Tlatelolco, Ciudad de México.- En una zona totalmente urbana, en el espacio que alguna vez ocupara la torre Oaxaca en Tlatelolco,  se encuentra un terreno de 1650 metros cuadrados, un bosque comestible, trabajado por muchas manos y dando frutos a todos los niveles.

Se trata del Huerto Tlatelolco, dirigido por Cultiva Ciudad en alianza con la delegación Cuauhtémoc y los vecinos de la unidad, quienes se pueden distinguir de las muchas unidades habitacionales de la ciudad por tener y cultivar su propia milpa.

La asociación civil Cultiva Ciudad (CC) llegó a este espacio hace dos años y medio, con el objetivo de transformar los espacios en huertos productivos, en palabras de Ana Guerra, representante de CC: “transformamos los espacios, tratamos de entrar a la transformación de la sociedad y comunidad, la idea es gestionar la filosofía y manera de hacer las cosas para que la sociedad, gobiernos, empresarios participen y  complementar esta idea de ser verdes y  poner un árbol pero con el valor agregado de que sea productivo y comestible y enseñe a la gente a sembrar sus alimentos a mejorar hábitos alimenticios, que sea como un punto de encuentro comunitario y las personas aprendan”.

La transformación del espacio ha sido paulatina pero fructífera, el proyecto echa raíces entre la comunidad, “Cuando llegamos había tres metros de cascajo, todo desordenado, el pasto altísimo pero había 30 arboles frutales maduros” afirma Guerra, lo cual habla de un involucramiento de los vecinos con aquel espacio previo a la llega de Cultiva Ciudad, los árboles eran de durazno, manzana y  granada, de tal manera que el proyecto del huerto comenzó con aquella herencia comunitaria, con los árboles que la comunidad procuró .

Más allá de la alimentación

Los Huertos Urbanos hacen que la comunidad se apropie del espacio porque ven los ciclos de producción, se involucran, aprenden el cuidado del suelo y participan en la composta, sus aportaciones nutren el suelo para el cultivo.

Los beneficios de un huerto comunitario son múltiples,  el cuidado es terapéutico, divertido, didáctico, implica mucha actividad física, “hacemos talleres de bioconstrucción, de la importancia de reciclar de manera creativa, un huerto es un espacio creativo, nosotros damos las condiciones para que las personas que vienen de la comunidad para que todos encuentren un espacio donde mezclamos convivencia con la naturaleza, es un beneficio para todos”, expresa Karina Schwartzman arquitecta de Cultiva Ciudad.

A nivel arquitectura, se respeto la huella de la torre Oaxaca, para no olvidar la historia del territorio en el que se encuentran, el huerto fue diseñado al estilo radial, para poder transitar de manera más agradable.

Tienen más de 90 plantas comestibles, todo lo que se encuentra en el lugar se puede comer y nutre.

Puertas abiertas

“Tratamos de abrir a todo tipo de usuario la experiencia del huerto y que se replique en toda la ciudad que vean un ejemplo de éxito” manifiesta Ana Guerra.

Los voluntarios son recibidos lunes, miércoles y Viernes, hasta ahora llega un promedio de entre 5 a 7 personas cada día, la gente aporta el tiempo que tenga disponible y en el huerto les asignan una actividad específica.

Otra opción de participar es a través del Ciclo de talleres comunitarios de agricultura urbana gratuitos, los cuales tienen reciben aproximandamente 30 alumnos, también están las visitas institucionales o de escuelas, por ejemplo la secundaria 106 imparte la clase de ciencias naturales en el huerto.

Los sábados abren espacios para dar clases especificas, con chefs, mantenimiento del huerto u otras actividades que inviten a la comunidad a sentirse parte del espacio.

“Es muy importante que la gente sepa que este espacio es de ellos, que en caso de que algún día nos quieran quitar los vecinos defiendan y digan, “este es nuestro jardín”, menciona nuestra anfitriona Ana Guerra.

Una semilla de inspiración

La huella que pretende dejar Cultiva Ciudad con este proyecto es inspiración, y parten muy bien ya que Tlatelolco fue diseñado en el tema urbanístico como ciudad Jardín.  El cuidado a  los espacios propios, el abrir las puertas y trabajar en conjunto ha inspirado a un grupo de vecinos quienes ya están construyendo otro huerto.

La intensión final es que  el huerto sirva como proyecto piloto, que las parcelas sirvan para ellos mismos y que los vecinos puedan manejarlo ellos mismos, sin necesidad de la asociación civil.

Es importante señalar, que los vecinos no invierten nada, aunque el proyecto  aun no es sustentable financieramente pues depende de fondos y donativos.

Karina Scwartzman enfatiza: “tenemos líneas muy claras de trabajo: reconexión con la naturaleza, reaprender los procesos, banco de semillas vivo donde se recuperan especias que estaban perdidas como maíz criollo, aprender a comer más sano, aprender y revalorizar los oficios, que haya aprendizaje en carpintería, bioconstrucción, etc.”