficial entre Francia y Alemania, las Embajadas de ambos países en México decidieron crear un reconocimiento conjunto, como una celebración de la paz. Una mano extendida. Un resarcimiento. Fueron el Presidente Charles de Gaulle y el Canciller Konrad Adenauer quienes firmaron el tratado el 22 de enero de 1963. ¿A quién honra el premio? Nada menos que a uno de los más brillantes y comprometidos diplomáticos mexicanos: Don Gilberto Bosques, Cónsul de México en Francia durante la segunda guerra mundial. Se dice que Don Gilberto otorgó más de 40 000 visas que salvaron la vida de refugiados españoles en Francia y de judíos de distintos países perseguidos por el nazismo.

Este año (en su tercera entrega), en una ceremonia en la residencia del Embajador de Alemania Viktor Elbling y con la presencia de la Embajadora de Francia Maryse Boissière y de integrantes de diversas organizaciones e instituciones defensoras de los Derechos Humanos, el Premio fue otorgado a GIRE (Grupo de Información en Reproducción Elegida), organización que desde 1992 trabaja en la defensa legal de los derechos reproductivos. En nombre de GIRE agradeció su directora Regina Tamés Noriega. Las menciones Honoríficas: Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan. Recibió la Mención su Director Abel Barrera. Desde 1994 el Centro trabaja casos de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, tortura e impunidad. Y la segunda Mención para el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, fundado en 2001, organización dedicada a la formación en temas de género, derechos humanos y liderazgo. En ausencia de Ximena Andión Ibañez, actual directora, recibió la Mención la directora anterior e integrante del Instituto, Emilienne de León Aulina.

Don Gilberto

Don Gilberto (20 de julio de 1892, Villa de Chiuatla de Tapia, Puebla), fue nombrado por el General Lázaro Cárdenas como Cónsul de México en Francia. Tras la derrota de los republicanos en la guerra civil española, decenas de miles de entre ellos buscaron refugio en Francia huyendo del franquismo, en donde fueron detenidos en campos de “tránsito”, en condiciones que se han descrito como espantosas. Enterado de esta situación, don Gilberto Bosques visitó los campos y quedó horrorizado. Su primera labor fue informar a Lázaro Cárdenas, quien autorizó que el consulado mexicano expidiera visas para México: “a todas los refugiados españoles que así lo solicitaran”.  México abrió sus puertas. México en un momento más que honroso de nuestra historia, se convirtió en tierra de asilo para decenas de miles de personas.

Al estallar la segunda guerra mundial y con la ocupación alemana en Francia, la situación fue ya gravísima. Miles de judíos de distintos países de Europa se encontraban en el inminente peligro de deportación hacia los campos de trabajos forzados y  exterminio. Una vez más, don Gilberto intervino, tomando todos los riesgos que le implicaba desafiar al nazismo desde el Consulado de México en Marsella (al cual se trasladó al cerrarse el Consulado de París, tras la ocupación). Si bien Marsella pertenecía a la supuesta zona “libre” de Vichy, su gobierno era colaboracionista. Ese hombre “gigante moral de una ética inquebrantable”, como lo describió Lillian Liberman (citada por Elena Poniatowska), autora de “Visa al paraíso” - el excelente documental que narra la vida de Bosques y que incluye entrevistas con sobrevivientes refugiados en México - decidió que no había un segundo que perder y que el compromiso de los integrantes de la misión diplomática mexicana era muy claro: salvar el mayor número de vidas.    

                                            

La afluencia de personas solicitando refugio fue tal, que ya no cupieron en las oficinas del Consulado de México en Marsella, don Gilberto (con el apoyo del gobierno mexicano) rentó dos castillos en donde pudiera alojarlos mientras lograban resolver los trámites para extenderles una visa o un salvoconducto para escapar de Francia. Izó en ellos la bandera mexicana, y los declaró “territorio mexicano”, a semejanza de las sedes diplomáticas. En uno de ellos fueron protegidos quinientos niños y mujeres. Con frecuencia, cuentan quienes lo vivieron, él mismo los acompañaba hasta la escalerilla del barco, para estar seguro de que lo tomaban y estaban a salvo. Rumbo a México.

Los refugiados con frecuencia salían hacia la libertad en barcos clandestinos. Bosques y su equipo fueron acosados por las autoridades alemanas y francesas, por los enviados de Franco, por miembros del Consulado de Japón. La defensa de los perseguidos por parte del Consulado de México era un secreto casi a voces. Cuando México rompió relaciones diplomáticas con Francia, la GESTAPO ocupó el Consulado. Don Gilberto, su esposa y sus tres hijos fueron detenidos junto con todo el personal de la sede diplomática y permanecieron en reclusión durante un año, hasta que fueron canjeados por ciudadanos alemanes detenidos en México. Al regreso de don Gilberto y su familia a México, su recibimiento fue una gran fiesta de gratitud y respeto. Allí estaban, para agradecerle, miles de las personas a las que su valor y su grandeza moral habían salvado.

         

Al final de la guerra, don Gilberto fue enviado como Embajador de México en Portugal, también fue Embajador en Finlandia, Suecia y Cuba. Murió a los 103 años en la Ciudad de México. “Cárdenas nos dio asilo, y cuando llegamos a México mis padres y yo por primera vez sentimos que estábamos en un país del que no nos iban a expulsar”. Su nombre es pronunciado con un amor inmenso por los refugiados que han sido entrevistados. Vale mucho la pena escucharlos. Larga vida a la memoria de un hombre extraordinario.

Texto de Elena Poniatowska que incluye partes de una entrevista que ella y Mariana Yampolsky le  hicieron a don Gilberto, cuando tenía ya 98 años.

http://www.jornada.unam.mx/2015/07/22/opinion/a06a1cul

Trailer del documental “Visa al paraíso” de Lillian Liberman

Museo de Memoria y Tolerancia

Semblanza de don Gilberto.


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