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Opinión



El Poffet: acusado de narco y venerado entre los juniors

Viernes, Septiembre 14, 2018 - 15:34
 
 
   

Al Poffet no se le veía en cualquier antro. Era dueño de antros. O frecuentaba a amigos con poder

Un pomo, una rola, bacanales de tres días y El Poffet fue haciendo suyo al jet-set, convocando a la casta de los juniors, picando aquí y allá, presumiendo empresas y negocios y millones, sus varias nacionalidades, siendo su destino manifiesto triunfar —¡qué mitómano tan genial!—. Hoy está preso.

Ya fuera en un yate, o sobre la arena blanca de Playa del Carmen, en los antros de Coatzacoalcos, a pie de malecón, Juan Ricardo Lerma Arana se vendía —y se vende— como un ganador, un simpático truhán que a fuerza de ocurrencias o sueños, o fantasías, o embustes, o auténtica generosidad, le dispensaban amistad.

Armaba cada fiestón. Lo orbitaban los hijos de adinerados, gozosos de ser llamados al evento en que se despedía al verano en las playas de Coatzacoalcos —las sucias y pestilentes aguas atascadas de descargas de drenaje—, el Beach Club que así decía adiós a la temporada vacacional.

Hoy está preso.

Al Poffet no se le veía en cualquier antro. Era dueño de antros. O frecuentaba a amigos con poder. O cercanos al poder.

Con Lerma Arana posaban la foto los Ruiz y los Carrasco, o los Basurto, o los Guerrero, o los Herrera, o los Peraza, o los Mendoza, o los Malpica, o los Palafox, o los García. Y tantos juniors más a los que se les vio en aquella beach party con sus atuendos de blanco y mucha alegría qué compartir.

Gente bien. Gente bonita. Y todos circundando al Poffet. Buenas estampas entre lo más granado del jet-set. Jóvenes, la mayoría, con un padre de empresa o una sólida posición social.

Sobrevivir era la premisa esencial de Juan Ricardo Lerma, luchón, según sus amigos y quienes lo veían organizar reuniones y festejos para pasarla bien —o hiperbien—, reservadas para un círculo muy especial.

Lenguaraz, a muchos se les presentaba como un empresario de la diversión y hasta llegó a decir que había nacido fuera de México.

Hoy está preso.

Empresario de antro, El Poffet un día paró. Asediado, dijo a muchos, no pudo con las cuotas que imponía el crimen organizado. Librando gastos, la utilidad de sus negocios se le iba en la paga por protección. Eso solía contar y eso sabían quienes se hallaban cerca de él.

Y decidió partir. Y se acoderó en Playa del Carmen.

Un tiempo, en esa faena por sobrevivir, ofreció plazas en Pemex. Que por sus ligas con hijos de dirigentes petroleros. Que porque un día pudo ser el puente entre un aspirante a petrolero y el operador del líder sindical.

Pasó por la empresa petrolera y terminó con un interminable conflicto legal por el que justamente retornó a Coatzacoalcos y de ahí derivó su aprehensión.

Lo que desarrolló en Veracruz, lo aplicó en el Caribe. Allá se dedicó al antro, al evento de playa, al paseo en yate, al —diría el clásico— solaz y esparcimiento sirviendo al turista, cumpliéndole su afán por la diversión.

Eso allá. En Coatzacoalcos se tejía una historia policíaca, la suya, tocada por un hecho de sangre, su nombre en mantas, su fama en redes sociales, tácitamente imputándole ser el nuevo jefe de plaza, operando para Los Zetas, el grupo delincuencial.

A la altura del restaurant McCarthys, el 4 de febrero de 2018, fue ultimado Edgar Bumas, hijo del líder de la CTM en Nanchital, operador de contratos sindicales en el complejo petroquímico Cangrejera, Jorge Bumas.

Lo asediaron desde otro vehículo. Lo cercaron. Paró la marcha y pretendió refugiarse en el restaurant, pero apenas salió del automóvil, las descargas lanzadas por los sicarios le arrancaron la vida.

Edgar Bumas tripulaba un Jeep color blanco. No era suyo. Era del Poffet Lerma Arana y supuestamente lo tomó sin permiso y se movía en él.

Horas después del crimen, circularon en las redes las fotografías de Edgar Bumas posando con un par de amigos. En su mano se hallaba un arma. En su rostro, una sonrisa.

Al día siguiente, los mensajes corrían en las redes sociales. A nombre del Cártel Jalisco Nueva Generación se reivindicaba la ejecución de Edgar Bumas y aludían al Poffet como el que habría de seguir.

Una investigación privada demostró que el asesinato no fue obra de “los de las cuatro letras”.

Dirían los portales y los medios en sus reseñas que El Poffet tenía relación con Edgar Bumas. Dirían que Bumas era “responsable de ejecuciones y secuestros”, vinculado a Ricardo Lerma, “socio y dueño del bar Acuyo”. Y al Poffet le atribuían el robo de trailers en las autopistas de la región.

Sabíase que El Acuyo es o fue en realidad propiedad del ex director jurídico de la Comisión Municipal de Agua y Saneamiento —o CAEV Coatzacoalcos—, Pedro Tiburcio Zaamario, protegido de Tony Macías, padre de Karime Macías, esposa del ex gobernador Javier Duarte de Ochoa, ella actualmente refugiada en Londres, Inglaterra, burlándose de la ley, sin que la Procuraduría General de la República haya concretado la solicitud de extradición, derivada de una denuncia de la Fiscalía de Veracruz por desvío de recursos en el DIF estatal.

Por El Acuyo han pasado —y pasan— los juniors y los no tan juniors, empresarios adinerados y funcionarios públicos, petroleros y profesionistas, priistas y panistas, uno que otro del PRD y de Morena, toda carne de cañón para los que levantan y extorsionan.

Un tiempo cerró El Acuyo tras un incendio, atribuido a un aviso del crimen organizado que exigía su cuota. Reinició y volvió a cerrar por remodelación. Hoy funciona de nuevo. A menudo se realizaban operativos policíacos, apoyados por fuerzas navales o militares. Y lo más granado de la sociedad lo vuelve a frecuentar.

A la par de su faceta de empresario del jolgorio y el trago, otro historial se integra en el récord policial, no por lo que pudo hacer por su cuenta sino por lo que del Poffet soltaron aquellos malosos pesados.

Un tal José Giraldo, de apellido García Carmenate, nacido en Cuba que respondía justamente al apelativo El Cubano, lo habría señalado como el vínculo con el jet-set. El Poffet dice que no. Sus amigos juran que nunca lo conoció, que no cantó en Las Tortugas, un teiboldans donde operaba el segundo líder de Los Zetas en Coatzacoalcos, el tal Carmenate, según una ficha de Seguridad Pública de Veracruz.

Cuenta un insider del jet-set que a Ricardo Lerma lo cazaron por una diligencia legal. Llegó a Coatzacoalcos a fin de recoger un cheque por un litigio ganado a Pemex luego de ocho años de disputa en los tribunales, que incluía salarios caídos, una jugosa indemnización.

No se hospedó en casa alguna, temeroso de ser detenido. Acudió al hotel Xtended Suits, ubicado frente a Plaza Forum y ahí permaneció. No le fue entregado el cheque el día pactado. Decidió pues, permanecer en el lugar y quedó de verse con dos personas el sábado 8, con las que desayunaría.

A eso de las 11 horas, un operativo espectacular, incluidas fuerzas de seguridad estatal, motivaron su aprehensión. Habría ahí —cuenta el relato público— un cónclave de capos, líderes de células zetas. Lo extraño es que sólo El Poffet cayó.

Hallaron —según la versión oficial, esparcida primero en redes, luego en medios de comunicación— una subametralladora marca Mendoza, con dos cargadores y 35 cartuchos útiles, y una Bush Master con dos cargadores y 50 cartuchos útiles, al igual que yerba verde con las características a la marihuana. También le fue decomisado el automóvil BMW, color negro, vidrios polarizados, en que se desplazaba.

Oficialmente es el Poffet el sucesor del Comandante H, alias Hernán Martínez Zavaleta, o El Padrino, detenido el 29 de junio de 2017 y sujeto a juicio en el penal federal de Villa Aldama, Veracruz, luego que ordenara ejecutar a una familia —cuatro niños, su mamá y su papá— en venganza por el crimen de su lugarteniente, Bernardo Cruz Mota. Oficialmente, pero él dice que no.

Extraoficialmente, al Pofett lo vinculan con José Giraldo García Carmenate, alias El Cubano, detenido en Cancún, el 1 de marzo de 2018. Extraoficialmente, pero Ricardo Lerma lo vuelve a negar.

Sus allegados dicen que nada es real. Y que las armas le fueron sembradas.

Mientras, el jet-set ruega que no vaya a hablar.

Archivo muerto

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