Cuando los policías llegaron a la plaza Lerdo, Manuel Núñez Pérez Redondo fue uno de los primeros en salir a su encuentro. Caminó a la esquina que conforman la Calle Enríquez y Leandro Valle, en el centro de Xalapa, y se paró frente a un pelotón de 30 policías que avanzaba hacia él.

En su intento por establecer el diálogo, Manuel Núñez, un hombre de 70 años, delgado, alto, que aquel día llevaba puesto un chaleco de estambre en color azul cielo, parecía un tierno cordero en medio de una estampida.

Frente a una muralla de 30 hombres de mirada adusta, el hombre se llevaba las manos al corazón, extendía las manos al frente, y soltaba frases como las siguientes:

-¿Van a golpear ancianos? ¡su labor es atendernos! ¡Por el amor de Dios!  ¿Señor, tiene corazón? ¡Sí!, ¡Somos ancianos, no deben golpearnos!”, repetía Núñez Pérez a uno y a otro policía en la primera línea del pelotón.

Los elementos de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) no atendían a sus palabras. Era como si el uniforme azul marino, sus botas gruesas, la boina oficial en la cabeza, y la macana en la mano, fueran blindaje contra las palabras.

Aquel 23 de diciembre del 2015, Flavino Ríos Alvarado, Secretario de Gobierno, decidió utilizar la fuerza pública para desalojar un grupo de pensionados que bloqueaban la calle Enríquez, frente a la Plaza Lerdo, en protesta por que el gobierno de Javier Duarte de Ochoa, se retrasó en el pago de las pensiones de noviembre, diciembre, y la entrega del aguinaldo.

En el operativo de desalojo, en donde la policía de la SSP utilizó bastones eléctricos y macanas, hubo empujones, jaloneos, y zipizpes, que dejaron un saldo de seis personas lesionadas, entre ellas las maestras Gloria Esperón, y Rosario Piña.

Además, una docena de pensionados, enfermos de diabetes, hipertensión, y con afecciones en el corazón, que sufrieron crisis nerviosas.

En uno de  los videos difundidos sobre la agresión a pensionados, destaca la presencia de Manuel Núñez Pérez Redondo, quien  trata de convencerlos de no ejecutar la orden de desalojo.

E-consulta Veracruz platicó con él, y a un mes de aquellos hechos, decidió publicar su testimonio.

Aquel día, Manuel Núñez llegó a la calle Enríquez alrededor de las 10:00 horas, y se integró a la protesta de pensionados. Recuerda que todo estaba tranquilo, y sostenía una conversación con varias personas, cuando vio que se aproximaba el pelotón de policías.

“Cuando los vi, pensé: Nos van a echar la policía, y salí corriendo. Traté de hablar con ellos. Les dije que estaban para proteger al pueblo, no para atácalo, que habían hecho un juramento de proteger a los ciudadanos, y que nosotros éramos parte de esos ciudadanos, que ellos debían proteger”.

Aunque los policías nunca detuvieron su paso y terminaron por ejecutar la orden de desalojo, Manuel Núñez, quien fue maestro de filosofía en el Colegio Peparatorio de Xalapa, recuerda haber observado que los uniformados estaban incómodos con la encomienda.

“Yo veía que los policías estaban  en contra de su voluntad, pero ellos tienen que obedecer. Los policías estaban callados, pero apenados, bajaban la vista”.

El pensionado recuerda que el único que enfureció con su intento de diálogo, fue el jefe de aquel pelotón, quien desde un cinturón de seguridad, conformado  por tres guardaespaldas -incluida una mujer con metralleta en mano- dijo: “A ver, cárguense este”.

Manuel Núñez dice que el objetivo de acercarse, “era sensibilizarlos, no tanto por la razón, sino en los sentimientos. Yo quería ver si era posible que ellos hicieran lo que hace la policía alemana, que cuando se da cuenta de que quienes protestan tienen razón, dejan sus macanas y se pasan del lado de los manifestantes”.

Los intentos fueron en vano, llegado el momento, vino la agresión. Fueron minutos de confusión en donde los policías, a empeñones, con la ayuda de toques eléctricos, con las macanas por delante, empujaron a los pensionados hasta liberar la calle.

UJusto cuando los pensionados se reagrupaban entre ellos para revisar a los lesionados y cerciorarse de calmar a aquellos en crisis nerviosa, la Secretaría de Gobierno convocó a un grupo de pensionados a una reunión privada.

Manuel Nuñez recuerda que cuando Flavino Ríos Alvarado, Secretario de Gobierno, llegó a la reunión, los primero que hizo fue decir que el gobierno estaba en su derecho de poner orden, y que de ser necesario, seguirían usando la fuerza pública.

“Todos los quedamos atónitos ante lo que oíamos. Ellos iban a seguir usando la fuerza pública”.

Inconformes,  le respondió al secretario de gobierno, que el gobierno actual era un represivo.  En algún momento del encuentro, incluso, le cuestionó si acaso pensaban actuar como en Ayotzinapa. Y la sorpresa creció cuando recibió una respuesta afirmativa, a través de un movimiento de cabeza.

Indignado, Manuel Nuñez abandonó la reunión, con unas palabras para el gobierno de Javier Duarte de Ochoa.

“Ustedes han convertido al pueblo en enemigo, debe haber armonía entre pueblo y gobierno, pero ustedes nos han vuelto sus enemigos”.

Tras las 23 de diciembre, Manuel tiene la siguiente impresión:

“Si antes, de alguna manera, todavía podía pensar que había alguna dignidad en este gobierno, ahora veo que ya no tienen ninguna dignidad.  No tiene cara para salir al frente”.