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Opinión



La Clase

Lunes, Octubre 2, 2017 - 21:54
 
 
   

Se presenta ante un público que debe empezar a denotar las urgencias de un mundo que cambia...

La Clase/Entre les Murs

(Laurent Cantet, 2008)

Bajo una propuesta de mezcla de técnicas –predecesora a varios ensayos de esta índole que se hayan cada vez más en el cine actual– se encuentra Entre les Murs, cinta que se alzó como la ganadora de la Palma de Oro en su año de exhibición y que lejos de adentrarse de lleno en uno de los temas que aún más se acomoda dentro de la formalidad de ciertas producciones que se tiñen de “serias”: la falta de educación en las nuevas generaciones, explora más bien un estilo de fabricación entre el documental y la ficción sin caer en los puentes habituales. 

Alejado de actores profesionales y encontrando sus entramados con base a talleres de improvisaciones, Cantet mezcla una planeación abierta con una puesta en cámara bastante arriesgada. Con base a tres cámaras: una para cada uno de los ejes de interés y una al servicio de lo que podría pasar espontáneamente dentro de la escena, construye un encadenado cuya frescura resulta novedosa.

En el lecho discursivo, la cinta de Cantet señala a la educación y todos sus protagonistas como prisioneros. Tanto profesores como alumnos. Todos, sin excepción, se arrinconan dentro de su esquina en el encierro que resulta un salón de clases; el saber y el conocimiento por igual, pues también se ven envueltos y cautivos por el desinterés generacional sin que se vislumbre una apertura o extrapolación. El único espacio donde reglamentar las situaciones queda en la disciplina, asunto que por implicaciones mismas de la educación –cambiante y en pos de los valores liberales ya prostituidos o pésimamente interpretados– es en la mayoría de las veces vista como algo autoritario. La real falta de la educación conlleva entonces a conceder un atributo negativo al valor de la enseñanza, una perdida general para toda la sociedad. Eco de errores y de ese ensimismamiento que nos tiene dentro de esos muros que nos presenta la trama.

Con una puesta en escena de libertad cuasi total, con textos y secuencias que se entremezclan aclimatando de manera fresca el ambiente de una cátedra (en la gran mayoría de las escenas uno se siente parte de esa aula), la presión se incrementa a tal grado que detona y atañe a todos; incluso a nosotros, que nos convertimos rápidamente en acusados y acusantes. En testigos y espectadores tanto de la situación como de un encadenado fílmico. La mano exacta de Cantet es quien nos brinda un balance y una incursión técnica que se alza como una innovadora herramienta de denuncia.

Entre les Murs, pues, conquista rápidamente. Su áurea es sencilla y comprensible, es una cinta que se presenta ante un público que debe empezar a denotar las urgencias de un mundo que cambia vertiginosamente y que se pierde con la misma velocidad. Apela a un cine que debe acercar los problemas modernos a las nuevas generaciones; a la actualidad de los hechos. El realizador francés esparce a bien su disertación de manera eficiente por todo su entramado, al tiempo que se da el lujo de mostrar un cambio a las formas del cine sin atacar sus efectos y su ardua tarea: la de narrar bajo la rigurosa ética de que haga saber algo más al mundo. De informar y apuntalar hacía un futuro más pleno. Y es que como ya sabemos en nuestro magro presente: los cambios se adelantan mientras las promesas llegan demasiado tarde.

La Clase de Laurent Cantet

Calificación: 3.5 de 5 (Muy Buena)


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