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Opinión



Morena: cuando los diputados se van

Miércoles, Febrero 27, 2019 - 22:54
 
 
   

Tres meses después, Cuitláhuac es un fiasco

Sin quién los guíe, sin luz, sin rumbo, Morena ve a sus diputados partir. Cargan los resabios del conflicto, la confrontación por el poder, las torpezas de un líder miope, torpe, incapaz, y la inquina de un gobernador que riñe hasta con lo que no existe, que vive y pernocta en otra dimensión.

Se van con el sable en la mano, volando cabezas, advirtiendo de los vicios y caprichos, la falta de operación política, la nula efectividad republicana, insumos que conforman el primer fracaso monumental de Morena en el Congreso de Veracruz.

Leno Rosales, el que más habla, acusa intromisión de Cuitláhuac García, el ciego de palacio, y su santo tripulador, Eric Patrocinio Cisneros, el desarraigado secretario de Gobierno que no dialoga, impone; que no concilia, atropella; que no tranquiliza el vendaval, lo atiza.

Su culmen fue la fallida destitución del fiscal Jorge Winckler. Lo pasaron por dos juicios políticos y una andanada mediática y el resultado fue un ridículo devastador.

Morena dominando el Congreso, en número de diputados, en estructura administrativa, con su prensa servil, y el fiscal se quedó.

Mayoría inútil, la de los cortesanos de López Obrador, unos porque no saben un gramo de leyes y otros, los que sí, por mañosos y podridos, conscientes que aprobar un dictamen de juicio político —o dos—, violando la ley, terminaría con un rotundo no en el Poder Judicial de Veracruz, o se caería cuando llegara al ámbito federal.

Aún así, sabiendo que por el lado de la ley no era, prevaleció la terca ignorancia del gobernador. Tiró línea. Instruyó Patrocinio. Ordenó Patrocinio. Los jodió Patrocinio.

Ciego Cuitláhuac, ciegos los diputados de Morena, caminaron hacia el abismo. Y su coordinador, Juan Javier Gómez Cazarín, simulando que sabía operar, llegó a las sesiones sin los votos de 34 diputados que aseguraran mayoría calificada como lo establece la Constitución de Veracruz.

Presumía Gómez Cazarín que a dos diputados del PAN los traía en la bolsa. A cambio de la traición, el Tribunal Electoral de Veracruz tumbaría a su líder estatal, José de Jesús Mancha, reivindicando a Joaquín Guzmán Avilés, El Chapito, cacique de Tantoyuca, donde sólo su hermano, su hermana y él pueden tener poder, atizando el conflicto entre el yunismo y sus rivales, antes aliados.

Pero el líder de Morena en el Congreso falló. Tonto o miope, olvidó que en política mientras uno suma, su adversario resta. Jaló dos votos de panistas, el de Enrique Cambranis y Nora Jáuregui, sin advertir que la oposición ya taponaba el boquete llevándose a la priista Ericka Ayala, ex senadora, y a la morenista Jessica Ramírez, legisladora por Minatitlán.

Y Winckler sigue ahí.

Sus juicios fueron un bodrio legal. Armado, uno de ellos, por un fantasmón que vive del recuerdo, Jorge Reyes Peralta, el resultado fue el ridículo total.

Abogado fidelista, abogado fiasco, con más lengua que neurona, basó su alegato en el testimonio de un procesado de pésimo historial, Gilberto “A”, ex director de Servicios Periciales, al que le imputan haberse prestado a la desaparición forzada de por lo menos 19 personas a manos de la policía criminal del duartismo.

El otro se sustentó en la versión de otro personaje de fina estampa, escolta de Fisculín, alias Luis Ángel “B” de Bravo y “C” de Contreras, el brazo ministerial del ex gobernador Javier Duarte. Alegaba el respetable guarura que Winckler lo sometió a tortura. Y así se endeble era el rollo que ni su amada esposa lo corroboró. El caso fue desestimado en el ámbito federal hace siete meses.

Sobró la estridencia de una prensa que no niega sus filias, duartistas puros, duartistas infames, golpe tras golpe sobre la tesis de que el fiscal se tenía que ir.

Repicaban a diario que porque hay secuestros, homicidios, extorsión, robo, el fiscal —repetían sin cesar— se tenía que ir. ¿Y acaso la prevención no es tarea del gobernador, según vociferaba en campaña Cuitláhuac García?

Hecho trizas, Morena no alcanza a unir sus fragmentos. Les faltan tres piezas de un rompecabezas sin forma y otras están a punto de volar.

Humeaba aún la pólvora, impactada la cúpula obradorista, enfurecido el gobernador, humillado Patrocinio, cuando tres de los suyos los mandaron tácitamente al infierno y más allá.

Sobre el campo batalla, Gómez Cazarín y el presidente del Congreso, el neomorenista José Manuel Pozos, que antes pasó por el PRI, ex candidato panista de la línea de Enrique Cambranis, uno de los diputados del PAN que se prestó a reventar a Winckler. Y con ellos, la banda de Morena que acataba la orden, el capricho de Cuitláhuac y su tripulador.

Se fueron José Magdaleno Rosales Torres, Jessica Ramírez Cisneros y Augusto Nahún Álvarez Pellico, el de Medellín, la de Minatitlán y el de Orizaba. Son los primeros en externar su rebeldía, aguardando a otros que pronto se irán.

De los 26 diputados originales, les quedan 23. Ya no alcanza Morena mayoría simple de 25 votos.

Se van los tres y la felpa es de antología. Concluido el circo del juicio al fiscal, se abrieron de la fracción parlamentaria de Morena, constituyendo una independiente, denominada —para que duela en Morena— “Juntos Haremos Historia”.

Lidera Leno al grupo de los tres. Y con ellos, el diputado del Partido del Trabajo, Erik Iván Aguilar.

De tiempo atrás truena Magdaleno Rosales contra Patrocinio por ignorante y atropellado, por dictar línea para ver arrodillarse a todos.

A su par, Juan Javier Gómez Cazarín, extraído de un archivo viejo, sin roce político, un infeliz invento del gobernador, lo ubicó como un operador de barrio, comprador de conciencias, pagador de lealtades, vía tarjetas Saldazo con las que realizaba depósitos a otros legisladores que así abrían la tapa del cofre de Cuitláhuac García.

Confrontados desde que todos eran “electos”, Magdaleno Rosales mostraba así las cuarteaduras de Morena, los trinquetes y las satrapías, la infame condición del que no se alinee, no sale en la foto.

Frente a la lideresa nacional de Morena, Yeidckol Polenvsky, Leno acusó las tretas de Gómez Cazarín cercando al gobernador, el que abre o cierra puertas.

Se van Leno, Jessica y Nahúm, hastiados de las pifias de Gómez Cazarín, de cómo guía a Morena en el Congreso de Veracruz, del manejo —ojo— administrativo y político.

Sacudido, Morena lleva tres meses en el poder y el carnaval se les adelantó. Perdió diputados de su bancada, se confrontó con Gonzalo Guízar, del Partido Encuentro Social; se les fue el petista Erick Iván Aguilar López, y dos priistas, Ericka Ayala y Juan Carlos Molina, les han votado en contra.

Tres meses y el caos impacta. Al garete su gobierno, Cuitláhuac añora la salsa, las caguamas y el sabadaba, los cuates de la Progreso, en Xalapa, el jolgorio y el reventón.

Su gobierno, en tres meses, hace agua. No hay luz ni rumbo. Llega tarde el presupuesto, reformado por él, y origina un tsunami de reclamos, recortando a dependencias clave y manteniendo al ejército de inútiles, amigos y familiares, en los cargos de dirección.

Sus vendettas lo distraen, y lo exhiben. La del fiscal Winckler es una epopeya. Sabiendo que carecía de sustento legal, apostó a un mayoriteo en el Congreso y ahí también reventó.

Su líder cameral, Gómez Cazarín no sabe operar. Ni alcanzó la mayoría para separar del cargo al fiscal, y provocó el éxodo de tres integrantes de su bancada.

Tres meses y Cuitláhuac no arranca. O arranca mal.

Pasa sus días en el limbo, riñendo hasta con lo que no existe, detrás de sus fantasmas, viviendo y pernoctando en otra dimensión

Dicho está: gobernador que controla medio Congreso, es medio gobernador.

Archivo muerto

Como Calígula que desairaba al Senado romano, Andrés Manuel López Obrador se complace en la Guardia Nacional, aprobada por la Cámara Alta y ya casi en la Baja, y desliza que quien la encabece puede ser un militar en retiro, pero al fin militar. O sea, el Senado aprueba que sea un civil y AMLO ni lo oye ni lo pela. Es su prerrogativa, enfatiza el presidente. Y puede imponer a un civil o a un militar. Ese, entre otros puntos, atoraron el dictamen en el Senado. Aprobó la Cámara de Diputados, cámara de origen, la iniciativa presidencial que da a los militares y navales estatus jurídico para asumir la lucha contra el crimen organizado. Antes, de Felipe Calderón para acá, más de 12 años actuando fuera de la ley, fustigados por ministros de la Suprema Corte de la Nación, increpados por organismos de derechos humanos, acusados por el mismo López Obrador de abusos, atropellos, violentando los derechos ciudadanos. En el Senado, Morena y el Partido del Trabajo concibieron un dictamen que otorgaba mando militar en la parte operativa, sin plazo para el regreso de los militares y navales a sus cuarteles, manteniendo el fuero militar. Pero la oposición —PRI, PAN, PRD y Movimiento Ciudadano— rechazó avalarlo. Morena pasó entonces del desdén a la suavidad. Sabiendo que irse solos, mayoriteando, generaría ilegitimidad, modificó el dictamen e incluyó lo que sus adversarios proponían. Cedió a la presión. Al frente de la Guardia Nacional quedará un civil, no habrá junta militar, no habrá fuero militar y se le impone caducidad a la actuación de los militares, que en cinco años máximo retornarán a sus cuarteles. Unos y otros reclamaban el triunfo. Festejaban los opositores y los organismos de derechos humanos. Y horas después, AMLO, que andaba como león enjaulado por fallarle al sector castrense en su estatus de privilegio, sale a decir que tiene la facultad de designar al frente de la Guardia Nacional a un civil o a un militar. O sea, el Senado vale nada. Pero si impone a un militar, Morena y el Dios Peje mismo quedan como falaces y tramposos. Y los organismos de derechos humanos se lo van a acabar… Suman y suman los muertos en Veracruz, y el secuestro y el robo y la extorsión. Una semana, la del 17 al 24 de febrero, detona la crisis de inseguridad, el baño de sangre y la zozobra social. Hay 32 asesinatos más que se agregan a los 96 ocurridos en el resto del mes. Y 12 secuestros, que sumados a los 21 de las dos primeras semanas de febrero, alcanzan 33 sucesos, disparando a Veracruz al primer lugar nacional. Creció el robo de vehículo de 242 a 319 casos; el robo a comercio de 344 a 444 eventos; el robo a transeúnte, de 48 a 68; el robo a casa-habitación, de 64 a 89; se mantuvo el robo a banco en sólo 4 casos, y la extorsión de 15 a 19 casos. Y esos son sólo los casos denunciados ante la Fiscalía de Veracruz. De las 128 privaciones de la vida, 117 son varones y 11 mujeres. Una tragedia que no tiene fin… De la ficha criminal del Comandante H, se extraen rostros y vidas, las de los nuevos capos y sus matones. Y algunos, hay que decirlo, ya ni habitan este mundo. De esa ficha criminal, la que en Tabasco le elaboraron a Hernán Martínez Zavaleta, hay una banda de secuestradores que ya se extinguió; unos huidos, otros aprehendidos y unos ejecutados. Hay otros que dejaron de ser zetas y se matricularon en el Cártel Jalisco Nueva Generación. Recuérdese al que le quitaron la vida a as puertas del edificio Celaya, y al que les dispararon en cinco ocasiones en Forum y vive, y el temible Liebre, el sicario que fue por la familia del taxista, mató a los niños frente a sus padres y luego los silenció a ellos. Ahí sólo faltó Beba, la noviecita que ha corrido un buen. De otros archivos recuperaron los rostros de Pablo Herrera, alias “Mamito” y “El Pana”, cuyas acciones sacuden al sur de Veracruz. Y de otra banda llegó José Roberto Sánchez Cortés, ex fiscal en Acayucan, príncipe consorte de la ex fiscal regional, Samyra Khoury Colorado, ya fallecida, hoy categorizado como cabeza de la célula chiva en el sur, buscado por su peligrosidad. Entre los lugartenientes del H y Sánchez Cortés está la clave de la violencia y el baño de sangre. Servido Cuitláhuac. Lo que exiges es saber… Foto explícita: las manitas del diputado Gómez Cazarín sobre los brazos de la diputada Mónica Robles, la heredera número uno del Clan de la Succión. Y la pícara risa de ambos. Así los capta la lente y ellos como si nada, saludando al mundillo político, la runfla morenista que revolotea en torno al panal de miel que representa su Mesías, el presidente Andrés Manuel López Obrador, el día que arribó a Minatitlán al evento de la clausura del basurero de Las Matas y ni una palabra le dedicó al tema ambiental. Podrá ser un cero a la izquierda como presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso de Veracruz. Podrá ser una nulidad como líder de Morena en la Legislatura. O incluso un “pelele” del secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros, como lo definió el diputado aún morenista, Magdaleno Rosales Torres. Lo que sí es que Juan Javier Gómez Cazarín es un apapachón. ¿Será que le quiere pedalear la bici al maestro Iván Hillman Chapoy?… ¿Qué hay de cierto en que Rocío Nahle, que no da una en temas energéticos, cabildea en la Suprema Corte, toca puertas, gestiona y sugiere que a un juez federal, Juan José Contreras Madero, le observen sus cualidades para ser elevado a la calidad de magistrado? ¿Será? Es el mismo juez que desecha amparos promovidos por ligas de futbol contra el desalojo de las canchas —y su destrucción a manos del troglodita Víctor Manuel Carranza, el mal llamado alcalde de Coatzacoalcos— con tesis obsoletas. Otro juez Porky. ¿Cómo se le llama a ese manoseo? ¿Tráfico de influencias? ¿Favores inconfesables?…

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