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Opinión



Incendies

Lunes, Diciembre 4, 2017 - 21:45
 
 
   

Un retrato del contexto social que se dio durante la guerra civil libanesa

Incendies

La Mujer que Cantaba

(Denis Villeneuve, 2010)

El secreto siempre se ha manifestado como un pretexto ideal en el cine de Villeneuve; el desconocimiento y/o ocultamiento de información precisa y relevante es una afectación severa tanto para quien ha infligido ese silencio como para quien se le ha resignado sin conocimiento de causa; sin saber a cuestas la verdad de la que ha sido protegido: marcas de vida que han de develarse para re-interpretar el pasado. En el caso de Incendies, los lazos consanguíneos se unen a estos tratados y el resultado resulta labrado y desolador para todos los implicados, incluyéndonos a los espectadores como testigos de una cruenta disputa ante las sombras y consecuencias de una vida oculta.

Enmarcada claramente en dos espacios temporales, la cinta, basada en una de las partes que conforman la tetralogía teatral “La Sangre de las Promesas” de Wajdi Mouawad, sirve como excusa para retratar el contexto social que se dio durante la guerra civil libanesa; impresiones de una descomposición social feroz y encarnizada que no sólo fue dejando muertos en el camino sino una herencia de infortunio que como en todo conflicto armamentista, mantiene sus llamas inextinguiblemente dolosas para quienes lo vivieron.

Las situaciones enfrentadas en esta película se originan, entonces, indirectamente bajo ese contexto; territorio donde el honor derrota por mucho al anhelo, la reserva a la certeza y el horror a la justicia. Nawal Marwan ha fallecido, y como último deseo ha pedido a sus hijos que deshonren su cuerpo, que mancillen la dignidad de su entierro. Sumado a la sorpresa inicial de dicha petición, los hermanos descubrirán la primera parte del máximo secreto que les guardó su madre y que habrán de resolver si bien quieren darle un santo y recto sepulcro. De sobra está decir que el paso de los acontecimientos (pasados y presentes) irán haciendo que los rostros y los pasos de todos los involucrados cambien para siempre al irse manifestando la verdadera naturaleza de la protagonista.

Con una agilidad y presteza que va atrapando de manera imperceptible, el recorrido de este encadenado adaptado por el mismo Villeneuve muestra al sacrificio como una arma letal ante las diferencias de credo, la venganza como un reducto de odio social, y la violencia como una moneda de cambio bajo portentosas imágenes que no requieren de una dialogación prolongada o explicativa, sino el espacio propicio (que efectivamente obtienen) para su legitimidad y poder ser experimentadas ante el rigor de la crisis humanitaria, el martirio por la supervivencia y la disputa por el amor.

Acompañado de la fotografía de André Turpin, las pujantes imágenes que se construyen en el filme impugnan una estética a la que terminamos por someternos y aceptar ante un riguroso modo que se conforma sobre el ritmo que dicta el montaje de Monique Dartonne; auxilio mayúsculo al campo emotivo que eficazmente desarma el realizador en claros capitulos y que va anidando paso a paso hasta la extenuación concluyente de la siniestra y bestial verdad, que justa o injustamente les fue ocultada a todos los que rodearon la vida sentimental de nuestro personaje central. Con un uso de la música que abraza de impetuosa manera, la partitura original de Grégoire Hetzel se dota de cierta oscuridad que entreve alegres tonos que quieren explotar y salir a la luz pero no lo logran; esencia misma de la trama y el camino presentado.

Al final, Incendies, la cinta con la que Villeneuve se confirmó como un cineasta de prestigio a nivel mundial, se alza por ser uno de sus trabajos más refinados. Más estructurados y puntuales. El director logra relatar su historia con total franqueza y construirla bajo un talento y dirección actoral que exuda toda su capacidad fílmica –ahora multigenérica. Asimismo soporta de buena manera los cánones de formalidad y elegancia a pesar de los temas expuestos. Su calidad, pues, se denota en cada secuencia y el discurso se encara con valor ante las pesadillas propias que como humanos nos hemos ido creando. Y una buena prueba de ello es esta cinta.

Incendies de Denis Villeneuve

Calificación: 3.5 de 5 (Muy Buena)


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