Xalapa, Ver.- Las autoridades han hecho creer que la violencia contra comunicadores sólo proviene del crimen organizado, para dejar en la impunidad estos casos, aseveró la periodista de La Jornada, Norma Trujillo.

En su intervención durante la mesa de discusión “Pasado, presente y futuro de la prensa veracruzana” en la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU) 2016, exclamó que de acuerdo al informe “Miedo 2015” de Artículo 19 se expone que en el periodo 2009-2015 los principales agresores a los periodistas fueron servidores públicos.

“El estado ha hecho creer que la violencia sólo viene del crimen organizado, que es un lugar común, una generalidad inasible que se está engañando a la opinión pública para dejar en la impunidad los casos de crímenes de periodistas, rechazando investigar la relación de su trabajo”.

Detalló que de las 860 agresiones que fueron cometidas por autoridades en ese lapso de tiempo en el territorio nacional, el 46.9 por ciento o la incidencia más elevada fueron los ataques de los servidores públicos.

Tamaulipas y Michoacán encabezan la lista de estados con el mayor número de periodistas desaparecidos y el segundo lugar en relación al número de indagatorias sobre agresiones iniciadas por la Procuraduría General de República se contemplan 203 agresiones desde la llegada de Javier Duarte al 2015.

“El diagnóstico sobre la situación de los periodistas de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, que sirvió como base para lanzar el Sistema de Alerta Temprana para proteger a periodistas en Veracruz arrojó que se trata de la entidad que ocupa el primer lugar nacional en homicidios de periodistas”.

En cuanto a su opinión sobre la presentación del libro, “Violencia y periodismo”, de la coordinadora del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana (UV), Celia del Palacio Montiel, Norma Trujillo criticó que se evadieron contenidos necesarios para validar la información presentada en el tomo color negro con manchas rojas y de portada la imagen del fotoperiodista asesinado en la colonia Narvarte, Rubén Espinosa Becerril.

“Hubiese sido importante que el libro hablara de Tamaulipas, la raíz del miedo para la prensa mexicana, allí se registraron los primeros asesinatos de periodistas que informaban sobre los hechos de violencia en México, allá por el año 2000”.

Así como también, no compartió las opiniones escritas en diez artículos sobre la violencia con base a información de investigadores fronterizos como Chiapas, Coahuila, Guadalajara, Nuevo León, Sinaloa, Sonora y Veracruz.<br />

“No comparto con los autores del libro el querer aplicar la teoría de la violencia llamándolo de otra manera o lo que ya tiene un nombre, por ejemplo; si a un periodista que solicita información y la dependencia se la niega, no se puede considerar violencia institucional hacia el gremio, porque también a cualquier otro ciudadano le pueden estar negando esta información, y esa negativa más que violencia, es una negación institucional”.

“La violencia que levanta, secuestra y asesina son delitos previos en la ley, y que deberían ser sancionados por las autoridades, por lo tanto, el ponerle apellidos a la violencia es una moda que lejos de apoyar al esclarecimiento de los crímenes, abona a la confusión”.

Avc