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Opinión



La meritocracia y la generación Z

Viernes, Mayo 19, 2017 - 20:24
 
 
   

Entramado intergeneracional. Meritocracia y estatus. Vínculos, compadrazgos y corrupción. Riesgos.

“El éxito y las riquezas son de quienes las merecen”. Con esta frase podemos dar una introducción a un sistema viejo que viene desde los años 80´s, pero a su vez “nuevo” por su  reciente definición, al apenas caer en la cuenta como sociedad de que respiramos y comemos a diario de esta ideología, la meritocracia.

¿Pero, quiénes son los más afectados o beneficiados de las consecuencias de este sistema ideológico? Sin duda alguna, la generación Z y parte de la millennial. Recordemos que la primera se define como los nacidos del 2000 a nuestros días, y la segunda como los del milenio pasado pero cerca del nuevo, hablamos de los nacidos de 1985 al 1999. En la actualidad los niños y adolescentes de estas generaciones, son introducidos al mundo con la constante pregunta: ¿qué quieres ser de grande? Y esta se va desarrollando cuando crecen a través del cuestionamiento en alguna convivencia, ¿a qué te dedicas? Respuesta clave que definirá tu estatus y relaciones sociales.

Las generaciones pasadas como la de nuestros padres y abuelos, nos enseñaron la cultura del esfuerzo y la constancia, se nos inculcó la idea de que todo es posible con trabajo y dedicación, esta formula, se reforzó con la llegada de las nuevas tecnologías y el amplio acceso a la educación, variable que terminó por colocar el valor de la persona de acuerdo a sus logros y méritos recibidos en todos los rubros a lo largo de su vida, no en vano que se aumentaran los reconocimientos académicos en las escuelas por cualquier pretexto, una mayor gama de opciones de licenciaturas inexistentes y por lo mismo una mayor exigencia de parte de las empresas para contratar a personas altamente calificadas y con los méritos necesarios para ingresar a los puestos ofertados. Pero todo esto no suena mal ¿o sí?

A simple vista no suena mal, pero la visión cambia cuando nos damos cuenta de que no todos cuentan con las mismas condiciones para desarrollarse profesionalmente, y que por lo tanto este sistema refuerza la división de clases sociales, lo cual nos dice que a mayor estatus social, mayor nivel académico y mayor éxito económico-profesional, y a menor acceso educativo, menor acceso a méritos y por lo tanto una menor calidad de vida como la vende el mundo, y como resultado más pobres.

Pero vamos a suponer que la cosa es pareja y que todos tenemos el acceso a las condiciones por igual para realmente competir con base a nuestro esfuerzo y talento, sin embargo, nos damos cuenta de que también los que están arriba y siguen creciendo, no es muy común que sea por sus habilidades, sino por un toque de suerte, sumado a la clase social donde nacieron,  la élite a la que pertenecen, el compadrazgo, la corrupción y mucho otros factores que hoy en día influyen en la meritocracia.

La generación Z, goza de características que la hacen vulnerable ante este sistema, la primera porque a la gran mayoría se les configura el “chip” de que todo es posible y de que todo lo merecen. Mismo pensamiento que los lleva a sobrevalorar los estudios como condicionantes para obtener el mejor trabajo gerencial inmediatamente después de graduarse, lo que los llega a frustrarse cuando topan con pared en un mundo utópico que se les vendió y en donde las oportunidades son escasas, un mundo en el que el éxito se basa en un sistema cuantificable, donde el que más tiene, es el más exitoso, y el que menos tiene, es discriminado como un loser o desafortunado. Que no nos sorprendan las razones por las que en plena era de la post-modernidad, se ha incrementado exponencialmente  el número de suicidios en niños, adolescentes y adultos, ¿serán las ansias por ser reconocidos en un estatus?

Encontrar el justo medio en la aplicación de este sistema meritocrático, es el verdadero reto, ya que en parte tiene un resultado propositivo cuando se entiende correctamente. Tal es el caso de países de primer mundo que así funcionan, ahí el caso de Canadá, Finlandia, Alemania, Suecia y muchos otros, en donde los puestos de gobierno son realmente ocupados por personas especializadas en su cargo y méritos reales, por ejemplo, el  secretario de educación, resulta ser un profesor reconocido, así como el secretario de salud es un doctor, el de agricultura un campesino, etc. Pero ¿este sistema aplica en países en vías de desarrollo y en países con un arraigo al capitalismo exacerbado? ¿Quizás México?

Y tú… ¿a qué te dedicas?

¡Enhorabuena!

Referencia:

Rise of the meritocracy, Michael Young (1958)


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