Xavier Gutiérrez

La ciudad de México es una de tantas urbes rodeadas de mitos. Recorrerla por los cuatro costados derrumba el mito y deja ver el rostro humano.

Hay que ver sus rincones y grandes escenarios donde se guarda y exhibe el arte. Hay que ver el rostro de sus mercados, sus bazares, sus restaurantes, sus diseñadores. Los  millones de mexicanos que la pueblan, que la viven con trabajo, orgullo y dignidad.

Un pequeño grupo de periodistas la recorrimos cuatro días. La vimos, la disfrutamos, la sentimos… ¡la saboreamos! Es un poliedro. Un día conocimos el mercado de la colonia Roma, “El Mercado de la Roma”, en Querétaro 225, con sus 50 distintas ofertas gastronómicas, cual más atractiva, apetitosa, seductora.

Pequeños espacios con toque mexicano, español, vietnamita, y de otras latitudes. Accesible a todos los bolsillos. Profesionales amables en el trato y la cocina. Con ganas de regresar ahí muchas veces. Por decir algo: las Pizzas Ummo… ¡de las mejores de México! Y ya vendrá a Puebla una franquicia, me dijeron.

Ahí también los productos lácteos, mermeladas, semillas, de “Villa de Patos”, hoy General Zepeda, un pueblo de Coahuila. Pasamos luego al Bazar Fusión, en Londres 37. Una muestra-venta de ropa, objetos de decoración, bebidas, postres, juguetes, de estupendo diseño mexicano.

Un desayuno en el restorán “Lalo”, en Zacatecas 173. Un concepto novedoso y delicioso: el pan, las ensaladas, los platillos, todo servido con generosidad casi imperial. Y el sazón. Tan sólo el café vale la pena. El chef  es Lalo, dueño de ese y de “Máximo”,  uno de los 40 mejores restaurantes de América Latina;  y ahí conversó con todos, con una sencillez propia de los grandes.

Su filosofía: le pone mística a su  pasión, la cocina y el servicio. La ganancia es algo secundario. Con vestuario de chamba y manos de cocinero nos contó su exitosa e intensa vida… ¡y apenas tiene 37 años!

Pero este trotar por el DF nos lleva a los más disímbolos lugares. En la explanada de la Delegación Benito Juárez, un bazar de muebles con causa: sí, su causa es recoger y restaurar muebles y chácharas dando así terapia ocupacional a 70  personas con problemas de adicción. Y ahí están, orgullosos de su exitosa labor.

En Londres 161 la Plaza del Ángel, un centro de antigüedades con obras artísticas de un extraordinario valor. Salas llenas de muebles, pinturas, relojes, lámparas, retablos, espejos, sillones, marcos, pianos, ropa, vajillas, enseres de cocina e iglesia, gobelinos, muñecas, porcelanas, un mar de cosas para regalos o amueblar casonas. Es la casa regia de este tipo de objetos. Existe  ahí medio centenar de galerías, es el primer mundo de las antigüedades.

El “Bazar de los Sábados” está en el centro de San Ángel. Es uno de los sitios más pintorescos y hermosos de la ciudad de México. El convento carmelita, la iglesia de San Jacinto, sus vendedores de artesanías, pinturas, fotografías, sus restoranes.

Ahí otra muestra del nuevo concepto de un mercado de comidas, el Mercado del Carmen. Una rica y variada oferta de pequeños espacios con exquisiteces para disfrutar. En el centro del lugar un área común para saborear todo. Cocina y sabores de la geografía de México y el mundo.

Ahí en el centro  de esta plaza, en el corazón de San Ángel, el “Café Borola”, donde el dueño, creador y gran promotor de café nos da una sabrosa lección sobre el aromático grano.

Ricardo López Nacif nos da un mini curso sobre cafetomanía y nos invita lo mejor de su “Borola”.  Este sitio tiene imán, y “envenena” deliciosamente por el olfato y el gusto. Allí  cerca está el mercado de San Ángel,  impecablemente limpio y ordenado. Así deberían  ser todos los mercados del país.

Hay hasta música en vivo: un trío canta boleros con el mejor estilo de los años 50, incluido el bigotito estilo código de barras de sus integrantes. Buen sonido, afinados, elegantes, no aturden, deleitan a los compradores y comerciantes.

El portal de este mercado es una obra de arte del artista sanangelino Ariosto Otero. Con mezcla de técnica náhuatl y contemporánea, ha plasmado las figuras de un centenar de notabilísimos capitalinos. Ahí se aprecian en alto relieve todos los grandes personajes trascendentes de la vida de la ciudad de México.

El recorrido comprende “Mexicanitas”, un espacio de ropa y artesanías con diseño mexicano;  asimismo, la exposición temporal denominada “Toca”, del verbo tocar, de un puñado de brillantes diseñadores, jóvenes todos, de la licenciatura de diseño de la UNAM, en el Museo Franz Mayer, el talento juvenil con un potencial que rivaliza con cualquier otra nación.

Y rematamos con ese polo multiculutural de antigüedades que es La Lagunilla, en ese barrio bravo y tradicional de la ciudad de México, un sitio al que hay que ir una vez en la vida, sin duda alguna, para calibrar la idiosincrasia del mexicano. Esto y muchísimo más pudimos apreciar en la capital mexicana.

El Distrito Federal sorprende a propios y extraños. Ahí conviven a diario 15 millones de mexicanos (de ellos 5 vienen a diario de las ciudades colindantes del Estado de México), seis millones mueve el metro; ahí comparten vivencias, placeres, sueños, esperanzas, afanes y orgullos; ahí trabajan laboriosamente compatriotas representativos de todo el país, es la nación en síntesis policroma, sonriente y luchona. Mis respetos para todos ellos.

Gracias a todo el equipo del Fondo Mixto de Promoción Turística de la ciudad de México, por la oportunidad de recorrer la capital a ojo de pájaro, por aprender un poco más de este nuestro maravilloso país.

xgt49@yahoo.com.mx