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Opinión



Furtivos

Martes, Septiembre 12, 2017 - 21:57
 
 
   

Nombrada como una de las mejores y más importantes películas en la historia del cine español.

Furtivos

(José Luis Borau, 1975)

Si bien la alegoría de Furtivos se aboca plenamente a las cicatrices de la guerra civil española, el espacio en que se construye es una reedificación de todo aquello que se perdió durante el maltrecho camino de tan penosa etapa en dicha nación, su encadenado está dotado de una pasmosa universalidad que se abre a todos tiempos y lugares.

El trabajo de José Luis Borau revela de sobresaliente manera nuestras permanentes confusiones, nuestra postura siempre hiriente en pos de nuestras convicciones y el logro de nuestros deseos más mundanos y triviales. Su andanza es directa y sin ataduras de sobra: a excepción del personaje principal de la película, las demás figuras que conducen los ejes narrativos de la cinta no quieren abandonar los usos cotidianos que les rigen y han regido en su comodina y falsa calma. Se reniegan al cambio, su ansía se enfrasca en un mundo negado a nuevos deseos; las forzadas ventanas con las que miran al horizonte son engañosas y anticuadas. Sus desahogos se encaminan a una nostalgia que les ha sido arrebatada, pero a la cual tercamente se han atado sin ver a bien los pasos que van sorteando un bosque lleno de ardides y trampas.

Sin tomar en cuenta las posibles consecuencias de sus actos, las decisiones que emiten los habitantes del universo del filme constituyen una cortina latente de arrebato y atropello. La presión con la que cada uno de ellos ha armado su plan los describe: decora sus necesidades y sus conveniencias frente a la ignominia de los otros. Las monedas de cambio con las que cuentan son parte de su personalidad y queda claro que no tendrán reparo alguno en usarlas para lograr su meta; fin que allana en su mente el lívido personal del placer, orgullo, soberbia y/o poder. La triangulación de conflictos que se presentan es ante una sencillez abismal, ejemplar y categórica. Una fineza que demuestra que las primeras lecturas pueden llegar a ser conflictos abismales. Su narrativa nace de un pretexto universal: chico conoce chica, no obstante sus alances siguen sin verse tan puntuales, enfáticos e interesantes como en esta grandiosa obra.

Ángel, cazador furtivo que vive bajo el yugo dominante de su madre, decide ayudar a Milagros, una joven que recién se ha escapado de un reformatorio católico con el fin de reencontrarse con su amante: El Cuqui (delincuente buscado por toda la guardia civil bajo la etiqueta de peligroso), y de la cual se siente sumamente atraído. Es de esperar, pues, que la llegada de esta nueva mujer a la vida hogareña y atemporal de Ángel y su madre abrirá puertas que han mantenido ocultos los más oscuros rincones de cada uno de los involucrados.

El sexo, la misericordia, la fe y la venganza se mezclan en una amalgama que reclama un pasmoso final que lejos de su amoralidad, se determina como lógico ante el seguimiento de los hechos que han creado un excepcional guion escrito por Manuel Gutiérrez Aragón y el propio director. El ritmo impuesto por el montaje de Ana Romero Marchen permite la inyección estudiosa de la intriga, igualmente la decoración de Mario Ortiz así como la música de Vainica Doble que ambienta de manera agridulce todo el recorrido fílmico. La fotografía de Luis Cuadrado come aparte, su manejo de contrastes y texturas le da una personalidad madura y seria a toda la cinta. Su trabajo suma sin hacerse notar independientemente.

Nombrada como una de las mejores y más importantes películas en la historia del cine español, Furtivos es una muestra de elegante obstinación. Y aunque su camino por la censura de la dictadura adelgazara lamentablemente su legado ante públicos más nutridos, su peso e importancia se mantiene apabullante. Se sostiene con garbo y energía. El trabajo de Borau es impecable, detallado y armado con inteligencia y distinción. Furtivos, pues, continúa siendo toda una experiencia al apreciarse en la pantalla. Su discurso y su poder se mantienen aún manchados de ira y necesidad por la sangre y la pasión de la vida y de la muerte.

Furtivos de José Luis Borau

Calificación: 4 de 5 (Excelente)


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