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Opinión



Los Tronco: la memoria y la sangre

Miércoles, Octubre 25, 2017 - 13:39
 
 
   

Hay en Las Choapas un antes y un después. Un antes de Renato y un después de Renato

Agrestes son los caciques, como los Tronco, que hablan de la violencia como algo lejano, y del atraso de sus pueblos, y de los ejecutados de importación, a los que les arrancan la vida en otras parcelas y los vienen a arrojar aquí, como si ellos no tuvieran nada que ver.

Cínicos son los Tronco, y Miguel Ángel más, cuando ven el caos social, el atraso, la podredumbre política de hoy y no se asoman al pasado de apenas antier, cuando su incipiente cacicazgo en Las Choapas, convirtió en un infierno al último confín de Veracruz.

Por el feudo de los Tronco, el suelo choapense, se tejen negocios grandes y sucios, el de la droga y el tráfico de migrantes, el trasiego que se da en la zona rural y la extorsión a los indocumentados que van a pie o sobre el lomo de “La Bestia” queriendo vivir el sueño americano mientras no salen de la pesadilla mexicana.

Son rudos estos caciques en ciernes con el desvalido y el ciudadano de a pie, pero vulnerables y perseguidos cuando enfrentar a los que detentan poder.

A falta de Renato, que aún anda a salto de mata, perseguido por la ley, acusado aún del crimen del ex regidor panista Alfredo Pérez Juárez, el que debe decir las sandeces es Miguel Ángel Tronco Gómez, cuya la alcaldía le llegó no por ser el mejor candidato sino por no tener contra quién competir.

Cuenta Miguel Tronco, por ejemplo, que en Las Choapas hay “mucha deuda pública”, y un retraso social cañón en los caminos, y rezago en educación, y ni qué decir de la méndiga inseguridad.

“Ya nos agarraron hasta de basurero al municipio de Las Choapas”, dice el alcalde electo tras ver que los ejecutan fuera de Veracruz y los vienen a arrojar al municipio que Renato Tronco, su hermano, a través de él, volverá a gobernar a partir del 1 de enero de 2018.

Ah qué los Tronco. Son de memoria corta y cola larga.

O de cinismo descomunal.

Hay en Las Choapas un antes y un después. Un antes de Renato y un después de Renato. Un Las Choapas en manos del sindicalismo petrolero, el de Carmen Soberano, el de Onésimo Escobar, el Napo, Charles Treviño y achichincles que gobernaron a su alrededor. Y un Las Choapas de horca y cuchillo, excesos y disparates, que le dieron al tórrido suelo choapense estatus de territorio sin ley.

Renato, el prófugo, habrá aprendido que en política lo que parece no es. Y que la ley de la atracción a menudo es el artilugio de los poderosos para liquidar a sus rivales… por muy caciques que se crean.

Miguel Tronco, que sólo es un peón de las locuras de su hermano, sólo observó cómo Fidel Herrera, en los días de la plenitud del pinche poder, jodió a Renato.

Día a día, Renato Tronco enfrentaba a Fidel. Lo acusaba del abandono en Las Choapas y lo trataba como el tirano que realmente es, pero sin advertir que una cosa son los rugidos del gigante y otra los pujidos del gusano.

Perpetrado el crimen de Alfredo Pérez Juárez, la autoría se centró en Renato, un policía, un “aviador” incondicional y un matón. Y el entonces alcalde como cerebro del asesinato.

Lo salvó desde el Congreso de Veracruz, cuando los diputados del PAN le dieron vía libre a la impunidad.

Desde entonces Renato fue fidelista. “Mi mejor guerrero en el sur”, le decía Fidel. Y el bruto se lo creía.

Pasó de la alcaldía a la diputación local por el distrito 30, el Coatzacoalcos Rural, y de nuevo a la presidencia municipal de Las Choapas, con el voto de los que disfrutaron de los excesos, las ocurrencias, el atropello a la ley y la impunidad que le otorgaba Fidel.

Con poder, los Tronco apalearon al pueblo, los que se apostaban frente al palacio y ejercían su derecho a la protesta.

Con poder, los Tronco se adueñaron del erario, los dineros públicos, las obras de origen federal, asignando contratos a la Unión de Ejidos 25 de Abril, la plataforma en que Renato se trepó para subir a la cima —o la Colina del Ratón— y desde ahí caer.

Con poder, los Tronco sintieron el cielo en sus manos, el PRI y la oposición en la bolsa, ganaderos y empresarios orbitando a su ritmo, con un gobernador cómplice, líderes políticos lacayos, diputados sumisos y un senador, Héctor Yunes Landa, pactando con un rufián.

Sus tiempos de diputado son históricos. En el primero lo acusaron del crimen de Alfredo Pérez Juárez y al convertirse a la fidelidad, la libró. En el segundo se trastornó: llegó a caballo al Congreso de Veracruz; quiso disponer del personal como si fuera el dueño del Poder Legislativo; se exhibió en autos de lujo; convocó a un certamen para hallar doble —como si las lacras se pudieran clonar— y terminó convertido en un “aviador” que sin trabajar sólo llegaba a cobrar sus quincenas.

Así hasta que le revivieron el crimen de Alfredo Pérez Juárez y tuvo que huir.

Recordó entonces que los gusanos sólo pujan.

Pasa por sus manos la sangre de un regidor panista que vislumbró sus ansias de poder y lo exhibió. Una bala lo mató.

Pasan por las manos de este Tronco la sangre de otros choapenses que lo quisieron increpar, los que sufrieron la represión policíaca en el parque Benito Juárez; los que fueron levantados, trepados en una patrulla, madreados en la cárcel municipal.

Pasan por las manos de los Tronco la sangre de decenas de víctimas, buenas y malas, halladas en fosas clandestinas, incluido el periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, reportero de Notisur, colaborador de Liberal y La Red, levantado en su hogar de Villa Allende, municipio de Coatzacoalcos, hallado en la colonia J. Mario Rosado, uno de los feudos de Renato.

Pasa por Renato hasta el gusto por las chicas prohibidas, a las que no debió siquiera mirar por respeto a los clanes políticos con los que solía tratar.

Qué caos social, se duele Miguel Ángel Tronco, el personaje segundón que habrá de servirle a Renato para volver a gobernar Las Choapas.

Qué caos, sí, pero gestado por el tronquismo y los cómplices que los adulan y los pillos que desde el poder, en los tiempos de Fidel y el desgobierno de Javier Duarte, siempre los encubrieron.

Qué desastre con la inseguridad, resume el hermano cómodo de Renato.

Memoria corta la del holograma de cacique y su hermano prófugo. Habrán de revisarse aquellos episodios en que las patrullas, los policías, el equipo de radio, la logística dispuesta por la Secretaría de Seguridad Pública de Veracruz servía como seguridad personal, al servicio de Renato y su esposa, Renato y sus hijos, Renato y sus hermanos, Renato y sus negocios.

Y que los choapenses se jodieran con los malos y los malosos, los narcos y los secuestradores.

En el más remoto de los confines de Veracruz, Las Choapas, el tronquismo dejó que su territorio fuera zona de paso del narco y los traficantes de ilegales, de la  trata de nenas y la zona de los muertos en las fosas clandestinas.

Sus ranchos y parcelas en la zona colindante con Tabasco, Chiapas y Oaxaca, fueron también escenario minado, con los muertos junto al camino o bajo un montículo de tierra, unos enteros y otros desmembrados.

Agrestes son los caciques, rudo su lenguaje, infame su mentira. Simula Miguel Ángel, simula Renato que la violencia llegó con otros, no con ellos.

Corta su memoria, larga su cola, abundante la sangre.

De novela.

Archivo muerto

Solía filtrar, violar la secrecía, usar las denuncias para golpear, y mentir sobre sus ligas con el PRD. Y al final se fue. Santiago Nieto deja la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (Fepade), supuestamente tras recibir la presión del ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, por un soborno de 10 millones de dólares para favorecer a la empresa Brasileña Odebrecht, dinero que habría parado en campañas priistas, incluso la de Veracruz en 2010, o sea la de Fidel Herrera-Javier Duarte.

Sábese que hay otra razón mayor: su inclinación y sus vínculos con operadores de Andrés Manuel López Obrador. Uno de ellos, Miguel Barbosa, senador del PRD primero y servil a Morena hoy, aunque en el ínter haya sido de los que le suscribió el Pacto por México a Enrique Peña Nieto. Otro, el ex consejero el IFE, Jaime Cárdenas, luego diputado federal, personaje brillante, de las huestes de lujo del Dios Peje. Ahí, más que en el caso Odebrecht, estaría la razón real de su salida de la Fepade. Santiago Nieto es el que insistía en enjuiciar a la ex diputada morenista Eva Cadena Sandoval por el caso de los dineros para su campaña y para AMLO, según el contenido de varios videos difundidos por el periódico El Universal, cuya naturaleza los hizo “pruebas ilícitas”.

Obvio, el Peje quedaría más limpio que el agua bendita. Santiago Nieto es el que aprieta a Rafael Abreu Ponce, ex director de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento de Coatzacoalcos —o CAEV—, por el caso Yúnete, la entrega de despensas a damnificados del sismo. Y es el que ni un dedo movió contra Rocío Nahle García, la coordinadora de Morena en San Lázaro, también por repartir apoyos a damnificados, usando el nombre del pejepartido y su emblema en las camisetas de sus agremiados.

Destituido por la PGR, Santiago Nieto apelará al Senado para retener la Fepade. Ha de creer que su cese y sus consecuencias no fueron bien calculados en Los Pinos. Seguro, seguro, ahí lo van a respaldar los adversarios del Peje… Precisión: Emily Páramo no dejó la CAEV Coatzacoalcos. Pasó del área de cajas de cobro a la de contabilidad. O sea, la limpia es simulada. Emily, cuyo ex ofrecía arreglos a usuarios con rezagos, vía Facebook, es la pieza más cercana al ex subdirector Comercialización, Félix López Ramón, el que saliera luego de la caída de Rafael Jesús Abreu Ponce. Si alguien conoce cómo se realizaban las “quitas” de recargos y gran parte del consumo de los usuarios, es Emily Páramo.

De los coyotes también sabe cómo operan. Se van los jefes y permanecen sus operadores. Se fue Félix pero como si ahí estuviera… Efraín Martínez ya deshojó su margarita. Le dice adiós a la esposa del ex presidente Felipe Calderón, Margarita Zavala Gómez del Campo, tras su renuncia al PAN bajo el alegato de que en la lucha por la candidatura presidencial no hay piso parejo. Efraín, a la sazón regidor panista en Coatzacoalcos, coordinaba la agrupación Yo con México, la plataforma de la ex primera dama de México.

Cuentan que un día le aconsejaron no llorar de más a los muertos (políticos) y que habría que dejarlos ir. Y así lo hizo con Margarita. Le aplicó la tanatología. “Nosotros aún no tenemos ninguna invitación y tampoco la idea de abandonar el partido. Nosotros somos institucionales, nos debemos al PAN y continuaremos dando la batalla desde adentro”. Y que se sepa, no hay un sólo panista en Coatzacoalcos que haya secundado a doña Márgara. El éxodo tendrá que esperar, si es que lo hay… Quién sabe en otros municipios, pero en Coatzacoalcos Morena ya tiene su alcalde robot. “No mentir, no robar, no traicionar”, repite cada tres minutos Víctor Manuel Carranza Rosaldo, edil electo del que sólo se espera que siga órdenes y dictados, manejado por sus tres mujeres. A toda pregunta, responde como puede el futuro alcalde. E invariablemente, cuando se le acaba la cuerda, repite su “no mentir, no robar, no traicionar”.

Es un pejebot sin inteligencia artificial. “No mentir, no robar, no traicionar” y otra vez “no mentir, no robar, no traicionar”. Si así va a gobernar Coatzacoalcos, esto va a terminar en el diván del psiquiatra… Muy agobiada, July Sheridan emula a Renato Leduc con la sabia virtud de conocer el tiempo. Eso, dice, es lo que le falta, tiempo. Por eso no responde los mensajes, que son una enormidad, que le saturan el buzón de sus redes sociales. Cuenta en Facebook su gran dilema, responder o no responder. En qué cosas pierde el tiempo la diputada local de Morena por el distrito de Minatitlán. De por sí, sus clases de analfabetismo son desgastantes. Las de dicción, ni se diga. Las de lectura de comprensión, igual. Las de baile con diputados del PAN, únicas… ¿Quién es esa reportera de Minatitlán, implicada en la invasión de casas del Fonden, que grita y pregona que si se encuentra al corresponsal del Liberal, Alfredo Estrella, le pasa el auto encima? Ah chingá. No sólo invasora sino también matona…

 

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